Diciembre 22, 1993
Somos un relato, usted, yo, ese y aquella. Cuentos de cuentos contando cuentos, nada, como escribió un poeta. Cuentos que contamos, sí, y que decimos que vivimos, aunque apenas los hayamos vivido un poco y lo demás haya sido inventado. Los Orsais son relatos de jugadores y de equipos y de partidos que fueron a su vez relatos de un alguien y de otros relatos, hasta llegar al primero, el de origen, ese del que partimos todos y al que nos aferramos. La Odisea fue el primer relato de un tal Aquiles, y el Quijote, de un tal Alonso Quijano. Sobre ellos surgieron miles, millones de otros Aquiles y de otros Alonso Quijanos. Los diarios, las revistas, los libros, nosotros. Todos contamos una historia que surge de otras historias, unas y otras matizadas o potenciadas por la ficción. Las leyendas se formaron con los relatos, y decir relatos es una manera de decir, mentiras. Entre la ficción y la realidad cabe una pelota de fútbol, y a veces, el punto del penalti, su mitad o incluso menos.
Lo mejor o lo peor, vaya uno a saber, es que lo que queda son los relatos, y que conste que las fotos, videos y grabaciones también son relatos, aunque lo profundo, con contexto, con razones, con ilusiones y desilusiones, con miedos y alegrías, con sin sentidos y sentidos, sean lo escrito, el texto, y por supuesto, las palabras. Primero fue la palabra, hace diez, cinco mil o más años, el sonido gutural, y luego, las relaciones, y más tarde, las agrupaciones, y con el agruparse, el jugar. La fantasía. La mentira, el engaño, sí y mil veces sí, porque nunca ha importado lo que ocurrió, porque nadie sabe qué ocurrió en realidad, sino lo que dijeron y escribieron de lo que ocurrió.
IGNACIO MEJÍAS
Parodi me llevó entre callecitas y plazas al Parque Lezama, donde Ernesto Sábato había comenzado Sobre héroes y tumbas. Yo quería ser uno de sus personajes, pero la situación no estaba para juegos. El tiempo apremiaba. Parodi no me hablaba y yo necesitaba saber los nombres de los vendidos, aunque no me los dijera tal cual, porque ese era uno de los códigos. Por fin, luego de que nos sentáramos en un banco y de que el tipo lanzara unas piedritas contra un árbol, me volvió a hablar.
WENCESLAO PARODI
Los nombres en realidad no importan tanto, ¿sabe? Hasta es mejor que no los sepa. Mientras menos sepa, mejor. Su nota debe tener la fecha del dos de agosto, y a continuación, los nombres de Alfredo Pérez y Diego Betancur, de Argentina. Con eso tiene. ¿Qué va a poner?
MEJÍAS JOVEN
¿En la nota, me pregunta usted?
WENCESLAO PARODI
Yyyyyy, sí.
MEJÍAS JOVEN
Espere, aguarde y la escribo. Yo sin escribir no puedo pensar.
WENCESLAO PARODI
De eso ya me voy dando cuenta, sí.
MEJÍAS JOVEN
Se rumora, voy a llamar la columna así. Como la suya, pero con el se… ¿Le gusta?
WENCESLAO PARODI
Perfecto, muy bien. Siga a ver.
MEJÍAS JOVEN
El segundo rumor va a ser el importante, ¿bien? Y va a decir, “Luego de sus respectivas lesiones, el pasado dos de agosto… ¿O tres? Porque esto sale mañana.
WENCESLAO PARODI
Sí, tres de agosto. Bien, continúe.
MEJÍAS JOVEN
Luego de superar sus respectivas lesiones, Juan Casañas y Alfredo Díaz regresaron el pasado 3 de agosto a los entrenamientos y en la tarde de hoy estarán disponibles para el equipo de Colombia, que enfrentará a Argentina en Buenos Aires por un cupo al Mundial de Estados Unidos del próximo año.
WENCESLAO PARODI
Bien, bien. Sigo con la toma del examen. ¿Por quién debe apostar el lector? Me explico mejor, ¿a qué equipo va a poner como ganador?
MEJÍAS JOVEN
A Colombia. Alfredo Díaz es colombiano y juega con la selección. Y es el segundo nombre luego de la fecha.
WENCESLAO PARODI
Todo perfecto, mi amigo. Y los del menos no importan, recuérdelo. Por lo menos, para mañana no importan. Ya verán ustedes cómo se las arreglan y con quiénes cuando comiencen con el negocio allá en su país, pero obviamente…
WENCESLAO PARODI
Obviamente tiene que haber dos “en menos”, como mínimo. O como máximo también, porque no se puede notar que el equipo, todo el equipo, va a bajar el ritmo. No olvidemos nunca lo de Alemania y Austria, nuncaaaaa. Una pregunta curiosa y chao.
MEJÍAS JOVEN
Diga
WENCESLAO PARODI
¿Usted va a hacerse cargo de “los menos” allá? Mire que se requiere de cierto tino para eso, ¿no?
MEJÍAS JOVEN
No, seguro que no. Yo solo estoy esta vez para este favor, o esta deuda y listo.
WENCESLAO PARODI
Por si acaso llega a ser usted, llámeme. Mire que… Este número está siempre desocupado.
MEJÍAS JOVEN
Bueno, claro que sí, gracias.
WENCESLAO PARODI
Es increíble, ¿No? Usted y yo acá sentados decidimos quién va a ganar mañana y quién no, y por extensión, quién se va a volver millonario. ¿Lo había pensado, Mejías? ¿Alguna vez lo había pensado?
MEJÍAS JOVEN
No, claro que no. Tampoco creo que sea taaaaan así.
WENCESLAO PARODI
Mire, tome esta moneda y láncela. O voy yo primero, va. Cara o cruz.
MEJÍAS JOVEN
Cara.
WENCESLAO PARODI
Va.
MEJÍAS JOVEN
Cara, ja. Gané. Pero y bien, qué hay con esto.
WENCESLAO PARODI
Todo, mire. Usted ganó. Pongamos que entonces decidimos que Colombia va a ganar mañana, porque usted es colombiano, ¿no? ¿Ya se dio cuenta de que nosotros somos los que decidimos?
MEJÍAS JOVEN
Si usted lo dice.
WENCESLAO PARODI
Sí, viejo. Nosotros dos, lo decimos y decidimos nosotros dos, en este parque, y en esta vieja banca, que mañana Colombia va a ganarle a Argentina, y lo logramos. ¿Cómo? Con nuestro sistema de docenas de tentáculos que tientan a los “de menos”, viejo. El que se mete en el alma de un equipo lo transforma, es así de sencillo. Hoy todo tiene precio, todos tenemos precio.
MEJÍAS JOVEN
O sea que ustedes determinan quién gana y quién pierde, y luego ponen a andar su andamiaje.
WENCESLAO PARODI
Así es, mi querido amigo, así es. Y es hasta irónico, con tanta plata que se mueve y tanta parafernalia, y los periodistas y los hinchas, y dos tipos como usted y como yo, muy en voz baja, lo definen todo con un simple dadito. Ja, en el fondo, el sistema fútbol trabaja para nosotros.
MEJÍAS JOVEN
Puesssss… Suena convincente usted.
WENCESLAO PARODI
Y mire que para cada partido hay dos tipos como nosotros. No lo dude, viejo. No lo dude, piénselo y verá. Es que la gran clave del fútbol, para un lado y para el otro, es que se decide por muy poco. Un gol, dos, que es como decir, un error, o dos. Un equipo puede jugar perfecto y perder porque a último momento un jugador, uno solo, se equivoca. Y tenga. Pero bueno, ahora sí me voy, chao. Todo un gusto y mucha suerte con eso.
IGNACIO MEJÍAS
Me fui volado al hotel, apabullado, derrumbado por la teoría de Parodi, y le pregunté a la recepcionista si tenían fax. Me respondió que claro, me explicó lo que debía hacer, y siempre a la orden. Pedí un café a la habitación, saqué la máquina de escribir que había comprado unos meses atrás, una Brother eléctrica que procesaba textos en una diminuta pantalla ubicada arriba del teclado y enviaba la señal de lo escrito a un papel, y me instalé en una mesa con vista al Obelisco. Por fin comenzaba a sentirme en Buenos Aires. Escribí la nota previa al partido. Hoy se juega una final en el estadio de River Plate entre Colombia y Argentina, y etcétera, y dejé la nueva sección de Se rumora para el final. Allí, incluí varios chismes de transacciones de futbolistas, cosas de la preparación del Monumental para el juego, datos del viaje de vuelta de la Selección, y el rumor que habíamos decidido con Parodi: Luego de superar sus respectivas lesiones, Juan Casañas y Alfredo Díaz regresaron el pasado 3 de agosto a los entrenamientos y en la tarde de hoy estarán disponibles para el equipo de Colombia, que enfrentará a Argentina en Buenos Aires por un cupo al Mundial de Estados Unidos del próximo año. La leí una, tres, cinco veces, pero la voz de Parodi seguía rondándome sin cesar. Tocaron a la puerta.
MEJÍAS JOVEN
Buenas, ¿sí?
RECEPCIONISTA
Su café, señor, y un recado urgente.
MEJÍAS JOVEN
Bueno, mil gracias. ¿Le firmo?
RECEPCIONISTA
Luego, no se preocupe. Buena tarde.
IGNACIO MEJÍAS
El recado eran dos iniciales, L.F. y un teléfono. Pedí la llamada a la recepción y me respondió la señora La Fayette.
HORTENSIA LA FAYETTE
Señor Mejías, cómo va. Supongo que ya habló con Wenceslao Parodi.
MEJÍAS JOVEN
Sí, hace como una hora.
HORTENSIA LA FAYETTE
Busque por favor una central de teléfonos, un locutorio, le dicen allá. Y me marca a este número. Es que acá no escucho bien. Se corta y se oye como un Tzzzzzz tzzzzz…
MEJÍAS JOVEN
¿Puede ser en media hora? Estoy por mandar los textos al periódico.
HORTENSIA LA FAYETTE
No, no, ya. Tiene que ser ya. Es de suma urgencia, para usted y para mí, porque en unos minutos salgo para Buenos Aires y no podré comunicarme.
IGNACIO MEJÍAS
Salí a toda prisa a uno de los tantos locutorios de la ciudad y pedí la llamada. La señora La Fayette no tardó mucho en responder.
HORTENSIA LA FAYETTE
Gracias por la celeridad, señor Mejías. El asunto es que por acá lo andan buscando. Una mujer lo delató por la desaparición de un señor Camino, Julio Camino. Dijo que ella y su novio eran testigos de los hechos, y que lo habían visto a usted cargar un bulto sospechoso dentro de una camioneta y lo habían seguido hasta el monte, y bueno, todo el resto.
MEJÍAS JOVEN
… ¿Y quién es esa delatora?
HORTENSIA LA FAYETTE
Es que eso no tiene mucha preponderancia en este momento, señor Mejías. Yo lo pongo a usted en conocimiento de estos sucesos para que tome sus propias decisiones. En pocas palabras, lo andan buscando, y lo más probable es que en pocas horas se den cuenta de que usted anda en Buenos Aires, así que lo estarán esperando en el aeropuerto.
MEJÍAS JOVEN
No, no, pero sí importa quién es la delatora, cómo no va a ser preponderante, como dice usted. Va a ser su testimonio contra el mío.
HORTENSIA LA FAYETTE
En este negocio se topa uno con gente de todos los pelambres. Esa mujer hace parte de nuestro sistema, es uno de nuestros tentáculos, uno de muchos. Eso es lo que le puedo adelantar. Por lo pronto, le pido encarecidamente el favor de que no hable de nuestra reunión en la Porciúncula. Vamos a hacer lo posible para salir de esta situación, pero tenga un poco de paciencia, si es que en las actuales circunstancias se puede pedir paciencia. Tiene las horas contadas. No actúe sospechosamente. Es posible que los efectivos de inteligencia y la policía se enteren de su paradero en poco tiempo, como le dije antes, y entonces hablarán con sus contactos allá en la Argentina, pero acá estamos tratando de dilatar el asunto. Es nuestro sistema contra El Sistema, señor Mejías, y le puedo asegurar que muchas veces hemos vencido nosotros.
MEJÍAS JOVEN
Me van a dejar botado, ya lo sé.
HORTENSIA LA FAYETTE
Para nada, señor Mejías. Envíe su trabajo cuanto antes y dese la bendición, si cree en eso. Ya le dije que estamos moviendo todas nuestras fichas, que no son cualquier tipo de fichas, para que usted se… tuuuuuuu-tuuuuuuu-tuuuuuuu.
MEJÍAS JOVEN
Aloooo, alooooo…. Señora La Fayette, alooooo… Señoritaaaaa, se cortó la llamada, por favor. Es urgente. Muy urgente.
TRABAJADORA DE LA CENTRAL TELEFÓNICA
Sí, excuse, por favor. Se han cortado todas las llamadas. Estamos mirando qué pudo pasar.
MEJÍAS JOVEN
No, no, no y mil veces no, preciso en el momento crucial.
IGNACIO MEJÍAS
Como un obsesivo demente, volví a tomar el auricular de la cabina, pero entonces lo que escuché en vez del tuuuuu-tuuuuu-tuuuuuu fue la canción de la Noguera y su voz y Usted abusó…
MARCELA NOGUERA (Canta a través del auricular)
Usted abusóoooooo, sacó provecho de mí, abusóooooo, sacó partido de mí, abusó, de mi cariño usted abusó, se burló, se rio, y me perdona por seguir con este tema… Laralalala.
IGNACIO MEJÍAS
Los mensajes, que eran advertencias, habían llegado y me habían perforado, por decirlo así. Eran claros y concisos. Devastadores. Pagué lo que debía sin esperar las vueltas y me fui a las zancadas hasta el hotel. Encendí la computadora, entré al archivo de Se rumora y en el párrafo que hablaba de Juan Casañas y Alfredo Díaz, cambié los nombres y escribí Alfredo Pérez y Diego Betancur, de Argentina. El párrafo quedó así: Luego de superar sus respectivas lesiones, Alfredo Pérez y Diego Betancur regresaron el pasado 3 de agosto a los entrenamientos y en la tarde de hoy probablemente estarán disponibles para el equipo de Argentina, que enfrentará a Colombia en Buenos Aires por un cupo al Mundial de Estados Unidos del próximo año.
Me asomé a la ventana, la abrí de par en par, acerqué una silla y prendí un cigarrillo para echarle humo al obelisco. Lo escrito, escrito estaba. Cerré los ojos con fuerza, recordé al muñeco temerario de las cartas de doña Carlota, me di fuerzas con él y volví a mis textos. Los imprimí y bajé para mandarlos por fax. Llamé a Bogotá para informar que iban en camino, y apenas terminaron de pasar las cuatro hojas, esos segundos-minutos eternos de los fax mientras iban escurriéndose las letras debajo de la máquina, salí a caminar. Eran las siete de la noche menos quince minutos en Argentina. En Colombia, las cinco menos quince. Como era sábado, cerrábamos más temprano, o sea, a las cinco, y una sola edición, sin opción de cambios de última hora. Apenas llegara el fax tardarían diez minutos a lo sumo para transcribirlo, montarlo y mandar a la imprenta. Sobre la hora. Todo fue y tenía que ser sobre la hora para que nadie pudiera cambiar una sola letra.
Di un paseo alrededor del Obelisco, como para recordar que estuve ahí, tomé un taxi y me fui a la terminal de trenes de Once, o de Constitución, ya ni recuerdo. Tomé un tren a La Plata, y allá, un bus hacia Mar del Plata y seguí hacia abajo, por Necochea, y me detuve más al sur, en Bahía Blanca. Llegué muy a la madrugada y dormí a los sobresaltos, soñando por momentos que me encontraban, que me acusaban y golpeaban y que Marcela Noguera y Frías y Gayán, la señora La Fayette y Aurelio Solano y hasta Del Barril y los muñecos del naipe de cartas eslavas de Carlota Gutiérrez me observaban con muecas de dientes picados. A la mañana del día siguiente, 3 de septiembre de 1993, comencé a tantear en mi descolorido transistor emisoras a ver si ya habían comenzado a hablar del partido de la tarde. Nada. Música, noticias varias, chismes. Ya en la tarde, encontré alguna de las mil “previas” que hacían los argentinos, y más tarde, a lo lejos, una perdida emisora colombiana en la que los periodistas hablaban del partido del siglo, la patria y cosas por el estilo. Cuando Colombia y Argentina comenzaron a jugar, ya me había tomado media botella de vino y el cesto de la basura estaba repleto de colillas de cigarrillos.
Fueron pasando los minutos, y llegaron los goles de Colombia, uno, dos, tres, cuatro y cinco, y yo los celebré porque aquella era mi gran venganza. El árbitro pitó el final en medio de un cerrado aplauso de la tribuna argentina, que era tributo a los colombianos e insulto a los argentinos. Las emisoras locales hablaban de vergüenza. La colombiana que logré captar y cuya señal se iba y volvía, de “la gran proeza del fútbol patrio”, de “héroes y próceres” y etcétera. Embriagado de fútbol, de vino, de humo y nicotina, de venganza cumplida, salí a caminar, pero apenas llegué a la esquina del hotel, un carro negro, largo, de cuatro puertas y vidrios oscuros paró ante mí y del asiento del copiloto se bajó el mismo don Bigotes peinado a lo Clark Gable que me había secuestrado unos días antes, y me hizo gesto de que había concluido mi intento de fuga.
Créditos capítulo X
Futbolear, esta audionovela de El Espectador, fue creada y escrita por Fernando Araújo Vélez
La producción y la dirección actoral estuvieron a cargo de Andrés Osorio Guillot y Joseph Casañas
La captura de audio fue responsabilidad de la unidad audiovisual de El Espectador
La edición y el montaje sonoro estuvieron a cargo de quien les habla, Jessica Angulo
Este capítulo contó con las actuaciones de
Fernando Araújo Vélez en el papel de Ignacio Mejías
Joseph Casañas como Ignacio Mejías joven
Laura Camila Arévalo Domínguez como Marcela Noguera
Elber Gutiérrez como Wenceslao Parodi
Cindy Morales en el papel de la recepcionista y Hortencia La Fayette
Este fue el capítulo final de Futbolear, los invitamos a escuchar la audionovela completa en las plataformas que El Espectador.
