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Aranceles, represalias y resiliencia: el mapa que deben leer las empresas

La guerra comercial de EE.UU. impacta a las empresas de forma más silenciosa y duradera de lo que sugieren los titulares: paraliza inversiones, encarece cadenas de suministro y, como muestra el caso Colombia-Ecuador, se contagia. Estas son algunas salidas que pueden explorar las compañías.

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04 de mayo de 2026 - 03:05 p. m.
Aerial top view, Container ship prow sailing in the green river. About the business of transporting imports, exports by container ships.
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Foto: Getty Images - Wachirawit Jenlohakit
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Aunque las consecuencias de la guerra en Irán han desbordado en titulares e impactos el panorama económico del momento, la guerra comercial de EE.UU. contra el mundo (con sus cambios en política arancelaria) es una de las principales presiones sobre empresas y consumidores de todo tipo.

Y, si bien el impacto ha ido suavizándose paulatinamente, el tablero arancelario sigue presentando un alto nivel de incertidumbre, especialmente para las empresas.

¿Cómo le pega las arenas cambiantes de los aranceles a la planeación de las empresas? La consultora global identificó tres aspectos clave en este escenario. El primero es el efecto paralizante de la volatilidad misma: muchas compañías están aplazando contrataciones e inversiones de capital incluso cuando la demanda se mantiene estable, lo que sugiere que la incertidumbre golpea antes que los propios aranceles.

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El segundo es una escalada más rápida y extensa de las represalias entre socios comerciales, que trae consigo reglas de origen más estrictas y mayores cargas de cumplimiento para las empresas.

El tercero, quizá el más estructural, es un giro hacia la resiliencia. Ante la fragilidad expuesta por las tensiones comerciales, las empresas están abandonando los modelos de producción “justo a tiempo” para adoptar esquemas de abastecimiento diversificado, nearshoring y mayores márgenes de inventario, apostando por cadenas de suministro más robustas aunque potencialmente menos eficientes en costos.

Una de las consecuencias derivadas del rediseño en el tablero comercial es que la fiebre arancelaria puede esparcirse, como lo muestra el escenario actual entre Colombia y Ecuador, que se encuentran enfrascados en una guerra comercial, iniciada por Quito, en la que sólo hay perdedores.

En 2025, las exportaciones de Colombia a Ecuador alcanzaron los USD 1.846,7 millones, mientras que las importaciones desde ese país fueron de 830,1 millones, lo que dejó un superávit de 1.016,6 millones, de acuerdo con Analdex.

Sin embargo, expertos advierten que el nivel actual de aranceles (100 %) hace prácticamente inviable el comercio bilateral, al duplicar los costos de los productos y empujar a los importadores a buscar mercados alternativos.

¿Qué caminos pueden tomar las empresas en este escenario?

La consultora recomienda que las empresas adopten una postura más activa frente al riesgo comercial. Eso implica, en primer lugar, tener claridad sobre su propia exposición: saber qué productos son críticos, qué proveedores están en zona de riesgo y en qué eslabones de la cadena de suministro los márgenes son más vulnerables.

Pero la visibilidad no basta si no va acompañada de preparación. KPMG sugiere desarrollar estrategias de respuesta para distintos escenarios —nuevos aranceles, represalias, cambios regulatorios— y fortalecer la resiliencia operativa con abastecimiento diversificado y una logística lo suficientemente ágil para moverse en un entorno que, por ahora, no muestra señales de calma.

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“América Latina, y particularmente Colombia, puede posicionarse como una alternativa confiable dentro de cadenas de suministro reconfiguradas si logra ofrecer una política comercial predecible, una aduana eficiente y mayor certeza regulatoria. En un mundo más proteccionista, los países competirán menos a través de muros arancelarios y más a través de productividad, resiliencia e integración en mercados globales de mayor valor”, aseguró Douglas P. Zuvich, Regional Managing Partner, Tax and Legal Services de KPMG para Latinoamérica.

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