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Justo en el momento en que los arcos se han cerrado en la Copa Mustang II y el promedio anotador se ha reducido considerablemente, Freddy Montero encontró el camino del gol, por el que no transitaba con frecuencia desde hace más de un año.
Cuando el Deportivo Cali lo envió a Neiva para que madurara en 2006, el delantero nacido en Campo de la Cruz (Atlántico), prometió que regresaría a Pance como goleador consagrado y así lo hizo después de haber sido uno de los máximos artilleros del Apertura 2007 con el Atlético Huila.
Pero los 14 tantos en dos torneos que sumó vestido de amarillo, se convirtieron rápidamente en recuerdo. Al volverse a vestir de verde y blanco, no pudo ganarse la confianza del técnico Omar Labruna y de ser la promesa anotadora, pasó a ser un suplente más.
Se fue el argentino y con la llegada de otro entrenador extranjero, Daniel Carreño, renacían las esperanzas de verlo celebrar de una vez por todas, pero tampoco pudo ser. Entonces en medio de los señalamientos, apareció Ricardo Martínez, quien lo conocía desde las menores, y con el técnico de la casa, Montero recobró la memoria anotadora.
Y lo hizo gracias a un factor fundamental para cualquier jugador: “La confianza que me brindó el ‘profe’ ayudó bastante para tomarme un segundo aire y por fortuna ahora le estoy rindiendo al equipo como yo siempre había querido”.
Justo también cuando el Cali más lo necesitaba, apareció el goleador. La eliminación en la Suramericana propinada por el América y la derrota con su eterno rival en el clásico caleño de la novena fecha, habían puesto contra las cuerdas al entrenador azucarero, pero Montero evitó que tirara la toalla y cuatro celebraciones en sus dos más recientes salidas, se transformaron además en seis puntos que revivieron al verdiblanco en el Clausura.
Ya completó 11 gritos en la Mustang II –y 31 en la máxima división del fútbol colombiano–, que lo encumbran en la tabla de artilleros y de paso le ubican como opción ofensiva de la selección, cuando a ésta la sequía anotadora le castiga en la eliminatoria. No quiere ilusionarse más de la cuenta, aunque advierte que “el profesor Lara me conoce y sabe que yo soy un jugador con sacrificio y que gracias a Dios estoy pasando por un buen momento”.
Todo quedará en manos del nuevo seleccionador nacional, que ya lo observó el jueves anterior en el Pascual, donde se fue de tripleta frente al campeón colombiano y quedó en solitario como el sinónimo de gol en el Finalización, al que le empiezan a faltar los goles que a Freddy Montero le sobran. Compleja situación, sin duda, aunque más irónico resultaría que el goleador de la Mustang II no tuviese ahora la llave con la que pueda entrar a la selección, cuando tiene las suficientes para abrir los arcos rivales.