Ser técnico en Colombia, una profesión de alto riesgo

Este domingo termina la fase clasificatoria de la Liga Águila, en la que 12 entrenadores han dejado su cargo. Ese número podría aumentar en los próximos días con un par que están en la cuerda floja.

Miguel Ángel Russo renunció hace pocos días a la dirección técnica de Millonarios.El Espectador

Ser director técnico en Colombia es una profesión de alto riesgo. Y no porque esa actividad represente algún peligro para su integridad, sino porque la inestabilidad y las presiones no les permiten trabajar tranquilos. En 18 fechas de la Liga Águila de este semestre, 12 entrenadores han dejado su cargo por malos resultados, es decir, el 50% de los orientadores que empezaron la temporada no la cerraron, uno de los porcentajes más altos de los últimos años. Pasto y Jaguares se dieron el lujo, incluso, de despedir a dos técnicos en el mismo torneo.

Y eso que tras la última jornada se confirmó la salida de Gerardo Pelusso del Deportivo Cali, pues el cuadro vallecaucano a pesar de la victoria ante Pasto no pudo clasificar.

Guillermo Sanguinetti, timonel de Independiente Santa Fe, buscará salvar la temporada en sus próximos dos encuentros. Hoy se juega la continuidad en la Liga, ante Millonarios, que se despedirá de Miguel Ángel Russo, y le hará fuerza al Bucaramanga para que no pierda ante Rionegro. El cuadro albirrojo ya no depende de sí mismo. Y en la Copa Sudamericana tiene pendiente el partido de vuelta de las semifinales ante Júnior en Barranquilla, pero está con un pie afuera, ya que el pasado jueves cayó 0-2 en Bogotá. El técnico uruguayo no ha enamorado a la hinchada y parece tener los días contados, hasta las horas.

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Por ese mismo camino transita Jhon Jairo Flecha Gómez, quien no pudo evitar el descenso del Boyacá Chicó tras apenas un año en la máximo categoría del fútbol colombiano. Su continuidad también está en veremos.

¿Qué es lo que ocurre? El mercado de técnicos en el país es volátil, impredecible. Los equipos no visualizan proyectos a mediano y largo plazo, sino resultados inmediatos. Por eso esas apuestas a veces salen y otras no. La máxima expresión de esta premisa es José Flabio Torres, quien fue el primer técnico despedido de la presente Liga Águila. El tolimense dejó su cargo en el Deportivo Pasto en la tercera fecha, tras un saldo de dos derrotas y un empate. Exactamente 25 días después, Atlético Bucaramanga lo contrató para levantar el proyecto. Hoy, el cuadro santandereano es uno de los mejores del torneo, tanto en la tabla de posiciones como en el nivel de juego. De hecho, tras una racha de siete victorias al hilo aseguró su cupo y ya está enfocado en los cuartos de final.

Torres, sin embargo, oficialmente no es el técnico en propiedad, pues el reglamento le impide a un entrenador dirigir dos escuadras en el mismo torneo. Por eso actúa bajo la figura de “asesor deportivo” y trabaja de la mano con Óscar Serrano y Robert Villamizar en la dirección del equipo. “La comisión disciplinaria me llamó porque los medios dicen que yo soy el técnico, pero no es así. Los equipos han protestado, a pesar de que no estoy dirigiendo en la raya. Yo asesoro a los entrenadores y coordino el trabajo táctico con Óscar y Robert”, aclara.

Dos jornadas después de la salida de Torres del Deportivo Pasto se marcó el primer punto de inflexión. La quinta fecha de la Liga hizo rodar cuatro cabezas más, las de Carlos Mario Hoyos (Bucaramanga), Rubén Darío Bedoya (Envigado), Pedro Felicio Santos (América de Cali) y Juan Carlos Álvarez (Leones).

La tendencia se mantuvo y, consumada la undécima jornada, nueve técnicos ya se habían quedado sin trabajo. El número, a falta de una fecha para que culmine el todos contra todos, va en 12. Y seguramente crecerá en las próximas horas, cuando los clubes eliminados hagan sus evaluaciones y balances.

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Para quienes nuevamente hubo pleno respaldo en el arranque del campeonato fue para los entrenadores extranjeros, uruguayos y argentinos especialmente, quienes fueron la apuesta de la mayoría de los clubes más importantes del país.
Sin embargo, para casi todos el resultado fue el mismo: se despidieron con las manos vacías. Por eso el mensaje de los dos semestres de 2018 para los dirigentes es claro: no hay que buscar en otras latitudes lo que se encuentra aquí. En Colombia hay entrenadores preparados, y así lo demuestran los resultados.

Los uruguayos Gerardo Pelusso (Deportivo Cali) y Guillermo Sanguinetti (Santa Fe), y los argentinos Miguel Ángel Russo (Millonarios), Jorge Almirón (Atlético Nacional), Hernán Lisi (Pasto), Néstor Craviotto (Huila) y Flavio Robatto (Jaguares) estuvieron muy por debajo de las expectativas. Sin contar el papelón del portugués Pedro Felicio Santos, quien tuvo un penoso debut como técnico profesional con el América de Cali. El 50 % de los entrenadores que se han quedado sin trabajo, hasta ahora, son extranjeros.

De hecho, en los equipos que hoy amanecen entre los ocho mejores del torneo solo hay dos orientadores foráneos: el uruguayo Julio Comesaña (Júnior) y el ecuatoriano Octavio Zambrado (Medellín). Los demás son made in Colombia, encabezados por el último campeón, Alberto Gamero, con Deportes Tolima, quien destaca que “precisamente uno de nuestro éxitos ha sido la continuidad, el respaldo de la dirigencia, la posibilidad de mantener un plantel base y hacer un par de ajustes cada semestre. Para cualquier grupo de trabajo esa estabilidad es fundamental”.

Esa danza de entrenadores, tanto en equipos grandes como chicos, es la que les ha impedido a los clubes proyectar metas a largo plazo. Pero todo indica que la necesidad de resultados inmediatos se mantendrá, así como la tendencia de cambiar de rumbo a mitad de camino. Ahora, tal vez, con más estrategas colombianos que extranjeros en la baraja.

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Thomas Blanco Lineros

Fútbol colombiano

Ser técnico en Colombia, una profesión de alto riesgo

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