Falleció a los 77 años de edad

El firme legado de un ingeniero

Gregorio Rentería será recordado no solo por sus imponentes obras, como el puente Helicoidal en la Autopista del Café, sino por su compromiso y ética en el ejercicio profesional.

Gregorio Rentería era ingeniero civil de la Universidad Nacional desde 1964. La Cámara Colombiana de la Infraestructura exaltó su vida y obra. / Archivo particular

Más de 150 puentes y numerosas represas, vías y edificios llevan la impronta de Gregorio Rentería Antorveza, un nombre que será imposible olvidar en el ámbito de las obras civiles colombianas. El ingeniero, graduado de la Universidad Nacional en 1964 y reconocido entre los colegas por sus aportes a las técnicas de diseño y construcción de estructuras, falleció el pasado jueves en Bogotá, a los 77 años de edad.

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Creyente de que el oficio estaba en el terreno, con las botas puestas, dejó la impronta de su ingenio en diferentes regiones de la geografía nacional. Un bogotano identificará su legado en la intersección elevada de la avenida Suba con Boyacá; en el Eje Cafetero, lo recordarán en viaductos como el Helicoidal (que hace honor a su nombre) y el de La Estampilla, que le valió el Premio Nacional de Ingeniería en 2009.

Los galardones y reconocimientos que obtuvo son la consagración de más de 46 años de carrera vividos con excelencia. Fue condecorado con la Orden al Mérito Julio Garavito en el Grado de Oficial en 2011; recibió el Premio a la Excelencia en Concreto en varias de sus ediciones, con obras como los puentes en arco sobre el río de Oro, en Santander.

No en vano los asistentes al congreso de la Cámara Colombiana de la Infraestructura (CCI), que se llevó a cabo en Cartagena durante el jueves y viernes pasados, rindieron un homenaje al ingeniero con un minuto de silencio luego de conocer la noticia de su deceso, ocasionado por una neumonía.

El presidente del gremio, Juan Martín Caicedo, lo describió como un maestro de muchas generaciones y del que se aprendió decencia y formalismo: “Para el gremio es una pérdida irreparable, el doctor Gregorio era una insignia desde el punto de vista ético y profesional de lo que debe ser el ingeniero colombiano”.

Rentería se ganó la fama de innovador por la implementación de últimas tecnologías de la ingeniería, según Argelino Durán, presidente de la Sociedad Colombiana de Ingenieros (SCI): “Fue el primero que empezó a hablar en Colombia de los aisladores sísmicos para puentes”. En los de la Autopista del Café, precisamente y por las condiciones de sismicidad, se implementaron aisladores de péndulo por fricción, apoyos que permiten que la estructura se pueda desplazar.

Sus pupilos lo recordarán como una persona ávida de conocimiento, referente de lo que era atreverse en la ingeniería y aventurarse a investigar y explorar. Sin embargo, como resalta Diana Espinosa, expresidenta de la SCI, su política era que “nadie le enseña a uno, uno debe aprender por su propia cuenta”, por lo que se negó a volver a la academia.

Durán, por su parte, sostuvo una amistad cercana con Rentería por muchos años, por lo que además lo recuerda como un padre de familia ejemplar, una gran persona y un buen amigo, “aunque a veces era un poquito volado, pero eso es normal entre los ingenieros”, bromeó.

De hecho, el presidente de la Sociedad invitó a Rentería a varias charlas para que su legado se mantenga vivo entre las nuevas generaciones. “He tratado de que, antes de que no sea posible, los grandes ingenieros de este país se reúnan con los más jóvenes y les cuenten sus experiencias de vida personal y profesional”.

Espinosa, quien desarrolló proyectos en conjunto con el ingeniero por 15 años, no duda en decir que fue una persona que “vivió, amo y ejerció con pasión su profesión”. De hecho, resaltó que “era un convencido de que la ingeniería era una profesión que debíamos ejercer con ética, como él lo hizo”.

“En uno de los puentes que diseñó en Santander hubo un problemita, él revisó el diseño, lo ajustó y volvió a entregarlo al constructor para que corrigieran cualquier falencia. Hizo todas las correcciones en el momento en que se estaba construyendo el puente, pero tenía tanto susto de que funcionara que el día de la prueba de carga, cuando iban a pasar los camiones por encima del puente, él se ubicó debajo del puente. Yo le dije: ‘¿Usted como hace esa locura?’, y él respondió: ‘Si el puente se cae yo no tengo por qué vivir; prefiero estar debajo y que me lleve a mí, porque no tiene que matar a otra persona’, ese era Gregorio Rentería”, dijo la ingeniera.

Lea aquí un perfil del ingeniero Rentería, publicado por El Espectador en 2010: El hombre estructural

Por ser un referente no solo de profesionalismo, sino de ética y entereza, no cabe duda de que será muy extrañado en el ejercicio de la profesión.

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