La vida académica de Lionel Messi

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En el cumpleaños 33 del astro argentino recordamos cómo fue su paso por el colegio Las Heras de su natal Rosario, y por la salas de informática de La Masía.

A Lionel Andrés Messi Cuccittini poco le ha interesado hablar. Su exorbitante talento es demostrar. Es experto en hechos, no en palabras. Por eso, cuando cursaba primero de primaria en el colegio Las Heras de su natal Rosario utilizaba a una amiga para expresar lo que tenía que decir ante la clase. Su timidez lo obligaba a eso. La pequeña cómplice tenía seis años y se sentaba en el puesto de atrás de Messi, quien siempre ocupaba la fila de más adelante.

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“No le gustaba nada la escuela, lo hacía por obligación. Era muy tímido y tuve un grave problema para comunicarme con él”, manifestó Mónica Dómina, maestra que le enseñó a leer y escribir al niño que únicamente quería jugar a la pelota, en el libro Messi, de Leonardo Faccio. “Ella hasta le compraba la merienda. Actuaba como la mamá del nene, y él se dejaba que ella le dirigiera todo”, agregó en referencia a la amiga de Lionel.

Y el astro del fútbol no cambió. Creció y, aunque ya habla más en el vestuario y es el líder en todos los aspectos del FC Barcelona, su timidez se observa en los múltiples premios que recibe constantemente. “Yo le recomendé a la mamá que lo llevará a un psicólogo. Tenía que salir de su timidez y reforzar su autoestima. La tenía muy baja”, profundizó Dómina.

Quizás la autoestima de Leo se presentaba baja porque andaba entre salones y no entre césped y rivales a quienes dejar en ridículo inocentemente. La profesora de Messi después no se acordó si fue al psicólogo, pero sí de la repuesta de Celia Cuccittini, madre del crack, a su sugerencia. “Su mamá siempre traía los trofeos que él ganaba jugando al fútbol. Pero él se moría de vergüenza. Él era distinto. Todos querían jugar con él, era un líder que ejercía en silencio”, concluyó en referencia al hombre que luego donó pupitres, computadores y útiles escolares al colegio en el que solo anhelaba el recreo para consentir, con su zurda increíble, su sagrado objeto redondo.

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El otro capítulo académico en la vida de uno de los mejores jugadores de todos los tiempos se dio en La Masía, la reconocida cantera de cracks del Barcelona. En 2001, cerca de cumplir 14 años, Messi apareció por primera vez en un salón de un primer piso ubicado allí. Y lo recibió Rubén Bonastre, quien fue su maestro de informática.

El profesor en mención admitió que no era desjuiciado, sí distraído. “Pero cuando le pedía que trabajara se ponía el pelo detrás de las orejas y hacía ver que trabajaba, aunque no supiera lo que estaba haciendo”. Porque para estar en La Masía había que cumplir con las clases y el argentino lo hacía simplemente porque era un requisito para poder jugar fútbol. “Tenía muy claro que su objetivo era jugar al fútbol. Él iba al cole, y, aunque luego no rendía, cumplía siempre con estar allí. Es parte del precio que tenía que pagar”, finalizó Bonastre.

El alumno más aventajado en los campos de juego que ha tenido La Masía en toda su historia la abandonó mucho antes que los demás. Con apenas 16 años debutó con el primer equipo, luego se convirtió en el máximo ídolo del club catalán, en una leyenda que hoy cumple 33 años y que en cada partido sigue demostrando porque siempre prefirió la pelota.

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