23 Nov 2019 - 3:26 a. m.

River-Flamengo: final histórica de la Libertadores

Desde el banquillo, Marcelo Gallardo y Jorge Jesús son los artífices de la buena campaña de sus clubes. El equipo argentino planea mantener la hegemonía continental y el brasileño pretende recuperar la gloria perdida. Juegan este sábado, desde las 3:00 p.m. en Lima, con transmisión por Fox Sports.

Redacción Deportes - @DeportesEE

Perfiles de Marcelo Gallardo y Jorge Jesús, los técnicos de River Plate de Argentina y Flamengo de Brasil, los equipos que disputan este sábado, desde las 3:00 p.m. por Fox Sports, la final primera final a partido único de la Copa Libertadores de América. El duelo se jugará en Lima (Perú).

Leyenda riverplatense

Aunque en sus primeros años de vida a Marcelo Daniel Gallardo no le gustaba el fútbol, sí era seguidor de River Plate por influencia de su abuelo materno. A pesar de que su padre lo llevaba a la cancha de San Lorenzo, el pequeño siempre tuvo la banda roja en su alma. Aún cuando rechazaba las invitaciones a jugar a la pelota en el potrero que había al frente de su casa, en Merlo, periferia de Buenos Aires. Él prefería armar las cometas de sus amigos con la banda roja de River, elevarlas y sentir el brillo de sus ojos al verlas en los aires argentinos.

“A mí no me gustaba el fútbol. Vivía en frente de un potrero y yo estaba remontando barriletes (cometas). Un primo me jodía para llevarme a jugar y yo no quería. Un día fui y a los tres minutos me sacaron. No sabía dónde estaba parado y no quise ir nunca más. Después, a los nueve años, se me despertó de golpe la pasión por el fútbol. Notaba que los demás me veían condiciones”, contó tiempo después. Y, efectivamente, el talento desbordaba con las rápidas decisiones que tomaba mientras el balón llegaba a su pie derecho.

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No obstante, cuando se enamoró del deporte su amado club le provocó bronca. Entendió que esa sensación también era parte del fútbol y que la clave del éxito estaba en encontrar la forma de utilizarla positivamente como motivación. Por eso, a pesar de que lo ignoraron cuando fue a probarse en River, insistió y logró que lo dejaran jugar. No le pasaban la pelota, él alegó con el organizador de la convocatoria, lo cambiaron de equipo y muchos dijeron ese día: “El pibe la rompió”.

Ya adentro del club, Gallardo comenzó a vivir más cerca del centro de la capital argentina. Fue vecino de Matías Biscay, con quien compartía las tardes hablando de fútbol y tomando mates. Hoy en día esa amistad se mantiene y le ha dado a River Plate las alegrías más importantes de su historia. Biscay es el asistente técnico de “Napoleón”, como ahora es conocido Marcelo Daniel, el hombre que después de ganar cinco títulos locales y la Copa Libertadores como futbolista del cuadro millonario se fue al Mónaco y conquistó tres títulos antes de regresar a su casa eterna, la cual volvió a dejar para ir al París Saint Germain. Luego fue al DC United, de Estados Unidos, se puso de nuevo la banda cruzada en su pecho y, finalmente, culminó su carrera en Nacional de Uruguay.

Con la selección de Argentina se colgó la medalla de oro en los Olímpicos de Atlanta 1996. Disputó los mundiales de Francia 1998 y Corea-Japón 2002. En este último fue dirigido por Marcelo Bielsa, de quien asegura es “el tipo del que más aprendí”.

Como entrenador en River ha ganado 10 títulos, siete de ellos internacionales, entre los que se destacan dos Copas Libertadores. Ahora va por la tercera.

Gallardo tampoco deja de pensar en Josep Guardiola. De hecho, aunque es un lector de literatura, uno de sus libros favoritos es la biografía del entrenador catalán.

Además de disfrutar con historias plasmadas en papel, el entrenador de River es un rockero declarado. Y de varias corrientes. Ha escuchado Led Zeppelin, Metallica, Iron Maiden y Deep Purple, pero también es fanático de Soda Stereo, Andrés Calamaro, La Bersuit y Los Redonditos del Indio Solari.

El estratega es un convencido de que lo mental hace la diferencia. Por eso (también desafiando al machismo) incorporó en su grupo de trabajo a Sandra Rossi, especialista en neurociencia. Marcelo Gallardo, el técnico que este sábado contra Flamengo va por su tercera Copa Libertadores como entrenador, considera “superficial” decirles a los futbolistas “vamos a poner huevos”. Cree más bien en expresarles “que salimos a la cancha a defender algo y a sentirnos bien con nosotros mismos”. Él siempre se ha sentido bien consigo mismo y ya es leyenda de River Plate.

J. J., con el toque europeo

El histórico 2019 que está viviendo el Flamengo no se explicaría sin la llegada del técnico portugués Jorge Jesús, quien cambió la dinámica del equipo más popular de Brasil.

A sus 65 años, cambió por completo el rumbo del Mengao. Con un currículo discreto como jugador profesional, tardó en hacerse un nombre en los banquillos, aunque lo hizo con una carrera ascendente desde el fútbol aficionado, en 1989, hasta llegar al poderoso Benfica, con el que ganó tres ligas y una Copa. Se fue luego al gran rival, el Sporting de Lisboa, en el que estuvo tres años y con el que logró una Supercopa portuguesa.

En 2018 aceptó su primer trabajo fuera de su país para dirigir el Al Hilal de Arabia Saudí durante un año y medio. Y tras seis meses sin equipo, se hizo cargo del Flamengo.

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No necesitó demasiado tiempo para conquistar a sus jugadores y a la afición. Con un fútbol ofensivo, rápido y de mucha intensidad, el Flamengo despegó con su llegada, desbancando al entonces líder Palmeiras y encadenando una vuelta entera sin perder en el campeonato local.

Llegó a Brasil sin ningún miedo de asumir riesgos. Implementó una línea defensiva adelantada, una presión muy fuerte para recuperar la pelota en campo adversario y la búsqueda del gol todo el tiempo.

J. J., como le dicen, tiene dos referentes: el AC Milan de Arrigo Sachi de fines de la década de 1980, por su táctica, y el Barcelona de Johan Cruyff de los 90, por su fútbol ofensivo y vistoso.

Este sábado espera convertirse en el segundo técnico europeo en ganar la Libertadores, tras el croata Mirko Józic (con Colo Colo en 1991) y en el segundo entrenador extranjero en conquistar el Brasileirao, algo que apenas logró el argentino Carlos Volante, en 1959, con el Bahía.

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