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Sujetos con el carácter que hace falta para elegir un camino difícil que, contrario a la opinión de una ciudadanía aún poco sensibilizada, es al tiempo un camino ilimitado.
Sí: ilimitado. Porque en las disciplinas que practican nuestros deportistas paralímpicos también se rompen marcas, se dejan atrás las líneas de meta que amenazan con ser inalcanzables.
Este año, acabados los Juegos Olímpicos, comenzarán los Paralímpicos, que también son en Londres, pues son organizados por el Comité Olímpico Internacional (así se decidió en 1984, cuatro años después de la muerte de su creador, el Dr. Ludwig Guttmann), y convocan a deportistas paralímpicos de todo el mundo. Más de 4.000 atletas provenientes de 165 países competirán entre hoy y el 9 de septiembre en 20 disciplinas. ¿Las expectativas globales? Dos millones de asistentes. ¿Y las expectativas nacionales? Colombia ha alcanzado para estos juegos paralímpicos una representación histórica con 36 deportistas, tres veces más que los participantes en los juegos de Pekín. Las expectativas deben ser altas porque Colombia es un duro oponente en certámenes internacionales. Dos medallas paralímpicas en 2008 y 54 medallas en los Juegos Parapanamericanos de 2011 así lo demuestran.
Al esfuerzo que realizarán estos deportistas no puede menos que corresponder nuestro apoyo. La ovación que sigue al instante en que un deportista ciego anota el gol de la victoria contra un arquero que puede verlo. La ovación al ciclista que con una sola pierna sobrepasa los límites y supera, quizá, el récord mundial impuesto por otro colombiano hace un año.
Este texto, que circula hoy con El Espectador, fue adaptado a braille en asociación con el Instituto Nacional de Ciegos, INCI.