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Desde Yaundé, Camerún, donde se desarrolla la Décimo Cuarta Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC), El Espectador habló con Johanna Hill, directora general adjunta del organismo desde noviembre de 2023.
Hill es una economista salvadoreña con más de 30 años de experiencia en comercio internacional. En esta entrevista, habla sobre el panorama de América Latina en un contexto geopolítico complejo, del impacto de las nuevas tecnologías y de la reforma al organismo multilateral.
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¿Cuáles son los riesgos para el comercio de América Latina, en el contexto económico y geopolítico actual, con los aranceles de Estados Unidos y la guerra en Medio Oriente?
El comercio mundial ha pasado por varias etapas de complejidad en los últimos años. La crisis del COVID-19 representó retos importantes para el sistema multilateral de comercio y después vinieron tensiones geopolíticas, algunos movimientos arancelarios importantes y ahora la crisis en Medio Oriente.
El sistema multilateral de comercio ha demostrado resiliencia en este tiempo, aunque no se puede dar por sentado. Hay una serie de fenómenos. Por un lado, tensiones comerciales entre los miembros, con alzas arancelarias por parte de un país. Es importante destacar que muchos miembros han respondido con base en el diálogo, buscando entendimientos y evitando entrar en una guerra arancelaria. Para nosotros, eso es sumamente importante: la coordinación y la colaboración son esenciales en momentos de tensión.
Por otro lado, a partir de la situación entre Rusia y Ucrania, hay una cierta fragmentación a nivel mundial en materia comercial. Si observamos los patrones de votación en Naciones Unidas, se identifican dos bloques, y entre ellos el comercio intrabloque está creciendo a un ritmo mayor que el comercio entre los bloques. Por ejemplo, en 2025 las importaciones de Estados Unidos provenientes de China bajaron 29 %. Todo esto muestra que estamos en un momento difícil para el sistema multilateral de comercio, pero que, al mismo tiempo, ha demostrado resiliencia y ha respondido utilizando las reglas.
El sistema mostró resiliencia. En el caso de Centroamérica, Suramérica y el Caribe, en octubre de 2025 preveíamos que el comercio crecería 2,4 %, pero los datos muestran que el crecimiento fue de 3,2 %. Esperamos que este año se modere a 2,4 %, pero sigue siendo un resultado interesante.
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El comercio exterior de la mayor parte de la región depende de Estados Unidos o de China. ¿Cuál debería ser la estrategia de América Latina para diversificar y fortalecer el comercio intrarregional?
Estados Unidos y China son socios comerciales sumamente importantes para la región: son los principales. Sin embargo, los choques económicos, los desastres naturales o emergencias como el COVID-19 nos enseñaron que ciertas cadenas de valor pueden presentar problemas. ¿En qué sentido? Puede haber una dependencia excesiva de pocos países, ya sea como proveedores o como destinos de exportación. Esa sobreconcentración, especialmente en cadenas de valor críticas (como los insumos médicos), evidencia la importancia de la diversificación.
Definitivamente, el primer punto es la integración regional: el sistema multilateral de comercio se fortalece y crece por esta vía. El otro tema es la diversificación de destinos y productos. Es fácil de decir, pero complejo de hacer; aun así, es necesario invertir tiempo y esfuerzo. El trabajo conjunto con el sector privado es importante, así como ampliar la mirada: no pensar solo en bienes, sino también en servicios. Los servicios están creciendo a un ritmo mayor que el comercio de bienes, y América Latina y el Caribe tienen muchas oportunidades en ese ámbito.
¿Cómo evalúa la OMC el impacto de las nuevas tecnologías y la digitalización en el comercio internacional?
Las nuevas tecnologías están teniendo un impacto importante. Del crecimiento del comercio de bienes y servicios el año pasado, 46 % se explica por fenómenos asociados a la inteligencia artificial. Lo que podría haber sido un año difícil recibió un boom significativo gracias a estas tecnologías.
Estudios de nuestros economistas indican que, en el mejor de los casos, para 2040 el comercio podría crecer hasta casi 40 %. Sin embargo, para que eso se materialice, se requieren decisiones importantes, muchas a nivel nacional: como la inversión en infraestructura y en el fortalecimiento de capacidades para que la población pueda aprovechar las nuevas tecnologías. Varios acuerdos de la OMC ya facilitan que la inteligencia artificial llegue a los diferentes países y ahora están en curso conversaciones sobre cómo avanzar de manera ágil, pero también segura.
¿Qué tanto margen de acción tiene la OMC frente a decisiones como las que ha tomado Estados Unidos en materia de aranceles?
La Organización Mundial del Comercio ya cumplió 30 años, es un hito importante. Ha habido muchos logros: más integración de los países al sistema multilateral, beneficios económicos y una reducción de la pobreza en varias regiones. Sin embargo, también han surgido retos. Por eso, en la Decimocuarta Conferencia Ministerial, los miembros iniciaron una conversación muy importante sobre la posibilidad de reformar el sistema para que responda mejor a los desafíos actuales y futuros.
Entre los temas en discusión está cómo se toman las decisiones dentro de la organización, el balance entre derechos y obligaciones, el aprovechamiento del sistema y aspectos relacionados con la equidad en el comercio internacional. Esperamos que, después de la conferencia, si se alcanza consenso, estas conversaciones avancen hacia un proceso de reforma que permita atender mejor los desafíos. El mundo requiere más rapidez y agilidad, los ciudadanos están pidiendo respuestas y el sistema busca darlas.
¿Cuál es la importancia de esta posible reforma y cómo puede traducirse en beneficios para las personas en América Latina? Muchas veces estos temas se perciben lejanos.
Los acuerdos de la OMC están diseñados para facilitar que personas y empresas puedan vender bienes y servicios de manera más fácil, rápida y predecible. Poder planificar es importante, por ejemplo, si vas a tomar un préstamo para ampliar una empresa o llegar a un nuevo destino, necesitas saber cuál será el retorno de la inversión. Para eso se necesitan reglas estables.
El proceso de reforma busca actualizar el sistema para que los miembros puedan tomar decisiones de forma más ágil. También contempla cómo avanzar en temas donde algunos países están listos para dar el paso y otros no, como el comercio electrónico o la facilitación de inversiones para fomentar el desarrollo. Eso es parte de la conversación: que pueda avanzar un subgrupo de países, sin perjudicar a otros, de manera abierta y transparente, y permitiendo que más naciones se sumen cuando estén listos.
¿Cuáles son las implicaciones de la moratoria para los aranceles a las transmisiones digitales?
En 1998, los miembros acordaron no imponer aranceles aduaneros al comercio electrónico. Esta decisión se ha renovado cada dos años y está próxima a cumplir casi tres décadas.
Antes era un proceso más automático, pero ahora, con el crecimiento de la economía digital, los miembros están evaluando sus implicaciones. La moratoria incluye temas como la industrialización digital, la participación de las pymes en la economía digital y los beneficios para los consumidores. No se trata sólo de aranceles sobre el comercio electrónico, sino del ecosistema digital en su conjunto y del rol del comercio para aprovechar estas oportunidades.
En este momento, ¿cuál es el rol de América Latina en la OMC?
América Latina está jugando un papel muy importante en la Organización Mundial del Comercio. En esta conferencia ministerial en Yaundé se ve un liderazgo fuerte y claro de la región. Ese liderazgo se refleja en las propuestas que se presentan y en el impulso a temas como la reforma del sistema, buscando que la organización sea más ágil, efectiva y acorde con los tiempos. También es clave para ayudar a gestionar las tensiones comerciales que estamos viendo.
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