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13 Dec 2021 - 3:16 a. m.

José Gregorio Lemos: “Valió la pena”

Hasta 2018 Lemos compitió como atleta convencional. A sus 26 años le diagnosticaron parálisis cerebral mínima, pero siguió en el alto rendimiento.
Ricardo Ávila Palacios

Ricardo Ávila Palacios

Editor Sección Colombia
El atleta paralímpico vallecaucano José Gregorio Lemos quiere subir de nuevo al podio en los Juegos Paralímpicos de París 2024.  / Nelson Sierra G.
El atleta paralímpico vallecaucano José Gregorio Lemos quiere subir de nuevo al podio en los Juegos Paralímpicos de París 2024. / Nelson Sierra G.

José Gregorio no ha olvidado ni olvidará la primera vez que acompañó a su madre, Flor Rivas, a coger habichuelas en el cultivo donde trabajaba, en un monte de Pradera (Valle del Cauca). Tenía nueve años y José Gregorio Lemos, su padre, acababa de fallecer.

“Mi padre era cortador de caña y murió en 2001, cuando yo tenía nueve años. En esa época la situación económica se complicó y yo quería ayudar en la casa”.

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Quizá sin ser muy consciente de su actitud, José Gregorio comenzó a forjar su carácter con una mentalidad que desconocía los obstáculos y apoyaba en su fortaleza física.

“Mi mamá iba a trabajar y me llevaba escondido. Yo me montaba a un tractor y el tractorista apoyaba. Después, me bajaba y le ayudada a ella. Me acuerdo que me gané una moneda de $50 grande y con eso compraba besitos y otras golosinas… Lo hice varias veces”.

El ritual de ir al cultivo con su mamá y de vivir el día al día sin el apoyo de su padre, marcó la vida de José Gregorio. “Eso me hizo valorar las cosas y saber hacerlas de la mejor forma cada día. Por eso, cuando doy un paso sé que estoy dando un paso firme”. El muchacho maduró a temprana edad y desde sus quince años decidió trabajar de forma independiente en el río Bolo a sacar balastro, al tiempo que estudiaba y entrenaba atletismo. “Yo me iba a trabajar entre 3 y 4 de la mañana, me le pegaba a la señora María Celia, y después de terminar esa labor me iba a estudiar. Al terminar mi jornada académica me dedicaba a entrenar y cada día la cosa se me iba complicando”.

En ese duro trajín estuvo hasta los 17 años, cuando se graduó de bachiller en el colegio Francisco Antonio Zea, en Pradera.

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Un día, el profesor cubano Ubaldo Duany, quien entrenaba a la antioqueña Caterine Ibargüen —múltiple campeona olímpica y mundial en salto triple— le comentó a José Gregorio que la Universidad Metropolitana de Puerto Rico estaba cediendo una beca a un deportista con talento. “¿Estás interesado?”, preguntó el experimentado entrenador isleño. “Claro que sí”, contestó el vallecaucano.

“A los 18 años me salió una beca para estudiar en Puerto Rico y me tocó ir solo. Era una beca completa: me daban US$800 mensuales y con eso tenía que pagar el arriendo, comprar los alimentos para cocinar y sostenerme. Yo era allá una persona independiente”.

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Eso fue en 2010, y los resultados fueron excelentes en lo deportivo y académico: entrenado por Duany, representó a la universidad en la liga que se efectúa en Puerto Rico, se graduó en Recreación y Deportes; “y por mi rendimiento deportivo y educativo me gané otra beca para hacer una maestría en Administración Deportiva”.

En la Isla del Encanto vivió seis años y medio, volvió a Colombia y representó al país en los Juegos Centroamericanos y del Caribe realizados en Barranquilla, en julio de 2018. Allí, Lemos se colgó una medalla de plata en decatlón, al acumular 7.913 puntos (marca nacional vigente), y fue superado por el cubano Leonel Suárez (8.026 puntos). Lemos es el único deportista adaptado que en Colombia posee un récord en atletismo convencional.

Esa fue la última vez que Lemos compitió en deporte convencional. ¿La razón? “En septiembre de 2018, después de los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Barranquilla, me diagnosticaron parálisis cerebral mínima y no pude seguir compitiendo en deporte convencional”.

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Al hablar con Lemos y al verlo caminar es un hombre normal. Se expresa bien, tiene una mente ágil para responder, es alegre, es un estudiante brillante y un buen deportista. No hay nada que lo haga diferente.

“El diagnóstico no me golpeó emocionalmente, pero sí fue sorpresivo y pienso que todo se dio en el momento indicado, porque cuando uno tiene madurez se toman las cosas de la mejor forma. Ya tenía 26 años”.

Algunos entrenadores notaron que José Gregorio corría como si tuviera dos pies izquierdos, pero el tema no pasaba de un tímido comentario. Fue en Colombia en donde tomaron el tema en serio.

Lemos fue sometido a una clasificación funcional en octubre de 2018 en Barranquilla, “para que me evaluaran con pruebas médicas y determinar si podía incursionar o no en el deporte paralímpico. Me dejaron en revisión para 2019 y después me dijeron que era apto para deporte adaptado debido a una parálisis cerebral T38 y F38. Las clases 32-38 cubren los diferentes niveles de parálisis y la mía es mínima”.

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Una T o una F delante del número indica si el deportista compite en eventos de pista (track), como carreras y saltos, o de campo (field), es decir, en lanzamientos.

Aceptado en el deporte adaptado, Lemos comenzó a entrenar con la mira puesta en los Juegos Paralímpicos de Tokio, celebrados en agosto de 2021. Allí, dio muestras de su excelencia deportiva: oro en lanzamiento de jabalina (60,31 metros) y bronce en salto de longitud (6,78 m).

Lemos, además, impuso récord mundial en lanzamiento de jabalina y se consagró como uno de los mejores en todos los tiempos en esa especialidad.

“Esas dos medallas las celebré aplaudiendo y levantado las manos para agradecerle a Dios y decir: lo hice. Ese resultado me cambió la vida, me abrió más puertas y he podido mejorar más mi estatus interpersonal. Es algo que aún no he podido asimilar, pero ya uno sabe qué pasó”.

“Cuando estaba compitiendo en Tokio estábamos en el año de la pandemia y no había público en las graderías, pero no sé por qué razón, de pronto por el nerviosismo, yo siempre sentí que el estadio estaba lleno, como si hubiera aficionados y creo que la adrenalina de la competencia me hizo sentir eso y obviamente me sentía realizado al pisar un estadio olímpico y yo decía: ¡uyyy, que chévere!”.

Pese a su seguridad y a que tenía muy claro su objetivo, no fue fácil lograrlo. “Me temblaban mucho las piernas por el temor de hacer las cosas bien. No era por los rivales, sino por el compromiso con mi país y ese peso se siente. Cuando terminó el evento me sentí liberado de la descarga. Estaba demasiado tenso”.

Por su logro y ese deseo infinito de superación, El Espectador y Movistar galardonaron a Lemos, quien subió al podio en la categoría de Mejor deportista paralímpico del año, premio concedido para el nadador Nelson Crispín (multimedallista en Tokio), seguido de su colega Carlos Daniel Serrano y Lemos.

¿Qué significa el galardón como uno de los mejores en el Deportista del Año de El Espectador-Movistar?

“Significa muchísimo para mí. Fueron varios años de sacrificio y diría: ufff, valió la pena todo lo que ha pasado y todo lo que he venido haciendo, porque gracias a Dios he logrado las cosas que siempre me he propuesto”, responde Lemos, quien tiene su mirada puesta en los Olímpicos de París 2024.

Ricardo Ávila Palacios

Por Ricardo Ávila Palacios

Periodista bogotano y abogado en uso de buen retiro. Creador de Tip Legal, con la pretensión de difundir pedagogía jurídica como una forma de servicio a la comunidad de lectores de El Espectador. Autor de los libros “Derecho a la información” (2005) y “La fabulosa historia del atletismo colombiano” (2019).@ricardoavilapalaciravila@elespectador.com
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