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La historia de la microfinanciera que ha ayudado a 1,7 millones de emprendedores

Aseguran que un 52% de las personas que han cruzado por el sistema logran salir de la línea de pobreza.

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Edwin Bohórquez Aya
09 de noviembre de 2023 - 04:31 p. m.
“Durante estos 15 años, el 54% de nuestros clientes han sido
mujeres, una mayoría que nos demanda incorporar lentes de género para conseguir un impacto diferencial”, dijo la entidad financiera.
“Durante estos 15 años, el 54% de nuestros clientes han sido mujeres, una mayoría que nos demanda incorporar lentes de género para conseguir un impacto diferencial”, dijo la entidad financiera.
Foto: Luis Eduardo Noriega
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“Los colombianos son buena paga” decía un banquero español cada vez que se le preguntaba cómo iba la cartera de la entidad financiera que lideraba. Lo decía, una y otra vez, en esos encuentros en donde se habla de inclusión financiera, de la necesidad de formalizar el empleo en Colombia, de la posibilidad de que una persona a la que no le prestan plata deje de acudir a los agiotistas pagando intereses del 20% diario, y pueda tener las puertas abiertas de un sistema que tradicionalmente ha sido excluyente con los menos favorecidos, con los que tienen ideas, pero no propiedades; con los que tienen pocos años, pero muchas ganas; con los que no son embargables y por eso no les prestan plata.

“Y las mujeres son más buena paga que los hombres”, era otra de las frases que se le escuchaba constantemente. Cuando se indagaba un poco más, decía que las mujeres siempre pensaban en su entorno, es decir, su familia pequeña, su familia grande y la comunidad en donde vivía. Lo sustentaba con las cifras que mostraba. Y también, en medio de esas conversaciones, se iban tejiendo historias de personas que, con un crédito bancario, con hechos y pruebas, habían logrado cambiar sus vidas.

Doña María Nohelia era una mujer que montó un restaurante en un andén del barrio Aranjuez, de la Comuna 4, en Medellín, una zona que en los años 80 y 90 vivió en carne propia la crudeza del narcotráfico, del conflicto social, de los asesinatos, de las pandillas. Ella, desplazada por la violencia, llegó a la capital antioqueña, vendió limones en la plaza de mercado, pasteles de pollo caminando por las calles -pero se perdía-, entonces un día, al frente del lugar en donde vivía, se levantó a la madrugada para hacer arepas y venderlas en el que luego sería su emprendimiento: una venta de arepas con ‘calentao’, gaseosa, chorizo, huevos revueltos.

Tenía ventas crecientes, pero nadie le prestaba un peso para comprar una vitrina. O unas buenas ollas. Y no era difícil de entender el porqué: su negocio era en un andén, cocinando con leña, sartenes quemados y las sillas eran tablas puestas sobre piedras. Pero aun así, la clientela le compraba cada vez más hasta que un día un asesor de una microfinanciera se le acercó, pidió huevos y mientras tanto, le contó que había forma de que le dieran un crédito. Un microcrédito. Le ayudaron con el trámite, pagó, entonces le dieron otro crédito, creció, pudo darle la educación básica a sus hijos y levantar una familia. Ella, como otros emprendedores de la zona, estaban en la positiva tasa del 99% de personas que pagaban bien sus créditos. Sus microcréditos.

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Su historia se volvió un ejemplo a seguir, tanto que una de sus hijas, gracias también al sector financiero, se ganó una beca para estudiar medicina con todos los gastos pagos. Y como la de doña Nohelia hay 1,7 millones de historias. La de Ceneris Espitia, por ejemplo, una mujer que llevó internet a la zona rural de Urabá, logrando que 200 estudiantes y pobladores locales se conectaran. Su labor fue tan loable que hasta la reconocida la reina Letizia, de España, por el impacto en la comunidad.

O la de Jéssica Hernández, quien creó un negocio de alquiler de lavadoras y confección de ropa en Soacha, al sur de Bogotá. Su historia fue tan inspiradora que fue a la ONU a contarla. “La idea surgió en un momento en que yo necesitaba una lavadora, entonces era una necesidad mía, y por eso entiendo a todo el mundo. Nació con un proyecto que hicieron la ONU y Acnur de empoderamiento femenino. Eran 35 emprendedores y mi proyecto de alquilar lavadoras salió favorecido. Empecé a alquilar tres máquinas. Aparte de eso, también lavo ropa en mi casa. Fue una necesidad básica con ayuda externa”.

Jéssica, en una entrevista con El Espectador, nos dijo: “Cuando fui a pedir mi primer préstamo, tenía varias lavadoras dañadas, entonces lo pedí para arreglar los motores y para comprar una nueva máquina. Yo no tenía vida crediticia, entonces ellos fueron hasta mi casa, me hicieron un estado de cuenta con las facturas que manejaba y me dijeron sobre cuánto podía endeudarme para no sobreendeudarme; de cómo podía pagar mis cuotas, cumplir con el banco y progresar. Eso es muy chévere, que le digan a uno: “Sí le puedo prestar”, porque uno solo es gasto y más gasto. Por el hecho de ser mujer y cabeza de hogar, como que lo tienen a uno excluido, dicen que uno es irresponsable; pero resulta que cuando uno está comprometido con la vida y con sacar a sus hijos adelante, todo lo puede lograr”.

Y así es que se ha tejido, como una colcha de retazos, la historia de la microfinanciera que acaba de llegar a los 15 años de vida. “Bancamía nació con el propósito de contribuir al desarrollo sostenible de personas vulnerables, hecho que evolucionó la forma en que hacemos inclusión crediticia en el país. Le dimos vida a una categoría que hoy ya cuenta con varias instituciones cuya labor nos permite, desde las microfinanzas, gestionar estos grandes propósitos que son comunes al hecho de construir oportunidades de desarrollo para los más vulnerables”, dice Viviana Araque Mendoza, presidenta de Bancamía.

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En cifras, cuenta la entidad, ha “desembolsado 4,9 millones de créditos productivos por $15,2 billones para atender las necesidades de crecimiento de 1,7 millones de microempresarios, que representan la fuerza productiva más grande del país. Así mismo, ha atendido desde su creación a un total de 2,3 millones de clientes en los 32 departamentos de Colombia, con toda su oferta de valor, basada en financiación, ahorro, inversión y protección”. O, por ejemplo, cuentan que “más de 250.000 personas lograron acceder -por primera vez- a tener productos como cuentas de ahorros o un Certificado de Depósito a Término (CDT)”. O también que “ha facilitado que un 52% de sus clientes con crédito haya salido de la línea de pobreza luego de tres años de relación con la entidad”.

“Varios cientos de miles de microempresarios han accedido a su primer crédito gracias a Bancamía. Las cifras son increíbles porque estos microempresarios que están en la pobreza, uno de cada dos, en menos de 5 años, sale de la pobreza con el primer crédito productivo y les estamos dando capacidad para generar riqueza”, cuenta Mario pardo, presidente del BBVA Colombia, cuando recuerda que Bancamía es “la microfinanciera que confundamos y que controlamos desde la Fundación Microfinanzas BBVA”, que es “una fundación sin ánimo de lucro” y que, advierte, está “haciendo un trabajo realmente espectacular”.

Las historias de los emprendedores son las que, al final, construyen la historia de la economía de un país: “Empecé haciendo domicilios de peluquería mientras estudiaba y me capacitaba. En ese momento conocí a Bancamía, fue el primer banco que creyó en mí y me prestó mi primer crédito en el 2014. Poco a poco fui subiendo el monto, ahora accedo a montos altos y he podido construir mi sueño: mi propia academia donde capacito a personas en conocimientos sobre peluquería, beneficiando a muchas personas que no pueden desplazarse a otros lugares para estudiar”, cuenta Yuli Ruíz, una estilista profesional de 27 años que tiene su negocio en Puerto Caicedo, Putumayo. Ella fue la ganadora del Premio a la Microempresa del Año en la Categoría Mujer.

Dana Betsy Araque, de 56 años, oriunda de San Vicente del Chucurí, Santander, es madre cabeza de hogar dedicada a la plantación, siembra y recolección del cacao para vender transformado en dulces en su municipio y en Bucaramanga. “Desde que aprendí en el Sena me he dedicado al cacao y contar con Bancamía me ha permitido comprar insumos, papelería, pagar a las madres cabeza de hogar que empleo y tener una asesoría para invertir en mi emprendimiento”.

Si conoce historias de emprendedores y sus emprendimientos, escríbanos al correo de Edwin Bohórquez Aya (ebohorquez@elespectador.com) o al de Tatiana Gómez Fuentes (tgomez@elespectador.com). 👨🏻‍💻 🤓📚

Edwin Bohórquez Aya

Por Edwin Bohórquez Aya

Comunicador social-periodista. MBA Inalde Business School. Premio Iberoamericano de Periodismo Económico IE Business School, Madrid (España). Premio a Mejor trabajo periodístico de Analdex, categoría prensa@EBohorquez_EyLebohorquez@elespectador.com
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