Júnior sufrió en la altura y perdió con Bolívar en La Paz

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El equipo barranquillero cayó 2-1 y ahora deberá darle vuelta a la llave para soñar con la fase de grupos de la Copa Libertadores.

No es fácil jugar a 3.640 metros de altura. Mucho menos cuando se vive, se entrena y se compite al nivel del mar. Y eso se le notó a Júnior este jueves contra Bolívar en La Paz, en la ida de la tercera fase de la Copa Libertadores.

El club barranquillero, que intentó ser corto en sus líneas para no correr más de la cuenta y para ser ahorrativo en oxígeno, se fue diluyendo como la mayoría que va al estadio Hernando SIles. De a poco fue más común ver a los hombres del club colombiano caminando, entregando el balón como quien no quiere el problema y procurando no equivocarse.

Claro, el mayor error llegó en el minuto cuatro cuando Germán Mera se confió, le pasó mal la pelota a Sebastián Viera y un rival sacó provecho. Leonardo Ramos, avivato, dejó al portero uruguayo regado y puso el 1-0.

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Mera, que no se quedó en la equivocación, y que antes mostró una actitud de confianza frente a la adversidad -no muchos lo hacen-, empató el partido en un tiro de esquina cuando atropelló el balón y con el muslo la mandó adentro, claro, gracias a la floja respuesta de Javier Rojas.

Hasta ahí todo normal, buena actuación para un equipo que en sus dos salidas previas a más de 3.500 metros no había podido ni siquiera empatar y que estaba sacando un resultado positivo de cara al duelo de vuelta.

Pero Bolívar empezó a presionar, a correr más, a mover el juego para obligar el desgaste del rival. Y Júnior fue mermando la intensidad, se salvó de un par de ocasiones y se fue con la igualdad al descanso.

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Ya en la segunda parte, apenas en el inicio, los bolivianos pasaron de nuevo adelante gracias al tanto de Diego Bejarano, al descuido de una zaga que miró y no se movió. Desde ese entonces, todo fue así: Bolívar buscando el tercero, Júnior resguardado.

El equipo barranquillero renunció a las transiciones sabiendo que no podía competir a la par con quienes nacieron en la altura. Y mientras tanto el tiempo se fue esfumando, Viera tuvo más trabajo y gracias a él es que se puede decir que la llave solo tiene un tanto de diferencia, no dos ni tres, mucho menos cuatro.

Desde el banco, Amaranto Perea pidió calma e hizo un llamado a la prudencia para que el resultado no fuera peor.

Ahora habrá que pensar en el partido en Barranquilla, en sacar ventaja en el calor y la humedad del Metropolitano, clasificar y dejar esta visita a la altura como una anécdota y nada más.

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