Análisis: con la pandemia se profundizó la brecha de género en el mercado laboral

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Por discriminación o situaciones personales, las mujeres han ocupado posiciones cuyo salario es, en promedio, menor al de los hombres. La sobrecarga en el trabajo de cuidado está entre los factores que han agravado las brechas.

Aun antes del coronavirus, las mujeres presentábamos peores indicadores en materia laboral respecto a los hombres: tasas de desempleo mayores, menores tasas de ocupación y participación, mayor tiempo de duración del desempleo, mayor participación en el mercado informal y menores niveles promedio de salario. Esto último, a pesar de que desde hace varios años el promedio de años de escolaridad de las mujeres supera ligeramente al de los hombres.

Existen varias hipótesis que explican este fenómeno, siendo dos de las más comunes la discriminación en un extremo y la autoselección en el otro. Según la primera, los empleadores tienen más reservas a la hora de contratar una mujer para ciertos cargos, pensando en el tiempo que estará por fuera si accede a la maternidad, los permisos que tendrá que pedir para hacerse cargo de su familia o simplemente por creerla menos capaz de llevar a cabo ciertas tareas; esto último en el caso de trabajos de alta dirección.

En cuanto a la hipótesis de autoselección, la idea es que las mujeres deciden ocupar puestos de trabajo en los que cuentan con mayor flexibilidad de tiempo, de tal manera que puedan dedicar parte de él al cuidado de su familia. Esto tiene como consecuencia que ocupan posiciones para las cuales el salario es en promedio menor o recurren a la informalidad. En efecto, cifras oficiales sobre la economía del cuidado revelan que son las mujeres las que se encargan en mucha mayor medida que los hombres de las tareas del hogar y del cuidado de los dependientes (niños, adultos mayores, personas con discapacidad o enfermos).

Las cifras recientes, reveladas por el DANE la semana anterior, reflejan sin sorpresa que la crisis económica generada por el coronavirus ha ampliado la brecha de género existente en el mercado laboral. En efecto, de los puestos de trabajo que se perdieron con la pandemia, el 62 % fue de las mujeres. Además, la población económicamente inactiva femenina (que no trabaja y no busca trabajo) aumentó en 69 % y la proporción de quienes se dedican a oficios del hogar aumentó en 94 %.

La razón por la que no hay que sorprenderse es la mencionada antes acerca de la mayor dedicación de las mujeres a trabajos de cuidado del hogar, aun si trabajan tiempo completo. Con la educación virtual, los niños han tenido que atender a sus clases usando el computador y enviar sus tareas a través de una plataforma o correo electrónico. La mayoría de ellos por debajo de cierta edad requieren la asistencia permanente de un adulto durante la jornada escolar. Lo que estas cifras sobre aumento en la inactividad y en los trabajos domésticos confirma es la mayor responsabilidad que tradicionalmente la mujer ha tenido que asumir en los oficios del hogar. Además, el mayor incremento en el desempleo femenino refleja la mayor inestabilidad de los puestos de trabajo para las mujeres.

La pregunta es entonces: ¿qué se puede hacer para revertir esta situación? Lo primero es reforzar y verificar el cumplimiento de las leyes de protección del trabajo femenino, para prevenir cualquier tipo de discriminación por parte de los empleadores. Lo segundo es identificar los puestos de trabajo en los que tradicionalmente se ocupan las mujeres y direccionar las ayudas económicas hacia esos sectores. Tercero, es fundamental la reactivación de jardines y colegios con todas las medidas de bioseguridad, pues, mientras esto no suceda, serán las mujeres las que en mayor medida sacrifiquen tiempo de las horas que normalmente empleaban a trabajar, en el cuidado de sus hijos.

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*Directora del doctorado en Economía de los Negocios de la Universidad Icesi.

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