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9 Jul 2022 - 4:22 p. m.

Con gesto de protesta: así se vivió el debut de Colombia en la Copa América Femenina

En su primer partido de este torneo, el combinado nacional se impuso 4-2 contra Paraguay. Así fue el encuentro desde las tribunas del estadio Pascual Guerrero, en Cali.
Paula Casas Mogollón

Paula Casas Mogollón

Medio Ambiente, Ciencia, Salud y Educación.
Daniela Montoya marcó dos de los cuatro goles del triunfo de la selección de Colombia.
Daniela Montoya marcó dos de los cuatro goles del triunfo de la selección de Colombia.
Foto: EFE - ERNESTO GUZMAN JR

La selección de Colombia femenina debutó ayer en la Copa América brillando y goleando. Las dirigidas por Nelson Abadía se impusieron 4-2 a Paraguay, con dos goles de Daniela Montoya, uno Mayra Ramírez y otro de Manuela Venegas.

Las jugadoras colombianas, mientras sonaban las notas del himno nacional, empuñaron sus manos hacia arriba en señal de protesta ante la no realización del segundo semestre de la Liga Profesional Femenina. Así se vivió ese primer encuentro desde las tribunas del estadio Pascual Guerrero, en Cali.

Mire: La protesta de las jugadoras de la selección por cancelación de la Liga Femenina

Un gesto de protesta por el fútbol femenino profesional

Cali se ha convertido en la casa del fútbol femenino. En esta ciudad, la selección de Colombia ha disputado sus últimos partidos amistosos ante Chile, Argentina y Venezuela, y no en vano, en la final de la Liga Profesional Femenina, disputada entre América y Cali, se batió la marca de asistencia a nivel nacional. Más de 37 mil personas llegaron al estadio Pascual Guerrero para deleitarse con los goles de Catalina Usme e Ingrid Vidal. Esta, quizás, fue una de las razones por las que la Federación Colombiana de Fútbol la eligiera como la sede principal de la Copa América Femenina, que se disputa en el país del 8 al 30 de julio.

El ambiente en la ciudad previo al partido de la selección nacional, que fue el viernes 8 de julio a las siete de la noche, era de fiesta. En cada una de las vallas de la calle quinta y la avenida Roosevelt, donde está ubicado el estadio, se anunciaba la inauguración de la sede y, en las esquinas cercanas, se vendían las camisetas del combinado, incluso hasta la más reciente edición que fue presentada en ese mismo compromiso inaugural. Sobre las cuatro de la tarde, ya se veía transitar a las familias, algunas con sus bubuzelas en el cuello, por las entradas del Pascual. Venían al primer partido de la jornada: Ecuador - Bolivia.

La afición empezó a corear cada uno de los apellidos de las jugadoras de Ecuador y Bolivia y gritaron, como si hubiese sido uno de Colombia, el primer gol de la Copa América Femenina. Lo anotó a los 19 minutos del encuentro la ecuatoriana Nayely Bolaños, luego de un remate con la pierna izquierda a quemarropa. Entre los gritos de la afición fue trascurriendo el partido que finalizó 6-1 a favor de Ecuador. Ya se acercaba el momento del debut de Colombia, que arribó con total hermetismo al estadio. La Policía no permitió ni que se grabara, ni se tomaran fotos a las jugadoras. Poco a poco se fueron llenando las gradas, principalmente en oriental.

Mire: 6-1: Contundente goleada de Ecuador a Bolivia en el inicio de la Copa América

Cuando salieron las jugadoras colombianas, la afición se fundió en un solo grito. Luego el estadio quedó completamente en silencio, desde la tribuna norte salía un grupo de jóvenes cargando una especie de rollo. Con el himno de la Conmebol de fondo se fueron acercando al centro y extendieron el rollo que llevaban en las manos: era un balón que anunciaba el comienzo de la Copa América Femenina 2022 en Colombia. Los gritos, la música y la pólvora no se hicieron esperar. Un grupo de fotógrafos y fotógrafas hizo un camino de honor y, poco a poco, se fueron acercando las jugadoras de Colombia y de Paraguay.

La afición se puso de pie y empezaron a sonar las notas del himno del país guaraní. Cuando sonó el himno nacional, la acción de las jugadoras llamó la atención: las once tenían sus manos empuñadas hacia arriba como señal de protesta ante la no realización de la segunda edición de la Liga Profesional de Fútbol Femenino en el país. Este gesto, habían comentado las deportistas horas antes en sus redes sociales, era por un cambio. “Aunque nos faltan garantías, nos sobra amor a esta camiseta, por eso nos unimos con la ilusión del trabajo en equipo, de la equidad en las condiciones de trabajo y competencia, de las decisiones concertadas y de un futuro brillante para todos los que hacemos parte del fútbol femenino”, aseguraron.

Una vez finalizaron los actos protocolarios, desde las tribunas, las jugadoras de la selección se juntaron para la foto oficial y sacaron tres camisas con los números 25, 16 y 17 en honor a Liana Salazar, Gabriela Rodríguez y Carolina Arias, quienes en las últimas horas habían dado positivo para coronavirus. Mientras se tomaba la imagen, los y las asistentes empezaron a reclamar la Liga Profesional Femenina. Al unísono gritaban “queremos la liga, queremos la liga”. Edina Alves pitó y señaló al centro indicando el comienzo del partido. El sueño de tantas generaciones de futbolistas colombianas se estaba cumpliendo: el torneo más importante de selecciones en Suramérica se estaba realizando en Colombia.

Y aunque Cali se ha caracterizado por ser la casa de la selección de Colombia femenina, esta vez no se repitió la imagen de aquel 5 de junio, cuando en el Pascual Guerrero más de 37 mil personas fueron a ver la final del fútbol femenino. Para esta oportunidad, las tribunas de norte y sur estaban completamente vacías. Solo se veían a los Policías que custodiaban las rejas. Las cifras de asistencia no sobrepasó los 15 mil espectadores. Sí, un dato bastante por debajo de lo que se esperaba. En medio de una ola cortada, por la inasistencia en estas dos tribunas, al ritmo de salsa, el público comenzó a aplaudir y a alentar a las jugadoras.

Sin embargo, sobre el minuto 20 el estadio se quedó una vez más en silencio. Desde la tribuna de occidental el público reclamó por la Liga Femenina. “Hijueputa, renuncie o ¿y la liga femenina?”, eran algunos de los reclamos que le hacían a la Dimayor. Un minuto después, el gol de Daniela Montoya, un remate de pierna derecha, puso al estadio a celebrar. Sin embargo, la alegría duró poco. Un gol de la paraguaya Jessica Martínez, de tiro libre directo, volvió a dejar callado al público asistente. Nelson Abadía, técnico de la selección nacional, desde la línea empezó a impartir órdenes, principalmente a Linda Caicedo.

Esas instrucciones ayudaron a que Colombia volviera a la pausa, a pensar uno a uno los pases que iba a realizar y a no desesperarse. Y así fue cómo, con un cabezazo de Mayra Ramírez, la selección consiguió ponerse arriba en el marcado. Ramírez fue corriendo hasta el banco de suplentes a celebrar con sus otras compañeras. El tercero de Colombia llegó por cuenta de la pierna izquierda de Daniela Montoya que, eufórica, volvió a buscar a sus compañeras del banco. Allí estaba Gisela Robledo, que trataba de controlar su emoción para no entrar a la cancha.

También: Video: los goles de la victoria de Colombia contra Paraguay en la Copa América

El público, cuando se lesionó Linda Caicedo, empezó a corear los nombres de Robledo y de Tatiana Ariza para pedirle al técnico Abadía que las entrara al campo de juego. En ese momento, la capitana y autora de dos goles, Daniela Montoya, estaba botada en el piso por una aparente lesión. Abadía decide sacarla y ella, un poco enojada, se quita la banda de capitana y sale de la cancha. El técnico le autoriza a Gisela entrar y el estadio se fundió en un solo coro. Los gritos continuaron hasta finalizar el compromiso, que Colombia ganó 4-2, y la petición de los asistentes por la segunda edición de la Liga Femenina continuó hasta el final.

Las jugadoras salieron elogiadas por la afición y demostraron, una vez más, que Colombia tiene todas las posibilidades de seguir brillando en el fútbol femenino y que sigue faltando lo mismo de siempre: apoyo y un esquema de juego claro para la Liga Femenina Profesional. Este, aunque fue un buen resultado, hasta ahora es el comienzo del camino que deben recorrer las jugadoras para alcanzar su sueño: quedar campeonas de Suramérica.

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