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25 Nov 2021 - 2:00 a. m.

Ver el emprendimiento social como un sector económico en auge

Andrés Santamaría, experto en la materia, habla de las posibilidades económicas y el impacto positivo de apoyar este tipo de emprendimientos. Asegura que las cámaras de comercio y el sector financiero son dos de los principales obstáculos para los emprendedores en Colombia.
Edwin Bohórquez Aya

Edwin Bohórquez Aya

Gerente Digital
Andrés Santamaría, director de RECON, organización enfocada en emprendimiento social en Colombia.
Andrés Santamaría, director de RECON, organización enfocada en emprendimiento social en Colombia.
Foto: GUSTAVO TORRIJOS

Andrés Santamaría, director de RECON, organización enfocada en emprendimiento social en Colombia, habla del proyecto de ley que está en las comisiones económicas con foco en esta creación de empresas con impacto social y critica a las cámaras de comercio, pues dice que son un negocio que no ayuda a los emprendedores.

¿Cómo se ve el ecosistema emprendedor colombiano tras un año largo de pandemia?

El mayor reto que tiene Colombia es la empleabilidad de los jóvenes. El desempleo está por encima del 34 %. No quieren emplearse de la forma en la que sucedió en otras generaciones, quieren emprender y no solo en el ecosistema convencional, sino que quieren emprender con impacto social, buscar soluciones sintiendo que están impactando socialmente. Hay dificultades en el emprendimiento convencional. Se tiene una nueva ley de emprendimiento, pero hay que dinamizar más las normas y facilitar la forma de emprender. Colombia no puede cambiar cada 18 meses el tema tributario, porque eso genera inseguridad jurídica. Las facilidades de acceso a recursos todavía tienen muchos obstáculos. El efecto de la pandemia en el emprendimiento, creo yo, ha sido negativo y ahora vamos a ver cómo afecta el clima político previo a las elecciones.

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¿En qué está el proyecto de ley de emprendimiento social que, entiendo, permanece en las comisiones económicas?

Somos un país atrasado y tenemos obstáculos culturales, estereotipos que nos afectan, incluso en los procesos de modelos económicos. Y cuando hemos visto la palabra “social”, creemos que es una tendencia política y no la vemos como una oportunidad de desarrollo económico y empleabilidad. Colombia ha sido un gran laboratorio de innovación social por las circunstancias del contexto del conflicto armado: la gente ha tenido que buscar soluciones innovadoras, generando ingreso y cambios en sus comunidades. Sin embargo, lo social lo vemos siempre traducido en un tema ideológico-político y eso ha generado atrasos normativos en políticas públicas. El gran vehículo para que esa innovación social se convierta en un modelo de negocio financiero sostenible y rentable es a través del emprendimiento social. Solo hasta diciembre del año pasado en la ley de emprendimiento se vino a poner una mención al emprendimiento social.

¿Qué es lo que tiene el proyecto de ley?

Partidos tradicionales proponen una ley, que es la 01420, por la cual se promueve la política de emprendimiento social. Lo que se busca es regular para definir el acceso a recursos, entender qué es y comprometer a las entidades territoriales. Si en este país convertimos los problemas sociales en oportunidades de negocios estamos solucionando los problemas, generando empleo, impactamos económicamente. Y cumplimos con los objetivos de desarrollo sostenible, que es la agenda mínima que se puso el Estado colombiano a 2030. El vehículo del emprendimiento social no es una terquedad, es una gran posibilidad para el país.

¿Cómo se ve el escenario en Colombia si esa ley pasa en el Congreso?

Tú me hablas de ecosistemas y eso es como un reloj: hay muchas piezas, y para que dé la hora, todo debe funcionar. Uno no impone ecosistemas, pero el Gobierno cumple facilidades en algunos temas: políticas públicas y normativas. Sin eso el reloj del emprendimiento social no va a funcionar: por eso la importancia de la norma. ¿Qué debe pasar? Un llamado al Congreso y al Gobierno para que la aprueben. Si eso pasa los jóvenes van a poder ser sostenibles, generar soluciones e impactos financieros. Hace tres años el 20 % se formalizaba y hoy estamos en el 50 % sin existir la norma. Un primer efecto es llegar a la formalización y con ello la oportunidad de crecer y seguir impactando.

¿El emprendimiento, en general, está logrando ser más sostenible? ¿Han logrado atravesar ese valle de la muerte en donde se topan con, por ejemplo, problemas por no tener un plan de negocios?

Hoy no tenemos ecosistema de emprendimiento social. La ley es un paso importante, pero en el país los emprendedores han cambiado el chip y han sacado herramientas del emprendimiento convencional, como el modelo de negocio para su propio crecimiento. Se han vencido estereotipos, se ha demostrado que pueden tener sostenibilidad financiera. Hoy en el país encuentras agencias de cooperación y con un porcentaje alto de sus recursos a promover modelos de negocio social en comunidades vulnerables y muchas provenientes del conflicto. Antiguamente, esa cooperación se iba para activismo, rechazo y no para modelos de negocio. Hoy es una tendencia generalizada que busca que la defensa de los derechos humanos y la construcción de paz estén dentro de una sombrilla de un modelo de negocio social. Ahí está el caso de los reinsertados y sus proyectos de desarrollo agrario. Por otro lado, son las universidades las que han cambiado y se han adaptado.

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¿Y entonces en dónde no ha cambiado?

En las instancias del Estado, allá siguen atrasados. Por eso la ley puede acentuar y armonizar para que las entidades del Estado trabajen con el emprendimiento social de la misma forma en que lo hacen con el emprendimiento convencional.

Resumamos ese proyecto. ¿Qué trae para que se le den dientes a todos y podamos tener un modelo actualizado?

Tiene un enfoque territorial en un país como Colombia. En El Charco, Nariño, hay personas que no quieren entrar a la realidad delictiva y tienen su emprendimiento social, lo mismo en Corinto, Cauca. Allá está el mayor grado de desempleabilidad. Esto le quita jóvenes a la guerra. Genera mecanismos de sostenibilidad y financiación. Y elimina esa brecha de acceso al sector financiero. Hoy a nuestros emprendedores ni siquiera les abren una cuenta de ahorros. El sistema financiero es totalmente alejado del emprendimiento social. Necesitamos que el sistema entienda este nuevo sector económico, como se ve en Inglaterra, EE. UU. y Francia. El emprendimiento social es un sector económico en auge. El 30 % de la empleabilidad de la Unión Europea es emprendimiento social, empresas con fines sociales. Del 14 % al 17 % del PIB de países como Australia, Inglaterra, Francia o Italia proviene de emprendimiento social; eso está medido. Entonces generar una regulación te genera empleo, efecto en el PIB si lo llevas a que sea un sector económico. Esto es una cosa seria. La ley da reconocimientos legales, permite mayor formación por parte del Estado en emprendimiento social, permite que gobernadores y alcaldes promuevan el emprendimiento social y con todo esto se genera una cultura. Aquí tenemos casos de emprendedores sociales que llegan a una cámara de comercio y allá no saben que eso existe, creen que es un juego.

En Colombia es muy difícil hacer empresa. Se supone que la ley de emprendimiento ya aprobada reduce trámites para hacer empresa, pero uno sigue escuchando a los emprendedores que intentar formalizarse es tan difícil que prefieren quedarse en la informalidad. ¿Cómo encontrar soluciones, en este caso, por el lado del emprendimiento social?

Yo estoy de acuerdo. Lo convencional sigue siendo tortuoso. Los trámites, por ejemplo. Yo soy un crítico de las cámaras de comercio, pues hacen las cosas muy difíciles, totalmente alejados, pero más que el papeleo son los costos, y lo único que no se ha podido reformar son los costos. Eso se maneja como un mundo aparte e intocable donde meterse con el registro mercantil y hacerle una evaluación de los costos parece que nadie se atreve en este país. Son entidades mixtas con recursos públicos: son islas aparte, y Colombia debe darse la pela de reformarlas, que sean más modernas, dinámicas, ágiles, menos costosas: que acompañen más al emprendedor convencional.

Son las que atienden a los que comienzan sus negocios...

En el emprendimiento social la formalización es menor porque no ha habido normas, pero si hay un emprendedor social que busca soluciones debe haber excepciones de pago en registro y pago de registro.

Estímulos...

Y más que un estímulo, yo lo veo como un derecho. Si yo estoy buscando soluciones a problemáticas con ciertas condiciones, pues uno de los costos que deberían bajar es el de las cámaras de comercio. Yo creo que el tema más complejo es el de las cámaras, tanto para el emprendimiento convencional como el social. Y todas actúan diferente. Son unos entes burocráticos, regionalmente siempre han sido controlados por los mismos grupos de empresarios consolidados, no pequeños, que conforman las juntas directivas. No digo que no sean importantes: digo que hay que modernizarlas. La otra complejidad es el sector financiero, que cree que emprender es de alto riesgo y, por ende, hay mayor tasa de interés. El Estado debería compensar. Pero hay casos donde la garantía la pone el Estado y sin embargo mantienen tasas muy altas, y es que el emprendedor que nace tiene la tasa más alta: la máxima tasa de usura la tiene el emprendedor, entonces acceder a recursos es muy complicado.

¿Cree que no vamos a llegar a eso?

Yo pensé que la propuesta de Duque con la economía naranja y el emprendimiento se iba a dar esas peleas: no se las dio. Las cosas se tienen que transformar. Lo de las tasas es lo más grave, pero a un emprendedor ni siquiera le abren una cuenta de ahorros. Si eres emprendedor y te presentas como tal, el banco te manda una visita a la oficina, pero ¿qué pasa con los emprendimientos que son digitales o los que funcionan desde la casa? Pues eso es imposible. El acceso a préstamo es para los consolidados, entonces es muy difícil ser un país de emprendedores cuando tenemos unas brechas tan grandes en el sector financiero.

Con este proyecto de ley, usted nos habla del sector público. Y vamos entrando en el sector privado con las cámaras de comercio. Entonces, ¿qué función cumple el sector privado en el emprendimiento social colombiano?

El sector privado viene en una constante evolución personal. Los grandes accionistas y empresarios se preguntan cómo reinvertir sus utilidades. Una buena forma ha sido la fundación y dirección de sostenibilidad. Sin embargo, eso ha variado y hoy se está buscando impactar a través de emprendimientos sociales que busquen soluciones. Unilever, por ejemplo, está impactando en recuperación de plásticos en zonas del Pacífico. Con Postobón estamos llevando acceso a agua a escuelas públicas del país a través de un emprendimiento social. Entonces las empresas se expanden más, llegan a más gente y le inyectas a un negocio social. Están impactando a la comunidad y el emprendedor factura más y crece.

¿Esas son empresas muy grandes? ¿Eso llegará a las más pequeñas?

En la zona franca del Cauca varias empresas, de todos los tamaños, se unieron para apoyar emprendimientos sociales que también están llevando agua a escuelas públicas en ese departamento. Yo creo que sí. La reinversión de utilidades se está haciendo en emprendimiento social. Grupo Éxito hace parte de la junta de RECON. Con ellos miramos el acceso de bienes de emprendedores sociales a ese retail. Yo creo que ha crecido la voluntad del sector privado, más que la del Estado, en todos los niveles.

Vimos una protesta social protagonizada por los jóvenes. Este país fue noticia mundial. ¿Cómo puede el emprendimiento social cambiar esa realidad?

Yo soy caleño y viví el paro. Fui personero de Cali y conozco esa problemática. En Cali, la mayoría de delitos de alto impacto son cometidos por jóvenes, sobre todo menores de edad. En Cali los niños empiezan de siete a nueve años, ya han matado personas, empiezan solos, luego va el parche y luego las bandas criminales. Y RECON surge con el enfoque en Cali. Se buscaban oportunidades. Se habló de ampliar la jornada escolar, pero eso no iba a servir. En Cali hay un foco fuerte en el baile de salsa. Hay más de cien escuelas y todas son emprendimientos sociales. Pero no hay uno fuerte consolidado. No es como Brasil con la samba. No hay ingresos continuos. Ese talento que hay en Cali debe volverse un modelo de negocio sostenible para que no entren a la violencia.

Más Delirios...

Más Delirios, más Swing Latino, darles la oportunidad de que sean profesionales. Y esto te lo resumo desde el emprendimiento social: el joven colombiano, el joven caleño es alguien a quien el Estado no ha leído. Hay una equivocación de los gobiernos de las últimas décadas y no han mirado el papel del emprendimiento en los jóvenes, tanto en el social como en el convencional. No se les han dado las posibilidades y por eso no se ha creado el ecosistema. Cali es una insatisfacción de necesidades. Cali tiene una gran posibilidad en turismo, en baile, en danza, esa economía naranja, pero ven que no hay recursos, no hay orientación, nadie los acompaña, entonces para mí Cali es una de tantas. Durante las protestas quedó claro que no se soluciona solo con visión política, sino también con económica. Y los jóvenes decían: es que no tenemos nada qué perder. Y murieron más de treinta. Y eso debió generar una reflexión profunda. Esos muchachos no tienen ingresos y para ellos la educación tradicional tampoco es una solución. El modelo educativo tradicional tiene que tener una perspectiva y visión de emprendimiento.

Yo le hacía esa pregunta a la cabeza de Innpulsa: ¿Debería estar el emprendimiento en el colegio? ¿Una materia como historia o matemáticas?

Yo sí creo. A nosotros nos enseñaron a ser empleados, a ser sumisos, a no tener ideas, a buscar un buen trabajo. No nos enseñaron a crear un negocio, innovar, ser creativos, y a estos jóvenes les estamos dando la misma formación. Pero también hay enfoques: hay unos más artísticos, otros más tecnológicos, más digitales. Pero al final es que debes dar una solución educativa y económica. A los paros hay que darles soluciones económicas, Cali los contrató, a muchos de ellos, pero esa no es una solución sostenible. El país se ha equivocado. Por eso el proyecto de ley puede dar elementos.

Los que más generan empleo son las pequeñas empresas. Perdimos millones de empleos por la pandemia y hay muchas protestas. Este país tiene muchos problemas estructurales. ¿Usted cree que con el emprendimiento social podemos cambiar la economía, hacer una reconversión y no vivir de lo mismo, como el petróleo?

Yo creo que sí, cambia la forma de hacer negocios, pone sobre la mesa los negocios verdes. En este país lleno de dificultades y retos, lo que hay es soluciones por proponer. Nosotros debemos tener una visión de pequeños negocios, dinamizar para que haya más tiendas, más zapaterías...

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Interesante, porque por el otro lado se mira es el emprendimiento de alto impacto y escalabilidad...

El pequeño negocio hay que cuidarlo, si logras que las localidades cuiden los pequeños negocios le darán vida a esa localidad y no tendrá necesidad de ir a otra; será un ecosistema en sí mismo. Nos debemos preocupar por los pequeños negocios, que prosperen y surjan otros nuevos. Siempre medimos por capital y número de empleos, pero eso no puede ser.

¿Qué otras mediciones se deberían tener?

Somos un país de esencia comercial, con dos mares, el comercio está presente, y si entendemos eso y vamos a mediciones más allá de las tradicionales como qué resuelves con ese negocio. Muchas compañías tienen una o dos personas dedicadas a movilizar recursos para emprendimiento social. Pero si seguimos con la visión de preguntarles a esos emprendedores cuando están comenzando que cuánto empleo van a generar, pues eso será muy difícil. La meta es el impacto social. Si tienes una economía local vibrante, dinámica. Pero en zonas como el distrito de Agua Blanca, en Cali, no hay eso, no hay tiendas, no hay nada, y creen que todo se va a solucionar cuando lleguen las grandes marcas. No, la solución está en el pequeño. Roma está llena de pequeños negocios, no es la ciudad de los grandes centros comerciales. Nueva York protege el negocio pequeño. Entonces las mediciones deberían ser: impacto social y dinamismo local, esas mediciones deberían estar por encima de la empleabilidad.

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