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En medio de la desigualdad, el abandono y un ambiente de champeta creció Wílmar Barrios en el barrio La Candelaria de Cartagena: un sector difícil para los jóvenes por la delincuencia, en el que el enfrentamiento entre pandillas es el pan de cada día. El fútbol y el béisbol son deportes que se viven a flor de piel. El primero lo practican con una bola de trapo y un par de piedritas que simulan una cancha en calles sin pavimentar. El segundo, también conocido como chequita, tiene un mayor alcance, porque lo juegan con un palo de escoba y tapas de bebidas en cualquier esquina.
En esas calles Barrios corría de arriba a abajo: con un par de sandalias, pantaloneta y camiseta para protegerse del sol inclemente. Siempre inquieto. Cuando no estaba jugando vendía bolis para ayudarle a su abuela Cilia Martínez, quien fue la encargada de criarlo, porque su mamá se fue a vivir a Venezuela y su papá formó otra familia. Le decía “mami” y ella fue la encargada de enseñarle los valores que debe tener un joven para afrontar la vida: siempre andar con la cabeza levantada, el cuerpo erguido sin importar los problemas y sin olvidar nunca sus orígenes.
El fútbol, con el paso de los años, se convirtió en su pasión. Comenzó como volante de creación. Primero en el barrio donde se cansó de meter pelotas al vacío y asistencias. Después lo hizo con el equipo Ciclones, que es propiedad de Luis Felipe Posso. Allá no tenía que pagar inscripción ni indumentaria, porque la escuela es patrocinada por la fundación Campeones del Futuro, que se encarga de todos los gastos. De ahí han salido jugadores importantes del balompié nacional, como Cristian Marrugo, David Ospina, Carlos Sánchez, Santiago Arias y Guillermo Celis, entre otros.
Barrios se destacó desde el principio. Llamó la atención de propios y extraños por su buen manejo del balón, la claridad en los pases y una visión que pocos niños mostraban a su edad. Y no solo lo probaron como volante de creación, sino también como lateral derecho y, finalmente, como mediocampista de recuperación. “Era un buen jugador. Sin embargo, no se portaba muy bien. Viene de un barrio difícil de Cartagena y por eso mismo tuvo ese comportamiento. Era muy difícil de manejar, pero con el paso del tiempo fue ganando madurez”, afirmó el agente Luis Felipe Posso.
La parte final de su etapa en Ciclones la llevó a cabo en Cali, ciudad en la que se coronó en 2012 como campeón nacional juvenil. Ese fue un torneo que le abrió las puertas de par en par en el país. El Tolima lo contrató en 2013 y allí no demoró en establecerse: se convirtió en capitán del equipo sub-20 y ganó el torneo de esa categoría. Al año siguiente tocó el cielo con las manos al imponerse en la Copa Colombia. Y aunque tuvo un paso fugaz por la escuadra de Ibagué, fue suficiente para que todo Colombia pusiera sus ojos en su figura.
Del exterior también notaron la calidad de Barrios. Boca Juniors, uno de los equipos más importantes del continente, se fijó en el jugador y de inmediato lo atrapó. Lo hizo en 2016. Fue un cambio importante para su carrera, que asumió con mucha madurez. Gracias al trabajo que hizo en casa su abuela Cilia, así como por la formación que recibió por parte de los entrenadores. “Fue un reto que asumió con mucha grandeza, porque llegó con la experiencia de haber sido capitán del Tolima, de haber representado al país en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro y de haber jugado en la selección de Colombia de mayores”, resaltó Luis Felipe Posso, quien vivió paso a paso la transición del jugador.
Pero mantenerse centrado no es un trabajo fácil. De la noche a la mañana su estilo de vida cambió notablemente y eso afecta psicológicamente a cualquier ser humano. Ahí es cuando entra el trabajo del agente para que el jugador mantenga los pies sobre la tierra. “Hay que aconsejarlo, hacerlo entender que está en otro nivel, que con el dinero vienen otras cosas tanto buenas como malas. El mánager nunca se cansará de decirle al futbolista qué debe hacer y qué no. Eso en todo sentido, desde la parte económica hasta su comportamiento”, destacó Posso.
Barrios se adaptó de la mejor manera a Buenos Aires y, asimismo, a Boca Juniors. Hizo las cosas con mucha inteligencia: supo esperar cuando fue necesario, nunca se apresuró y cuando se abrió el espacio para ser parte del equipo titular aprovechó la oportunidad y se asentó. Su figura se hizo fundamental en el equipo que dirigía Guillermo Barros Schelotto, una pieza clave en una escuadra que dominó a placer el fútbol argentino al coronarse campeona de la Superliga en las temporadas 2016/17 y 2017/18.
Su principal característica siempre fue la garra, la entrega, la lucha. Corría todos los balones hasta el minuto 95, de ser necesario. Nunca bajaba los brazos. Eso hizo que los hinchas se enamoraran de su estilo de juego, de su compromiso. “Se ganó rápido el cariño de los seguidores y se convirtió en referente. Fue una ficha tan importante en Boca Juniors, que cuando se despidió tras ser traspasado al Zenit de San Petersburgo la gente le respondió con mensajes de cariño y otros tantos pidieron que no se fuera”, afirmó su agente.
El idilio de Barrios con Boca era grande. Tanto que la expulsión en la final de la Copa Libertadores en Madrid, ante River Plate, lo afectó mucho. “Uno de los días más tristes de mi carrera”, dijo. No obstante, de inmediato recibió el apoyo de Luis Felipe Posso, quien intentó levantarle el ánimo con unas palabras sencillas: “Ya pasó. No se puede hacer nada. Hay que olvidar lo sucedido y enfocarse en el siguiente partido. Sé que es difícil y es un momento duro, pero hay que levantar la cabeza, porque la vida continúa”.
Wílmar Barrios asimiló lo sucedido y mantuvo su rumbo. Logró valorizarse inmensamente, tanto así, que varios equipos de Europa lo contactaron: Tottenham y Everton de Inglaterra, Roma de Italia, París Saint Germain de Francia, entre otros. Con la escuadra italiana las conversaciones estuvieron casi listas, aunque faltaban detalles mínimos por cerrar entre las instituciones. Luis Felipe Posso sabía que alguno de las dos tenía que ceder. Pero se dio la firma de Leandro Paredes al PSG, por lo que se abrió la posibilidad para que Barrios llegara al Zenit de Rusia.
Posso contactó a unos socios italianos para que hablaran con el gerente general y empezaron las negociaciones. “No fueron fáciles porque las dos partes (Boca y Zenit) estaban muy lejos, pero me parqueé en la oficina de Boca para agilizar el proceso. El presidente decía que no podían vender a Wílmar barato porque era un referente y la hinchada no lo perdonaría. La única forma de que se fuera era que se pagara la cláusula”, recordó el agente. Sin embargo, cuando en julio de 2018 se le mejoró el contrato al jugador y se aumentó el precio de su salida, se llegó a un acuerdo entre las partes: si un equipo interesado no pagaba el precio de la cláusula actual se iban a la anterior.
Así que se llegó a un acuerdo con el Zenit de San Petersburgo el 30 de enero. Ese mismo día tuvieron que viajar a Barcelona, ciudad en la que el futbolista tenía que realizarse los exámenes médicos. Fue una carrera contra el reloj, debido a que tenían que estar a las 5:00 p.m. en suelo catalán para la firma del contrato y que el equipo lo pudiera inscribir a la Europa League. Tuvieron que sortear diferentes obstáculos. “Estaba en el hotel viendo televisión cuando vi que Wílmar se montó en el bus porque Boca viajaba a San Juan. Le dije que no se podía ir porque no había tiempo, ese día sí o sí tenían el vuelo”, señaló el agente.
“Hablé con el director deportivo Nicolás Burdisso y el gerente general Lucas Labat para que no dejaran ir a Barrios. Pero ellos decían que no tenían los papeles firmados. Les insistí que no alcanzaríamos a llegar si él se iba para San Juan, porque el 31 a la medianoche se acababa la inscripción. En los medios decían que el trato se había caído, así que le mandé un mensaje preguntándole qué hacía y me respondió que ya iba de regreso para la casa, que únicamente se había montado para despedirse de los compañeros. Me volvió el alma al cuerpo”, añadió.
El día de la firma, después de un agitado viaje que tuvo una escala en el aeropuerto de Barajas, en Madrid, también existieron complicaciones porque la impresora del hotel en Barcelona no funcionaba, hasta que a las 10:15 p.m. Barrios estampó su rúbrica. Nuevamente un cambio importante para el futbolista, pero la fortaleza mental y el equilibrio emocional ahora son mayores. Se entendió de inmediato con sus compañeros y se adaptó rápidamente al frío ruso como si llevara toda una vida viviendo en San Petersburgo.
Apenas tiene 25 años y el futuro es promisorio: cuenta con una amplia experiencia como jugador. Estuvo en unos Juegos Olímpicos y un Mundial de Fútbol. Además, superó con grandeza la presión de jugar en Boca Juniors. Con su seguridad, la precisión en la marca y su facilidad para entregar el balón, de a poco se va consolidando como titular en la selección de Colombia. Ante Japón, el viernes, fue uno de los destacados, y seguramente comandará la marca frente a Corea del Sur este martes. Ya pareciera ser un jugador fundamental para un combinado que tiene como objetivo la Copa América de Brasil, el primer gran reto en la era de Carlos Queiroz.
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