
Hay despedidas que pertenecen a un futbolista y otras que, de alguna manera, también nos pertenecen. Los retiros de Lionel Messi, Neymar y James Rodríguez de sus selecciones cierra una etapa del fútbol sudamericano, pero también obliga a una generación a aceptar algo que durante años pareció imposible y es que los ídolos con los que crecimos también envejecen.
Messi, Neymar y James fueron tres formas distintas de entender el fútbol, pero compartieron algo y es que llegaron a convertirse en los rostros de una época. Durante años estuvieron ahí, en los Mundiales, las Copas América, las eliminatorias, las tardes de televisión y las conversaciones interminables. Ahora los tres han dicho que ya no volverán.
El primer Mundial que recuerdo con lucidez fue el de Alemania 2006, la edición en la que Messi era apenas una promesa de 19 años que entraba desde el banco y apenas comenzaba a insinuar lo que podía ser. Era difícil imaginar que aquel muchacho introvertido terminaría convertido en el futbolista que cambió la historia del deporte.
Nadie, quizá ni siquiera el argentino más optimista, podía proyectar todo lo que vendría. Leo ganó ocho Balones de Oro, dos Copas América y un Mundial, y construyó una obra enorme en el Barcelona. Con Argentina terminó jugando 207 partidos, marcando 125 goles y dando 68 asistencias. Es el máximo goleador, asistidor y jugador con más apariciones.
Su despedida llegó el pasado 31 de agosto, cuando publicó una carta manuscrita y explicó que había tomado la decisión días después de la final perdida contra España. A los 39 años, tras más de dos décadas portando la camiseta albieceleste, escribió que se había vaciado y ya no tenía más para dar. Era el momento de cerrar una puerta.
Si su despedida se dio hasta ahora es porque antes hubo una transformación que le permitió tener vigencia. El Messi que vimos en Alemania era veloz, escurridizo y arrancaba desde la banda. Después fue segundo delantero, falso nueve, mediapunta y, con los años, un futbolista cerebral, capaz de administrar espacios, elegir el instante exacto para irse con el balón en los pies y encontrar al compañero que aparecía donde nadie más lo veía.
El cuerpo cambió, inevitablemente, pero su manera de comprender el juego le permitió resistir el paso del tiempo. Por eso cuesta imaginar a Argentina sin él y, todavía más, imaginar a otro futbolista con la camiseta número 10. Después de Diego Armando Maradona ya parecía imposible darle otra dimensión a ese número. Leo lo hizo y terminó convirtiéndolo también en suyo.
El Mundial de 2026 tuvo, por eso, algo de despedida incluso antes de que supiéramos que lo era. Había una pregunta flotando durante todo el torneo: si no era ahora, ¿cuándo? Argentina llegó a la final, pero España ganó 1-0 en la prórroga. Poco después, aquella sensación de último baile se convirtió en certeza.
Messi seguirá jugando en Inter Miami y todavía puede quedar algún partido especial, como el homenaje que Argentina prepara para octubre. Pero ya no estará en el lugar donde durante dos décadas aprendimos a buscarlo. Esa ausencia, más que cualquier cifra, empieza a hacernos entender que una época se terminó.
Neymar, el último representante del Jogo Bonito
Con Neymar ocurre algo parecido, aunque su historia tiene un matiz distinto. El brasileño también fue un futbolista generacional, pero su recorrido quedó marcado por lesiones que interrumpieron demasiadas veces una carrera que parecía destinada a ocupar todavía más espacio. Aun así, con Brasil consiguió algo que es épico no solo por lo que significa sino por los nombres que superas para conseguirlo, el de ser su máximo goleador histórico.
Su historia con la Canarinha comenzó con el Santos como carta de presentación. Aquel muchacho del mohicano, los regates imposibles y la celebración al ritmo de Ai Se Eu Te Pego parecía recuperar una alegría asociada con la vieja tradición brasileña. Neymar fue, durante un tiempo, una manera contemporánea de volver a creer en el Jogo Bonito tras las época de Ronaldo y Ronaldinho.
Después llegaron Barcelona, París, Arabia, las lesiones y una relación cada vez más intermitente con la selección. En su cuarta Copa del Mundo, con 34 años, apenas pudo participar por culpa de los problemas físicos que tanto lo han agobiado. Entró contra Noruega en octavos y marcó de penalti en el descuento, pero Brasil perdió 2-1. Después anunció su retiro.
Neymar se despidió de Brasil con 130 partidos y 80 goles, por encima del registro del eterno Pelé. También ganó la Copa Confederaciones de 2013, aquella final en la que Brasil derrotó a España con el hoy jugador de Santos como una de las figuras. No ganó el Mundial ni la Copa América, pero la camiseta brasileña nunca le quedó grande.
Su historia, de alguna manera, lo llevó al lugar donde todo comenzó. El año pasado volvió al Santos, aquel donde también brilló O Rei hace más de 60 años. Su contrato va hasta diciembre y su futuro, por lo pronto, es incierto. No obstante, en frente tiene la posibilidad de competir por la Copa Sudamericana, torneo en el que este miércoles va a enfrentar a Atlético Mineiro por un lugar en las semifinales.
El adiós de James Rodríguez
Y luego está James Rodríguez. Su despedida es la que más directamente nos toca a los colombianos, porque su historia está ligada a una generación que descubrió que la selección podía dejar de ser una promesa y convertirse en un equipo capaz de ilusionar. El anuncio llegó el martes, después de quince años vistiendo la camiseta nacional.
James se va de la tricolor con 131 partidos disputados, 31 goles y 43 asistencias, con tres Mundiales y cuatro Copas América encima. Fue el goleador de Brasil 2014 con seis tantos, ganó el Puskás por aquel zurdazo contra Uruguay y hace no tanto fue elegido como el mejor jugador de la Copa América de Estados Unidos 2024.
El hoy jugador de Atlético Nacional fue parte de una generación que nos hizo a muchos saber lo que era ver a nuestra selección en un Mundial. Sus mejores versiones con el combinado nacional las vimos cuando estuvo bajo la tutela de José Pékerman y Néstor Lorenzo. También tuvo sus sombras, pero sin duda se ganó un lugar en la mesa de los mejores jugadores que ha dado esta tierra
Su último Mundial fue diferente, menos determinante, y él entendió que el ciclo había terminado. Ahora queda Nacional, queda el fútbol de clubes y la posibilidad de que sus últimos partidos sean en la tierra que lo convirtió en ídolo. Este miércoles, de hecho, hay expectativa por lo que pueda pasar en El Campín, donde podría sumar sus primeros como futbolista verdolaga enfrentando al Internacional de Bogotá.
Y las despedidas que faltan
Lo mismo que pasó con los jugadores que fueron protagonistas de este artículo ocurre con una generación que empieza a despedirse alrededor del continente. Chile ya no tendrá a Alexis Sánchez ni a Arturo Vidal, los pilares de su generación dorada; Ecuador sabe que Enner Valencia, su goleador en Mundiales, difícilmente tendrá otra oportunidad en la máxima cita. Son señales dispersas de un recambio que ya no puede esconderse.
En Colombia también queda la sensación de estar cruzando una frontera. James ya no volverá a la selección y otros referentes de aquella generación, como David Ospina, también están en una etapa avanzada de sus carreras internacionales. También le pasó antes, y en el último lustro, a Radamel Falcao García y Juan Guillermo Cuadrado.
Todavía quedan algunos gigantes. Luka Modric tiene 41 años y continúa con Croacia; Cristiano Ronaldo, también de esa edad, disputó en 2026 su sexto Mundial con Portugal. Pero incluso ellos parecen formar parte de la última habitación de una casa que pronto quedará vacía. Sabemos que está cerca el día en que también tendremos que despedirlos.
Quizá esa sea la parte más extraña de hacerse mayor viendo fútbol. Al principio, casi todos los jugadores que uno admira son mayores, uno los mira desde abajo, se aprende sus nombres y sigue cada uno de sus pasos. Después ocurre lo contrario, pues los futbolistas que llegan son menores que uno y aquellos que parecían eternos empiezan a desaparecer.
Entonces el fútbol cambia sin pedir permiso. Llegarán muchos jugadores como Lamine Yamal, Endrick y Jude Bellingham, entre otros, que serán las referencias de quienes hoy son niños y quizá, dentro de veinte años, alguien escribirá sobre el día en que esos nombres comenzaron a quedarse atrás. Así funciona este juego y, en el fondo, así funciona la vida.
Las leyendas, sin embargo, tienen una ventaja sobre los mortales y es que serán eternos. El tiempo puede llevarse a los jugadores, pero no las imágenes que quedaron grabados en millones de hinchas.
Por eso estas despedidas duelen, aunque sepamos que son inevitables. No solamente porque Messi, Neymar y James ya no estarán con sus selecciones, sino porque con ellos se va una parte de quienes fuimos cuando empezamos a mirar fútbol.
El fútbol continuará. Habrá otros diez, otros regates, otros Mundiales, otras finales y otras tardes capaces de detener el mundo durante noventa minutos. Pero habrá una diferencia y es que ya no podremos esperar que aparezcan ellos. Para quienes nacimos a finales de lo 90 o inicios de los 2.000, ellos Fueron parte de nuestra manera de aprender este deporte. Ahora toca aprender a verlo sin ellos.

🚴🏻⚽🏀 ¿Lo último en deportes? Todo lo que debe saber del deporte mundial está en El Espectador
Manténgase al tanto de toda la información deportiva con la SEDE. Estamos en 📷 Instagram 📹 Tik Tok y 📱Facebook
-
Nerofay(22027)•16 de septiembre de 2026 – 19:08El gran engańo Colombiano, James Rodríguez, el futbol solo le alcanzó hasta 2014, lo sostuvieron en la selección gracias a su amistad con jesurum. No hay nada que lamentar que se vaya, no hace falta.
-
Ernesto Pavel(38649)•16 de septiembre de 2026 – 16:46No solo para quienes nacieron en esa época, para todos los amantes del buen fútbol que expusieron cada uno de ellos.
-
Rod(0igrf)•16 de septiembre de 2026 – 14:31James hace rato dejó de ser el jugador brillante que vimos en 2014. Desde ahí, su declive fue pronunciado, y todo por sus malas decisiones. Lo mantivieron en la selección por intereses económicos… y por años engañaron a muchos equipos de diversas ligas.