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En tres semanas Juan Pablo Montoya estará cerrando su segunda temporada en la Copa Sprint de Nascar, probablemente una de las más duras de su carrera. Si bien arrancó 2008 con su segundo triunfo en serie en las 24 Horas de Daytona, carrera que nada tiene que ver con Nascar, desde entonces sus estadísticas muestran un desempeño en promedio inferior al de su año como debutante.
“Ha sido un año duro”, le dijo Montoya a El Espectador. “Ganamos las 24 horas de Daytona, pero sí ha sido un año complicado después de eso. Nosotros hacemos lo mejor que podemos con lo que tenemos y yo sabía que venir a Nascar iba a ser duro y que los resultados no se iban a dar de la noche a la mañana. Hay que aprender y trabajar. Cuando llegué acá sabía que venía a un equipo que no estaba ganando”.
Un segundo lugar en Talladega, en abril, y un cuarto y un sexto en las dos competencias que se corren en circuitos permanentes (no óvalos) son las cifras para mostrar. Una mayor cantidad de retiros por accidentes y fallas mecánicas respecto al año pasado, significan que a esta misma altura de 2007, Montoya estaba cuatro puestos más arriba en el campeonato.
Hay poco que celebrar, a pesar de algunos destellos como el de este fin de semana en Atlanta. Sin embargo, sus resultados son en buena medida reflejo del material que ha tenido a disposición.
“Cuando se juzga las actuaciones de Juan Pablo hay que hacerlo dentro del contexto de los autos”, dice Mike Hembree, periodista norteamericano quien sigue la Nascar en forma permanente desde 1975. “Es obvio para quienes seguimos este deporte que los autos de Ganassi no son los mejores y de hecho por momentos parecen ni siquiera estar en un segundo nivel. Juan Pablo ha tenido buenos autos, pero ocasionalmente”.
En particular, el equipo Chip Ganassi Racing ha tenido una temporada difícil. Primero le cambiaron el jefe de equipo a Montoya en dos ocasiones, en cuestión de semanas, y luego se tuvieron que hacer despidos masivos tras la decisión de reducir la operación de tres a dos autos, algo que dejó sin silla al escocés Darío Franchitti, ahora en la Indycar.
La falta de continuidad al interior de la organización, sin duda ha golpeado el desempeño del equipo. “Creo que el progreso de Juan Pablo ha sido bueno en estos dos años, pero también pienso que el equipo ha decaído”, asegura Jenna Fryer, periodista especializada para la Agencia AP. “Se suponía que la escuadra iba a elevar su nivel en torno a Juan Pablo, pero eso no ha sucedido. El equipo ha retrocedido y eso ha perjudicado su progreso”.
El 2009 y más allá
Durante esta parte final de la temporada, además de tratar de mejorar el desempeño, el equipo Chip Ganassi está en la tarea de encontrar unos 12 millones de dólares para completar el presupuesto del auto de Montoya para 2009. Esto, tras el anuncio de la salida de Texaco como patrocinador de Nascar y por consecuencia, del auto 42. “Texaco no se fue por culpa de nosotros”, aclara Montoya. “Ellos se salieron porque no podían promocionar su gasolina por un contrato de exclusividad que tiene Nascar con otra marca (Sunoco)”.
En un momento como el que vive la economía americana, la tarea de Ganassi no es fácil. Él ha evaluado la opción de asociarse con otro equipo, aunque eso por ahora no se ha dado. A pesar del difícil panorama, Montoya no está a punto de saltar del barco. Todo lo contrario. “Mientras Chip esté comprometido a que esto funcione, yo también lo voy a estar”, dice el colombiano. “Es fácil: o mejoramos, o él va a terminar cerrando esto y yo buscando correr en otro equipo. Esto es un negocio y mientras uno no tenga desempeño no va a conseguir nada. Pero yo creo que las cosas van a mejorar y de hecho están mejorando”.
Como el mismo Montoya lo admite, si los resultados no mejoran sustancialmente, esa fidelidad no será sostenible por los tres años que le quedan de contrato. Para Ganassi su equipo de Nascar es uno de sus negocios, pero Juan Pablo tiene una reputación y correr sigue siendo su modus vivendi.