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El guerrero del camino

Haile Gebrselassie, el mejor atleta de fondo de la historia, impuso nuevo récord mundial de Maratón, un  cierre dorado para su carrera.

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Luis Guillermo Ordóñez
04 de octubre de 2008 - 12:19 a. m.
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La historia del atleta etíope Haile Gebrselassie es similar a la de muchos deportistas en el mundo. Nació y creció en medio de la pobreza, pero a punta de sacrificio se convirtió en un gran campeón.

Sin embargo, las medallas, la fama y el dinero son para él simplemente las herramientas con las que cuenta para cambiar el rumbo de su país, uno de los tres más pobres del planeta.

“Esa es mi meta, quiero que Etiopía progrese, que la gente entienda que no puede seguir viviendo en la miseria. Quiero ser un ejemplo para mis compatriotas, que se den cuenta de que pueden salir adelante como lo hice yo”, aseguró en el discurso de inauguración de una escuela que construyó en el pequeño caserío de Assela, provincia de Arsi, a 400 kilómetros de la capital, Adís Abeba.

Allí, el nuevo recordista mundial de la maratón (quien el domingo pasado recorrió 42,1 kilómetros en dos horas, tres minutos y 59 segundos) nació el 18 de abril de 1973. “Éramos diez hijos, seis varones y cuatro damas. Ninguno tenía zapatos y en la choza de paja en la que vivíamos no había ni agua ni luz. Corríamos 10 kilómetros para ir a la escuela y 10 para regresar, esa fue mi gran preparación para la vida”, recuerda hoy Haile, convertido en el personaje más querido de su nación y en un exitoso empresario cuya filosofía de vida está cambiando el destino de mucha gente.

Él, al lado de su esposa Alem, tiene una fundación que además de proyectos educativos, lidera programas de creación de microempresas. “No les doy el pescado, sino que les enseño a pescar. En la educación está la clave, porque dándoles dinero uno no les cambia la vida”, explica Gebrselassie, cuyo liderazgo y carisma le han servido para ser considerado como el más firme candidato a la presidencia de su país cuando deje el deporte.

Al respecto, Haile dice que “incursionar en la política dependerá mucho de los resultados que tenga en mis obras. Ahora todos me aman, pero desde el día que llegue al poder me comenzarán a odiar porque la gente no quiere a los dirigentes”. Él acepta que en buena medida tienen razón, porque la corrupción es el principal problema de su nación, en la que, según la Organización de las Naciones Unidas, el 90% de los 73 millones de habitantes vive en la pobreza absoluta.


Claro que pensar en la manera de cambiar eso no le impide recordar sus hazañas deportivas. En poco más de 20 años de carrera, Gebrselassie ha conseguido 26 récords mundiales, dos medallas olímpicas de oro, cuatro títulos mundiales y más de 150 triunfos en pruebas de fondo.

Ese brillante palmarés le ha permitido ganar más de 10 millones de dólares, que sin embargo para él no significan mayor riqueza.

“Vivo bien, trato de darles a mis tres hijas lo mejor, pero no olvido que aquí en Etiopía un vaso de agua potable es casi imposible de conseguir o que hay cerca de dos millones de personas que sufren de sida. Esa realidad impide alardear de lo que uno tiene. Mi mayor tesoro es la salud y la fortaleza de mis piernas”, dice con el orgullo de ser considerado como uno de los más grandes corredores de la historia, sólo comparado con el ‘Finlandés Volador’, Paavo Nurmi, múltiple medallista olímpico en los años 20, y el etíope Abebe Bikila, cuyas hazañas en Roma 1960 y Tokio 1964 inspiraron a Haile.

Y aunque Gebrselassie fue durante una década el rey indiscutido en las pruebas de cinco y diez mil metros, los años no han pasado en vano y ha tenido que ceder su trono a su compatriota Kenenisa Bekele, el nuevo fenómeno del atletismo.

“Él es todavía muy joven, pero está madurando y es muy profesional. Seguramente en un futuro podrá superar mi récord de la maratón. Él puede bajar de las dos horas”, señala con humildad Haile, quien como atleta se ganó el cariño de los aficionados, pero como persona ha conseguido el respeto y la admiración de todo el planeta, pues son pocos los ídolos deportivos que en su vida privada son generosos y dedican su tiempo y sus recursos a causas humanitarias con las que verdaderamente quedarán en la historia.

El atletismo es la mejor opción

El deseo de salir de la pobreza es la principal motivación para los atletas etíopes, dominadores de las pruebas de largo aliento en el mundo.

A pesar de no tener los recursos económicos y logísticos para prepararse adecuadamente, sus ganas y la falta de oportunidades laborales en su país hacen que se jueguen la vida en cada competencia.

Un atleta que participa con relativo éxito en carreras internacionales gana al año el equivalente a 70 millones de pesos, mientras que un empleado apenas recibe 1,5.

Por Luis Guillermo Ordóñez

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