Ismael y Juan Rescalvo, las dos voces del Independiente Medellín

Estos hermanos llegaron a Colombia en 2016 y hoy son los encargados de tomar las decisiones en el equipo poderoso. Esta es la historia de los primeros gemelos que dirigen en el fútbol colombiano.

Juan (izq.) e Ismael Rescalvo, los hermanos al mando del club antioqueño.Independiente Medellín.

El timbre de su voz es similar. De pronto, si se analiza de manera cuidadosa, escuchando más allá del simple sonido, el de Juan es más agudo, más dulce que el de Ismael. Ambos pronuncian con fuerza, golpeando la punta de la lengua contra los dientes incisivos, las palabras que tienen una Z, una C o una S.

Los gemelos Rescalvo hablan tan rápido que obligan a una precisión aguda y certera de quien los oye. “¿Me puede repetir, por favor?”, una frase incesante del diálogo, pero necesaria para comprender cada detalle, cada anécdota, cada momento. Ismael es mayor que Juan cinco minutos, pero de niño fue más calmado, más sosegado. Ya no se parecen tanto como antes, como en Valencia, España, donde se intercambiaban en las clases en el colegio público Virgen del Rosario sin que los profesores se dieran cuenta. “Si a uno de los dos se le daba una materia más que al otro, pues ese presentaba los exámenes”, dice Ismael. (Le puede interesar: Independiente Medellín perdió su invicto en Rionegro)

Nunca los descubrieron, o por lo menos los profesores, pues las risas de complicidad de sus compañeros eran inminentes luego de que una observación aclaraba que Juan no era Juan sino Ismael, o que Ismael tenía un brillo diferente en los ojos porque no era, realmente, Ismael sino Juan. Ambos jugaron fútbol, ambos fueron muy técnicos. Ismael, un defensor central que salía con la cabeza levantada; Juan, un volante de contención entregado, vehemente, impulsivo cuando había que serlo. Ambos se ayudaron a ser lo que son.

En la cancha cuando compartieron en las divisiones menores del Levante, y fuera de esta cuando una lesión en los meniscos de la rodilla de uno (Ismael) generó, sin proponérselo, el retiro del otro un año después. Los dos practicaron karate, también baloncesto, incluso tenis. Estudiaron Administración y Finanzas y en una especie de vida paralela, como queriendo hacer lo mismo que el otro sin decirlo, se licenciaron como entrenadores ante la Real Federación Española de Fútbol.

El primer equipo que tuvieron a cargo fue el Torre Levante, bueno, las categorías menores del club que hoy está en la tercera división de España. Empezaron creando hábitos en los niños, inculcando la importancia de la repetición, desarrollando la memoria corporal, la inteligencia emocional. Y ese proceso, esa manera de entender el fútbol, les permitió ascender hasta ser los jefes del plantel profesional. Eso sí, con anterioridad, para dosificar energías, se reunieron y tomaron una decisión: Ismael sería siempre el DT en propiedad y Juan el asistente. ¿Por qué? Por honestidad, practicidad y mejoramiento del trabajo.

“A mi hermano siempre le han gustado los números, los programas que analizan comportamientos en la cancha del rival; en otras palabras, la tecnología aplicada a la táctica. Entonces él decidió que quería dedicarse a eso y de verdad que ha sido de gran ayuda en los clubes que hemos estado”, rememora Ismael, el hoy DT del Independiente Medellín, el que atiende en las ruedas de prensa, el que habla haciendo de la voz de los dos algo unísono, porque a veces sus palabras son fundadas con base en el análisis del otro.

Juntos conocieron a Unai Emery, hoy estratega del París Saint-Germain, cuando estaba al mando del Valencia. Entendieron su manera de prepararse para descubrir defectos en el terreno de juego y acoplaron, a su modo, a su forma única, varios conceptos, sobre todo el temor y el rechazo a la improvisación. “Todo debe estar calculado, organizado, de una manera u otra. No puedes ir a la deriva”. (Leonardo Castro, de recolector de basura a goleador del DIM)

Ya no pelean como antes, solo discuten, en un tono amigable. Ya Ismael no se pone bravo porque Juan le quita algo. Los Rescalvo se han encargado de hacer que esa conexión mágica entre los gemelos, que para muchos es real y tangible, sea aún más verídica, llevando historias paralelas, casi iguales. “Puede que ya no nos parezcamos tanto que si uno se golpea el otro llore, pero seguimos siendo idénticos en la manera de ver este deporte, en lo que queremos de un equipo, en la comprensión de las debilidades para potenciarlas y minimizarlas”, apunta Ismael, en un tono modesto aunque las palabras no lo parezcan.

Su etapa en Envigado les dio la facultad de entender el torneo colombiano, de desnudarlo, de mirar muchas cosas y de tomar unas pocas. De impresionarse con jugadores, como por ejemplo Yimmi Chará. “Te rompe todo lo que tienes planeado en un instante. Después de todo, es uno de los mejores de la liga. Y es complicado diseñar una estrategia para contenerlo, pues esos tipos con astucia y magia quebrantan cualquier esquema”.

Las ganas de juntarse, la necesidad de estrecharse, de intercambiar sonrisas, de tomar lo del otro como propio, han hecho que los hermanos Rescalvo sean los responsables de que Independiente Medellín, uno de los líderes del torneo colombiano, tenga vocación ofensiva, con potencia y claridad para definir, que ejecute un juego que entra por los ojos, que encanta y que tiene como fin la red. “Me gusta a lo que jugamos, me gusta lo que hace Andrés Ricaurte, el talento de Leo Castro y la chispa de Didier Moreno. Hay con qué, no solo en nómina, sino en infraestructura”.

La última vez que uno de los dos estuvo en España fue en diciembre, para Navidad, cuando Ismael visitó a la familia, para compartir en las fiestas, para comer pavo, mariscos y, por supuesto, paella. El retorno a las raíces para volver más fuerte, más potente, casi que blindado. “Es una válvula de oxígeno imprescindible y ahora que fui llegué recargado, con el impulso suficiente para hacer lo que más me gusta, lo que más nos gusta: dirigir”, dice Ismael, el entrenador que creyó desde muy pequeño que este deporte era una opción de vida, que no solo hay que llegar, también hay que mantenerse.

Los Rescalvo Sánchez le apuestan a quedarse en el conjunto poderoso porque hechas las sumas y las restas, al fin y al cabo, lo que busca la dirigencia paisa es que el modo lleve a algo y los 12 puntos en la tabla de posiciones (cuatro partidos ganados y apenas una derrota) dan el respaldo a la labor bien hecha de unos gemelos de 36 años que optaron por seguir juntos siempre y cuando la vida, es decir, el fútbol mismo, se los permita.

Un día en Medellín

Para tener la cabeza más sólida, menos trastocada y así poder organizar las ideas, Ismael se levanta todos los días a las cinco de la mañana. Desayuna una tostada de pan francés con jamón serrano y dos o tres tajadas de tomate. Toma café con leche, no muy oscuro, tampoco tan claro.

A eso de las siete sale para el entrenamiento y con ímpetu, desde que llega hasta que se va, habla con los jugadores los hace dialogar, busca en todo momento la retroalimentación, no del jugador, sí de la persona. Termina a eso del mediodía, almuerza con su hermano y en la tarde se va para las oficinas del club a mirar videos, a preparar los informes de los rivales, a diseñar las sesiones siguientes, a reunirse con el resto del cuerpo técnico, inclusive a charlar con más jugadores, porque todo es una constante retroalimentación, pura educación moderna.

Después, si hay tiempo, aparece un libro, una película, un nuevo restaurante. “Me gusta probar todo tipo de comida, tener siempre qué leer en mi mesa de noche, siempre y cuando sea algo de deportes, e ir a cine”, concluye el mayor de los Rescalvo, el español que toma las decisiones en el equipo del pueblo, por supuesto, junto a su hermano.

@CamiloGAmaya