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“En Colombia el único deporte tradicional y realmente incorporado a la cultura es la pelota (béisbol) en la costa Caribe. El fútbol es un fenómeno más reciente. Colombia fue campeona de béisbol del mundo en 1947, cuando todavía no se jugaba fútbol en el país. Estaba en Bogotá estudiando derecho en la universidad cuando llegó la noticia de que Colombia era campeón, y los colombianos mismos, sobre todo los del interior, se sorprendieron porque no sabían que ese deporte se jugaba desde hace muchos años en la costa Caribe”, dijo Gabriel García Márquez.
El béisbol ha cumplido un papel preponderante en la cultura del Caribe colombiano, la cita del único nobel de literatura que tiene Colombia así lo reafirma. En “Nueve innings”, libro escrito por Bertha Arnedo Redondo y Felipe Merlano de la Ossa, ambos reconstruyen la historia de este deporte en el país y aportan importantes documentos e historias que dan cuenta de su influencia en la construcción de la identidad de una parte del país. Además de la importancia de su trabajo como documento y legado, los autores trabajan para que el béisbol sea reconocido como Patrimonio Cultural Inmaterial de Bolívar.
Sobre esto último, Arnedo y Merlano nos contaron que desde el Observatorio de Patrimonio Cultural de la Universidad de Cartagena diseñaron una ruta que incluye investigación, circulación del conocimiento, un pódcast, el proyecto del Museo del Béisbol y una cátedra para semilleros infantiles llamada Béisbol, mi deporte, mi identidad. La idea, explicaban, es que los niños no solo aprendan a jugar, sino que entiendan que representan una tradición cultural caribe.
Bertha Arnedo reconoció que el libro nació de una “motivación profundamente personal”, pues viene de una familia de beisbolistas por parte de mamá. “Los Redondo son todos peloteros. Mi abuelo fue el catcher de los campeones del Mundial del 47. Es decir que, de alguna manera, hay una conexión muy fuerte con las emociones, con los lugares vividos, con las vivencias. Y sobre todo una vivencia muy clara de que cuando íbamos al estadio 11 de Noviembre no solo me quedaba con la jugada o la técnica del deporte, sino que en mi observación entendía que ese era un lugar de encuentro ciudadano, donde uno se podía encontrar con gente de todos los estratos, de todas las clases”, dijo.
Por su parte, Felipe Merlano de la Ossa, quien fue dos veces presidente de la Liga de Béisbol de Bolívar y vicepresidente de la Federación Colombiana de Béisbol, recuerda: “A los 12 años vivía con un tío en El Pie de la Popa. Él era aficionado y me llevó al estadio 11 de Noviembre, cuando había una competencia muy grande entre varios equipos, en particular dos que eran patrocinados por empresas estatales que eran ligados a los puertos”.
La entrevista completa con los autores del libro
Ustedes hablan de los estudios sociales y culturales del deporte. En una parte dicen que fue considerada una categoría subalterna en el mundo de las ciencias sociales, e incluso se ve en el libro que tenía muchos desafíos, por ejemplo encontrar archivo y documentos sobre el origen del béisbol en Colombia…
F. M.: solo hasta comenzado el siglo XX empieza a dársele una connotación un poco más profunda a esto, y es cuando sociólogos y antropólogos empiezan a darle una mirada al deporte, y salen la sociología y la antropología del deporte. Yo diría que hay un hecho importantísimo, que es la publicación del libro “Homo Ludens”, “El hombre que juega”, de Johan Huizinga, un holandés. A partir de ahí hay toda una explosión, diría uno, de estudios, pero sobre todo en Europa Occidental y Norteamérica.
En América Latina, solo hasta finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI, lo mismo que en Colombia, es cuando empiezan a aparecer trabajos. No es que no haya, pero eran esporádicos. Por eso decimos que eran estudios subalternos; a la gente le daba miedo, porque el deporte se veía desde el punto del periodismo, pero no de sus impactos en la cultura y en la sociedad.
Precisamente, Mike Forero, de El Espectador, es uno de los primeros que escribió sobre deporte en los últimos 25 años del siglo pasado. Y con respecto a la pregunta que hacías antes, El Espectador en Cartagena era, junto con el periódico local, de los que llevaban la narrativa de los juegos. La prensa complementó ese trabajo que hacía la radio.
Nosotros podemos decir con toda tranquilidad que, después de la educación, es el béisbol el elemento que mayor movilidad social ascendente produce en Cartagena de Indias. Y claro, como ocurre en muchos países, el origen está en discusión. Por eso ilustramos con cinco o seis versiones y terminamos con una muy poco conocida: que el béisbol realmente entra a Colombia por Panamá, cuando Panamá era uno de los nueve Estados Unidos de Colombia.
Para seguir un poco por esa vía, quería preguntarles por esa exploración que hacen ustedes del béisbol con la cultura, en especial con la música.
F. M.: es una relación muy estrecha, muy unida. Yo diría que su origen está en Estados Unidos, cuando en los primeros juegos de béisbol, sobre todo en universidades y colegios de cierto nivel, después de los partidos se hacía una recepción en la noche, donde inicialmente se hacía una comida, se brindaba con vino y luego incluso había declamación de poemas y este tipo de cosas, hasta que terminó en una serie de bailes.
Cuando lo llevan los hermanos Guillot a Cuba, entonces Cuba, que obviamente tiene unas características distintas, mucho más tropicales, las reuniones después de los partidos se hacían con música y con baile, y sale el primer danzón que se crea en Cuba, que es una mezcla de danzones, de la contradanza francesa, con el dance hall y la música caribeña.
A partir de allí, cuando de Cuba viaja a México, al resto de las Antillas, Centroamérica y el norte del Caribe colombiano, va pegada la música y va pegado el baile. De hecho, la música, las canciones, narran siempre historias de héroes, de hazañas, de equipos. Si usted mira en Cuba, República Dominicana y Puerto Rico, los grandes cantantes tienen música dedicada al béisbol. Y no solo personas como Ray Barretto y Bobby Cruz, o en el caso de Panamá con Rubén Blades, sino que también lo encuentras con René Pérez Residente. Y claro, Colombia no fue la excepción: aquí encontramos alrededor de quince o dieciséis composiciones que hablan estrictamente de béisbol, hechas por personajes como Pacho Galán, Lucho Bermúdez, Dolcey Gutiérrez, Eliseo Herrera, Mister Black…
En el béisbol, como en otros deportes, influye la migración, y eso ustedes lo mencionan en el libro…
F. M.: yo diría muy brevemente que son las migraciones las que trajeron el béisbol a Colombia, y que gracias a ello llega, digamos, algunos poquitos años después de que se empieza a masificar en Estados Unidos y en las Antillas mayores. Hoy, por ejemplo, con la diáspora venezolana, uno podría decir que se está reforzando mucho el béisbol y el sóftbol en la zona Caribe colombiana, incluso en Medellín, Cali y Bogotá. Entonces, sin lugar a duda, las migraciones fueron un elemento positivo, impulsor del béisbol en Colombia. Tanto así, que hay un hecho que nos marca mucho: cuando nosotros, siendo un país todavía desconocido en el béisbol, a principios del siglo XX logramos un segundo lugar en Venezuela, y eso dispara la afición al extremo de que al año siguiente somos campeones en los Juegos Centroamericanos y, un año después, estrenando el estadio 11 de Noviembre en 1947, somos campeones mundiales. Creo que es la primera vez que Colombia logra un resultado de ese tamaño.
B. A.R.: Cartagena tuvo el privilegio de que, por esa misma condición de ciudad puerto, efectivamente no transitó solo el béisbol por estas tierras en primera instancia, y luego se fue, como dice Felipe. Entonces hay como un círculo virtuoso en términos de toda esta historia de la pelota caliente, que nos llena de mucho orgullo y que, cuando se mira muy hacia atrás en la historia, nos damos cuenta de que ha sido bastante incluyente, que ha dado muchas oportunidades de movilidad social, que ha sido motivo de mucha alegría, de identidad cartagenera, y por tanto merece que no solo sea reconocida a través de esas grandes figuras y solo en los momentos claves del año que ya todos conocemos, sino que podamos entenderla en su máxima dimensión cultural.
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