
Alexander Zverev es un personaje incómodo para una parte considerable de la afición del tenis. Su temperamento, sus enfrentamientos con los jueces y las acusaciones de violencia de género que han marcado su carrera hacen difícil separar al jugador de las controversias. Pero 2026 obliga también a mirarlo desde otra perspectiva, la del tenista que en medio del bache de Sinner y Alcaraz finalmente alcanzó su máximo nivel.
Su comportamiento dentro de la cancha ha sido durante años una de las principales razones de esa resistencia. Sascha ha protagonizado discusiones frecuentes con jueces y supervisores, además de episodios de evidente frustración cuando las decisiones no le favorecen. Sus explosiones de rabia alimentaron la imagen de un jugador de temperamento volátil, con dificultades para controlar sus emociones durante los partidos.
El episodio más recordado ocurrió en Acapulco, en 2022. Después de perder un partido de dobles, Zverev golpeó repetidamente con su raqueta la silla del juez Alessandro Germani, pasando a centímetros de sus piernas. Fue descalificado del torneo y recibió posteriormente una sanción de la ATP que incluyó una suspensión condicional, considerada insuficiente por quienes reclamaron una respuesta más severa.
Aquella escena fue el mayor ejemplo del fuerte temperamento que ha acompañado al alemán durante buena parte de su carrera. La violencia de sus golpes contra la silla convirtió un arrebato emocional en una conducta que podía poner en riesgo a otra persona y, por supuesto, generó rechazo en un amplio sector de la fanaticada.
Sus problemas por fuera de la cancha
La controversia tampoco se limita a lo que ocurre durante los partidos. Zverev ha estado involucrado en acusaciones de violencia de género formuladas por antiguas parejas. En uno de los casos, relacionado con Olya Sharypova, la ATP realizó una investigación independiente que concluyó en 2023 que no existían pruebas suficientes para confirmar las acusaciones y decidió no imponer una sanción disciplinaria.
El otro caso llegó a los tribunales alemanes. Brenda Patea, expareja del alemán y madre de su hija, lo acusó de haberla agredido durante una discusión en 2020. El tenista negó las acusaciones. En 2024, el proceso fue suspendido después de que ambas partes alcanzaran un acuerdo extrajudicial. No hubo veredicto de culpabilidad, y el acuerdo tampoco constituyó una admisión de responsabilidad por parte de Zverev.
Esos antecedentes también ayudan a explicar por qué el alemán no despierta la misma simpatía que Carlos Alcaraz o Jannik Sinner. Incluso antes de convertirse en campeón de Grand Slam, existía una distancia entre sus extraordinarias condiciones tenísticas y la conexión que conseguía establecer con el público.
También está su forma de jugar. Con 1,98 metros, un saque potente y uno de los reveses a dos manos más reconocibles del circuito, durante años pareció extraño que Zverev no utilizara con mayor frecuencia sus recursos para tomar la iniciativa. Su tendencia a retrasarse detrás de la línea de fondo y a construir los puntos con paciencia alimentó la percepción de un jugador excesivamente conservador.
Incluso sus rutinas pueden generar rechazo. Sascha es conocido por botar repetidamente la pelota antes de sacar, una costumbre que puede extender el tiempo entre puntos y romper el ritmo para quienes esperan un tenis más dinámico. A eso se sumaron episodios de bloqueo en grandes escenarios, como la final del US Open de 2020, cuando dejó escapar una ventaja de dos sets frente a Dominic Thiem.
Por eso, durante buena parte de su carrera existió una sensación extraña alrededor de Zverev. Parecía destinado a ser campeón de Grand Slam, pero siempre había algo que faltaba. El alemán tenía las condiciones, pero cuando llegaban los momentos decisivos, aparecían las dudas. En 2026 esa historia empezó a cambiar.
El 2026 que catapultó a Zverev
Su transformación no consiste únicamente en haber ganado títulos. Zverev le apostó a una mayor agresividad y a buscar con mayor frecuencia el golpe de derecha para cerrar los puntos. Según explicó su entorno durante este año, la idea fue aprovechar las oportunidades para atacar, incluso aceptando el riesgo de equivocarse.
El cambio fue evidente, pues ganó Roland Garros en junio, su primer Grand Slam, después de derrotar a Flavio Cobolli en cinco sets. Fue una victoria especialmente significativa porque durante años había cargado con tres finales perdidas en torneos grandes. En París consiguió sostenerse después de perder el cuarto set y cerró el partido con autoridad en el quinto.
Después llegó Wimbledon, donde alcanzó por primera vez la final del torneo londinense. Aunque perdió en dicha instancia a manos de Jannik Sinner, la derrota no cambió la dimensión de su temporada. El alemán ya había dejado de ser solamente un jugador que podía llegar lejos en los grandes torneos, ahora estaba apareciendo de manera consecutiva en sus últimas rondas y en distintas superficies.
Y en Nueva York terminó de cerrar el círculo. Zverev conquistó el US Open al derrotar a Ben Shelton por 6-3, 7-6(2), 5-7 y 6-2, sumó su segundo Grand Slam del año y se convirtió en el primer tenista nacido en la década de 1990 que ganó más de un grande. El título también borró, al menos deportivamente, la herida de aquella final perdida en 2020.
La magnitud de 2026 permite decir que es la mejor temporada de su carrera. Zverev comenzó el año dentro de la conversación, pero terminó como uno de los protagonistas indiscutibles, pues fue semifinalista en Australia, campeón en París, finalista en Londres y campeón en Nueva York. Además, cerró el US Open como número dos del mundo y con una posición privilegiada en la carrera hacia el ATP Finals.
Eso no significa para nada que haya desplazado a Alcaraz y Sinner. El contexto importa: Alcaraz se perdió Roland Garros y Wimbledon por culpa de una lesión, mientras Sinner cayó prematuramente en París y no disputó el US Open por lesión. Además, el historial reciente entre Zverev y los dos grandes protagonistas de la generación sigue siendo desfavorable.
Precisamente ahí está el contexto de su gran año. Llegó a esta temporada como una figura difícil de querer y terminó como una figura imposible de ignorar que supo aprovechar su oportunidad. Sus controversias no desaparecieron porque ganara dos Grand Slam ni sus episodios anteriores dejaron de formar parte de su historia, pero ya es una historia de mayor contenido y con más luces que antes.
Quizá esa sea la contradicción definitiva de Alexander Zverev. El jugador que tantas veces perdió el control encontró finalmente el temple necesario para ganar los partidos más importantes de su carrera. El tenista que durante años pareció atrapado entre su enorme potencial y sus propias limitaciones ahora tiene dos Grand Slam.

🚴🏻⚽🏀 ¿Lo último en deportes? Todo lo que debe saber del deporte mundial está en El Espectador
Manténgase al tanto de toda la información deportiva con la SEDE. Estamos en 📷 Instagram 📹 Tik Tok y 📱Facebook
-
mauricio(36315)•15 de septiembre de 2026 – 06:39Hay una correlacion entre la ira y la diabetes.
-
JUAN MANUEL(e8ic5)•15 de septiembre de 2026 – 06:38Creo que debe verse como una evolución favorable del jugador y no con el espejo retrovisor. Es un gran campeón, además de cargar con el hecho de tener diabetes.
-
Lucas(25993)•15 de septiembre de 2026 – 05:11Parece un poco despectivo el periodista al hablar de Zverev. Recordemos que un ganador de GS es una persona más exitosa profesionalmente que todos los colombianos en la historia con la excepción de Shakira y GGM.