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Ecopetrol cae en Moody’s en medio de dudas sobre el respaldo estatal: así está el panorama

Moody’s bajó la calificación de Ecopetrol a Ba2 y cambió la perspectiva a negativa. La agencia advierte menor claridad en el respaldo estatal y presiones de liquidez por el FEPC, mientras la empresa defiende su fortaleza operativa y diversificación.

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24 de abril de 2026 - 05:19 p. m.
En los últimos días, el presidente Gustavo Petro ordenó a Ecopetrol destinar parte de sus utilidades para subsidiar fertilizantes, en medio del alza global de precios.
En los últimos días, el presidente Gustavo Petro ordenó a Ecopetrol destinar parte de sus utilidades para subsidiar fertilizantes, en medio del alza global de precios.
Foto: Mauricio Alvarado Lozada
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Moody’s movió una ficha que el mercado llevaba semanas oliendo.

La agencia bajó la calificación global de Ecopetrol de Ba1 a Ba2 y cambió la perspectiva a negativa. El ajuste no tocó la base del negocio: la evaluación individual se mantuvo en b1.

La señal es menos sobre la empresa en sí y más sobre el entorno que la rodea.

“La rebaja a Ba2 y el cambio de perspectiva a negativa reflejan una evaluación más débil del apoyo del Gobierno de Colombia”, escribió la calificadora.

Según el informe, el respaldo estatal, que durante años funcionó como un ancla implícita de confianza, ya no es tan claro ni tan predecible.

La decisión se anunció ayer, 23 de abril, en Nueva York. Ese mismo día, en Bogotá, Ecopetrol comunicó el cambio y defendió su fortaleza operativa. “La agencia reafirmó la evaluación de riesgo crediticio base (BCA) o calificación individual en b1, resaltando la fortaleza intrínseca de la compañía”, señaló la empresa.

Las dos realidades de Ecopetrol

Por un lado, la petrolera que produce, transporta y refina, con números todavía defendibles dentro de la industria. Por el otro, la empresa atada a decisiones públicas que empiezan a pesar más en su perfil de riesgo.

Moody’s lo aterriza en un punto concreto: el Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC). Ese mecanismo, que compensa a Ecopetrol cuando vende combustibles por debajo del precio internacional, dejó de ser una garantía simple.

El informe afirma que a finales de marzo el Gobierno debía pagar saldos pendientes del FEPC por cerca de COP 1,6 billones. En su lugar, acordó una estructura alternativa con un pago en efectivo mínimo, de alrededor de 0,2 %, y el resto mediante títulos de deuda pública que se entregarán más adelante en el año.

“Si bien esto reduce la incertidumbre respecto a la obligación del Estado, el aplazamiento debilita la visibilidad del flujo de caja a corto plazo”, subraya.

La deuda no desaparece. Cambia de forma. Y, sobre todo, de tiempo.

Ese diferimiento presiona la caja en el corto plazo y obliga a la empresa a financiarse mientras los recursos se materializan.

El riesgo puede escalar. Si el precio del petróleo se mantiene alto y los precios internos no lo siguen, el hueco del FEPC crece y la necesidad de capital de trabajo se amplía.

En ese escenario, advierte Moody’s, aumentan las presiones de liquidez si los reembolsos siguen retrasándose o dependen de instrumentos distintos al efectivo.

La foto se completa con uno de los elementos más criticados por analistas y accionistas: el gobierno corporativo.

Los cambios recientes en la alta dirección y la junta, en los últimos 12 a 18 meses, no son neutros. “Refuerza la percepción de una mayor influencia política”, dice el informe, con una salvedad: “Aunque no esperamos que estos cambios provoquen una interrupción a corto plazo de la estrategia (…), constituyen un factor clave a la hora de evaluar el riesgo de interferencia gubernamental”.

El punto es la trayectoria

Desde 2022, Ecopetrol arrastra un deterioro sostenido en sus resultados. Ese año marcó un pico histórico, con utilidades por COP 33,4 billones impulsadas por un Brent cercano a USD 99. Tres años después, el panorama es otro: en 2025, las ganancias cayeron a COP 9 billones, el nivel más bajo en ocho años.

El desplome frente a 2022 supera el 70 %. La explicación oficial apunta al precio del Brent, que pasó de USD 99 a USD 68 en ese periodo.

Es cierto, pero incompleto.

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La comparación con otras petroleras muestra que el entorno afectó a todos, pero no por igual. Petrobras, su par más cercano en la región, ya logró recuperar parte de sus utilidades, apoyada en mayores volúmenes de producción. Ecopetrol, en cambio, mantiene márgenes más estrechos y menor capacidad de absorber choques.

Ahí es donde el mercado empieza a mirar más allá del precio del petróleo.

Contexto: Así está Ecopetrol frente a otras petroleras en medio de los escándalos de Ricardo Roa

Las decisiones de política pública, la incertidumbre sobre el rumbo de la transición energética y los episodios recientes de gobierno corporativo (incluidas las tensiones alrededor de la presidencia de Ricardo Roa) han ido sumando ruido sobre el perfil de riesgo de la compañía.

Moody’s, aun así, reconoce la base. “Refleja un sólido perfil empresarial de Ecopetrol como principal empresa integrada de petróleo y gas de Colombia”.

Ese respaldo descansa en su escala, su integración vertical y su rol estratégico en la economía. La filial ISA, con operaciones en transmisión eléctrica en varios países, también añade a esa narrativa de diversificación.

Pero el crédito no se mueve solo por lo que la empresa es. También por lo que podría llegar a ser bajo ciertas decisiones.

La calificadora introduce otro riesgo en la mira: una eventual adquisición grande financiada con deuda. La cual podría aumentar el riesgo de refinanciamiento, “especialmente si dicha financiación se basa en instrumentos de deuda a corto plazo o puente”.

Entérese más en este especial:

Por ahora, la liquidez aguanta

Ecopetrol cerró 2025 con cerca de COP 12,5 billones en caja (unos USD 2.700 millones), además de líneas de crédito disponibles entre USD 500 y 700 millones y autorizaciones adicionales de financiamiento por COP 5 billones.

Pero el margen es cada vez más estrecho. Moody’s anticipa flujo de caja libre negativo en 2026. Inversión alta, dividendos entre 40 % y 60 % de las utilidades, y pagos del FEPC que no necesariamente llegan cuando deberían.

La tensión se acumula ahí.

El frente político añade otra capa. En los últimos días, el presidente Gustavo Petro ordenó a Ecopetrol destinar parte de sus utilidades para subsidiar fertilizantes, en medio del alza global de precios.

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La decisión responde a una lógica de política pública, pero vuelve a poner sobre la mesa una tensión de fondo: el uso de la caja de la empresa para objetivos que trascienden su operación.

El mercado toma nota de esas señales. No siempre distingue entre una orden puntual y una posibilidad con cifras técnicas claras.

La perspectiva negativa apunta justo a eso: incertidumbre sobre la consistencia y previsibilidad del entorno.

Una mejora en la calificación es poco probable en el corto plazo. Para estabilizarla, la agencia señala tres condiciones: mayor claridad sobre el apoyo estatal, reglas más predecibles en mecanismos como el FEPC y disciplina financiera sostenida.

El escenario contrario también está delineado. Más presión si el respaldo del Gobierno se debilita, si la liquidez se estrecha o si el desempeño operativo sigue deteriorándose.

Ecopetrol sigue siendo la empresa más grande del país, con activos por COP 283 billones y una producción cercana a 745.000 barriles al año.

Nada de eso cambió ayer.

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