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Hace unos días, Atlas Voley se coronó campeón de la Superliga femenina de Voleibol 2026 en el Campus San Alberto Magno de la Universidad Santo Tomas de Bogotá. Fue la quinta edición de un campeonato, que, desde 2022, trata de atraer la mirada de los apasionados por este deporte, pero también de empresas interesadas en hacer parte del evento.
Así lo ven Juan Sebastián Díaz y Andrés Galeano Gómez, cofundadores de lo que ellos llaman una plataforma de visibilidad para jugadores, entrenadores, clubes y marcas. “Todo nació de la frustración de tener campeonatos en Colombia de apenas cinco o seis días. Por eso, uno de nuestros objetivos es caminar hacia una liga profesional. Hemos creado un ecosistema que le ha servido a todos para profesionalizar el deporte en Colombia, pero también para darle visibilidad a todos los agentes que hacen parte de él”, señala Andrés Galeano, quien se encarga de las comunicaciones y las relaciones públicas de la Superliga de Voleibol.
Galeano conoció a Juan Díaz en la Liga de Bogotá. Desde 2004 compartieron vestuarios, entrenamientos, campeonatos por Cundinamarca y el país en busca de un torneo cada vez mejor. Sin embargo, cuando el cuerpo les pidió parar, comenzaron a gestar la idea de una plataforma para profesionalizar el voleibol en Colombia. Desde que jugaban ya tenían en mente hacer formalizar este deporte en el país. “Uno de los detonantes para crear la Superliga fue la tristeza que nos producía el no tener una competencia nacional y profesional. Por eso, la idea es seguir en el camino de convertirla en la liga profesional de voleibol del país”, manifiesta Díaz, quien tiene a su cargo la logística y la coordinación de operaciones del evento.
Este esfuerzo también es reconocido por los protagonistas del juego. María Alejandra Marín Verhelst, capitana y armadora de la selección de Colombia que está disputando del 8 al 13 de septiembre el certamen preolímpico que se juega del en Río de Janeiro, habló con El Espectador sobre el tema. Ella se ilusiona con que, más pronto que tarde, el voleibol tenga una liga profesional en Colombia. Eso sí, advierte que una iniciativa de semejante tamaño e importancia necesita una estructura y un financiamiento adecuado. No basta con tener el dinero para garantizar una edición masculina y femenina anual, como la actual Superliga, sino también el reconocimiento de las autoridades y, más importante aún, del mundo del vóley en el país.
“Lo primero, es que la federación se tiene que organizar. Después de eso sí se puede pensar en una liga profesional. Me parece muy chévere lo que hacen desde Bogotá con la Superliga, porque impulsa el voleibol en Colombia a partir de una estructura hecha por ellos. Ahora lo que se necesita es un aval de parte de la federación para que esto tome relevancia a nivel nacional. Ojalá que más adelante todo esto tome forma”, reflexiona Marín.
Esta cartagenera de 30 años lleva 11 temporadas jugando fuera de Colombia (Argentina, Francia, Suiza, Brasil y Perú). Actualmente actúa en Alianza Lima, vigente campeón nacional. Tantos años en el exterior le permite tener una mirada más amplia de lo que debería ser y tener una liga profesional. Una particularidad en Sudamérica, pues tan solo Brasil, Argentina y Perú tienen un evento de esta clase. “Aquí todos los clubes tienen muchos patrocinadores y los canales se pelean por los derechos de transmisión de los partidos. Por ejemplo, en Francia ganaba mucho menos de lo que ganó ahora en Perú. Eso les da mucha seguridad a los jugadores de hacer parte de una liga”, explica María Alejandra Marín.
No obstante, parece que las intenciones de los creadores de la Superliga en Colombia van por otro lado. “Una vez tocamos la puerta de la Liga de Bogotá y de la Federación Colombiana de Voleibol, pero lo cierto es que esta ha sido una iniciativa completamente privada. En algún momento tendremos que articular con el sector público, pero queremos seguir haciendo las cosas de una manera diferente porque el tiempo ha demostrado que con las instituciones hay algunos aspectos no que han cambiado”, dice Juan Sebastián Díaz.
Para Andrés Galeano la consolidación de la Superliga también pasa por lo que ellos puedan conseguir, lograr y mantener con el paso de los años. Incluso miden su proyecto en nivel de ingresos para poder considerarlo profesional. “Para poder considerarnos profesionales tenemos que estar hablando de COP 2.000 millones por temporada en ingresos”, afirma Galeano Gómez. Venta de taquillas, comidas, artículos deportivos y souvenirs. Todo lo que pueda sumar a la cuenta final es importante. Sin contar patrocinadores y derechos de televisión, que es el rubro más importante, no solo para el voleibol, sino para cualquier propuesta deportiva que quiera ser rentable y escalable con el paso del tiempo. “Nosotros no estamos inventando nada. Estamos replicando modelos económicos aplicados al deporte que ya han sido exitosos en otras disciplinas”, asegura Díaz.
Para entender mejor el panorama regional del voleibol y saber con exactitud en que punto esta Colombia, Perú junto a Brasil, que es la gran potencia continental, son los únicos países sudamericanos ganadores de una medalla olímpica en voleibol femenino. Lo que puede parecer un resultado meramente deportivo, en realidad está fuertemente ligado a la presencia, o no, de una liga profesional. Una estructura en la que se soporte la formación de nuevos talentos, el crecimiento de los clubes y la competitividad internacional.
“Cuando la liga es profesional, se nota mucho. Acá en Perú el primer deporte de las mujeres es el vóley, eso lo hace una disciplina muy apoyada y seria, no solo entre los clubes y las jugadoras, sino también entre el público”, manifiesta Marín.
De las 14 jugadoras que viajaron a Río de Janeiro para conseguir el cupo a Los Ángeles 2028, y una de las tres plazas al mundial de la categoría, solo una juega en Colombia: la otra armadora Melanie Gallego, quien lo hace en el equipo de la Universidad Industrial de Santander (UIS). Esta escuadra no participa de la Superliga de Voleibol. Hace parte de los campeonatos ligados a la Asociación Colombiana de Universidades (ASCÚN), un circuito de alto nivel, pero que no es profesional y del cual no pueden vivir los jugadores y mucho menos seguir después de graduarse.
Toda esta situación deja al vóley colombiano en un contexto en el que parece que todos van en busca del mismo objetivo, pero no por el mismo camino. Mientras la Superliga busca fortalecer un ecosistema privado, la Federación Colombiana de Voleibol no parece estar muy interesada en crear una contrapropuesta o avalar la que hoy ocupa la escena nacional. Al ser preguntada por este diario sobre el tema no hubo respuesta.
Eso sí, uno de sus cofundadores sabe muy bien que lo que hacen, va más allá de lo económico, esta aportando su granito al crecimiento del deporte colombiano, que lo único que necesita es una estructura para ganar. “La gran diferencia entre Colombia y los demás no es el físico o el talento, es el nivel competitivo. Mientras los convocados a la selección de otros países en la región juegan 50 partidos de primer nivel, nosotros apenas jugamos tres. Ahí es donde la Superliga tiene un valor especial y se convierte en un activo importante para el país”, concluye Juan Sebastián Díaz, cofundador.

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