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Se han cumplido ya más de tres meses desde el día en el que Steven Guerrero, el actual subcampeón de la Fórmula 3 Británica en la clase Nacional, inició la carrera más dura de su vida. En la noche del 13 de noviembre en el Guamo, Tolima, quedó en coma tras sufrir un accidente de tránsito mientras conducía una motocicleta.
Su evolución desde entonces ha sido en principio milagrosa, luego positiva y recientemente un poco más lenta. Su familia, amigos y tantos que han sentido cercana su tragedia, continúan orando por verlo recuperado completamente. Novenas, misas, cadenas de oración han sido parte de ese apoyo que se mantiene en pie como las esperanzas de todos quienes le rodean.
Para sus seres queridos ha sido un episodio que los ha puesto a prueba. Su madre, Josefina, ha creído y visualizado la recuperación de Steven desde el primer momento en que lo vio en la clínica, horas después del accidente. Eso a pesar de que los primeros partes médicos no eran nada optimistas, ya que de hecho a su padre, Jesús, le dieron a entender en un principio que a su hijo le quedaban horas de vida solamente.
“Cuando llegué a Ibagué y lo vi en una sala de urgencias, lo primero que se me vino a la mente fue decirle ‘mi amor, esta es la carrera más importante de tu vida y la vamos a ganar’. Yo sé que él está vivo porque Dios ha sido infinitamente bueno. Él ha pasado momentos muy difíciles y sé que se va a recuperar”, dice con optimismo la progenitora.
Steven era la figura de la válida final del campeonato nacional de karts que se iba a disputar ese fin de semana en El Guamo, en un trazado inédito que recorría las calles de la población. Él quiso apoyar la iniciativa de una carrera de nivel aficionado, pero en la que se sentía el ídolo de otros niños que estarían también en la pista.
Como nunca ha olvidado sus raíces, quiso estar allí. Por supuesto también quería correr porque su pasión es pilotar, sea un kart, un Fórmula 3 o el carro que sea. Lo ha sido desde hace más de ocho años, cuando su mamá los inscribió a él y a su hermana Katherine en una escuela de karts durante unas vacaciones.
Su madre, el motor que nunca falla
“A partir de ese curso, a Steven le nació una gran afición por el automovilismo”, recuerda Josefina sobre ese primer contacto, con lo que se convertiría en el tema en torno al cual giraría toda la familia Guerrero. “Luego corrió en pistas indoor de karts y después en la Easykart. Cuando yo vi que él estaba tomando las carreras tan en serio, me di cuenta de que eso era todo para él”.
Cuatro años después de haber iniciado como aficionado en karts de alquiler, se convirtió en campeón de la Easykart en la categoría tope y ganó además en el circuito de la Carrera de Estrellas en Cartagena. Allí, Juan Pablo Montoya y otros pilotos de altísimo nivel, como Pedro de la Rosa o Vitantonio Liuzzi, lo vieron dar cuenta de sus rivales en máquinas idénticas a las que ellos condujeron.
Así pudo dar el salto al automovilismo en 2006, embarcándose hacia los Estados Unidos para correr en la Fórmula BMW. Su primer obstáculo fue el idioma, pues no dominaba el inglés, pero un año después manejaba toda la terminología necesaria para entenderse con sus ingenieros, en una segunda temporada en la que empezó a visitar los podios.
Durante esos dos años, Steven estuvo acompañado de su madre y su hermana, pero ya al siguiente empezó a tomar el timón de su carrera deportiva. De estar a unas pocas horas de vuelo de Bogotá, donde aún pasaba la mayoría de su tiempo, pasó a vivir solo en Inglaterra, pues sabía que si quería llegar a la Fórmula Uno debía formarse en las mejores categorías europeas.
En Facebook se hizo amigo de Sergio “El Checo” Pérez, piloto mexicano que había ganado el año anterior en la Fórmula 3 Británica en la clase nacional. A través de él, se puso en contacto con el equipo T-Sport y quien fuera su futuro jefe, Russell Eacott. En cuestión de días ya tenía programado un entrenamiento y a las pocas semanas firmaba contrato para convertirse en el sucesor de Pérez.
“Nos divertimos mucho trabajando juntos, aunque nos dejó algo preocupados cuando visitó el equipo por primera vez y chocó el auto de Russell. Por fortuna en la pista su manejo era mucho más preciso”, recuerda Nick Silvester, su ingeniero de carrera durante la temporada 2008, con quien celebró las victorias en Thruxton y luego en Brands Hatch, esta última en el cumpleaños de su hermana Katherine. Esos resultados le dieron al final del año el subtítulo y le garantizaban la continuidad en su escuadra, aunque ya en clase internacional en 2009.
“Para ser un jovencito que no conocía las pistas británicas ni el auto y que además inició a probar poco antes de la primera carrera, lo hizo muy bien”, dice Eacott, propietario del equipo. “Maduró mucho durante el año y logró entender mucho más lo que tiene que hacer para ganar en un ambiente tan competitivo”, agregó.
A sus 19 años, Steven ya debería estar probando su auto de la Fórmula 3 desde el próximo martes en el circuito de Snetterton, en preparación para la temporada que arranca el 12 de abril en el circuito de Oulton Park. Sin embargo, el destino lo tiene ahora enfrentando una prueba mucho más dura.
“Ahora estamos en la fase final del tratamiento hospitalario, en donde ya hemos superado la mayoría de las grandes complicaciones derivadas de su trauma severo”, dice el doctor Remberto Burgos, quien destaca además que “ya está restituida su dinámica craneocerebral y estamos listos para iniciar la segunda fase del tratamiento, que es un programa de rehabilitación integral”.
Su hermana Katherine no apuesta, sino que cree firmemente que la de Brands Hatch en julio del año pasado no será la última victoria de Steven. “Desde el día del accidente estoy segura de que mi hermanito va a salir adelante”, afirma la que es prácticamente su mánager y comparte con él una gran pasión por las carreras.
Dicen que la fe mueve montañas y en el caso de Steven ya ha movido unas cuantas. En esta dura carrera que disputa, las curvas son ciegas porque se sabe dónde empiezan pero no dónde terminan, su equipo son su familia, sus amigos y quienes oran por él; y su auto, la pasión y la determinación que lo han llevado a los más alto del podio muchas veces. Sigue acelerando. Y como siempre, dará guerra hasta que se agite la bandera a cuadros.