En Davos: globalización como antídoto para la globalización

Los líderes de Alemania, Francia e Italia hicieron una especie de frente común en sus discursos para abogar por el libre comercio de cara a las políticas proteccionistas. Trump llega el jueves a la cumbre.

AFP

En su segundo día, la cumbre del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, siguió tocando la nota predominante del encuentro: la globalización es la mejor salida a los problemas causados por la globalización, más o menos.

Suena algo paradójico, pero se entiende si el otro punto de la discusión es el auge de los nacionalismos y sus consecuentes tendencias a una forma de proteccionismo que pareciera no convenirle a nadie en la economía global.

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El punto de interés acá es que, a pesar de seguir pregonando por la apertura económica, nadie parece divisar un camino claro para resolver la desastrosa repartición de los dividendos que ha dejado el progreso global.

La mayor amenaza de la retórica nacionalista viene del lado, por supuesto, de Donald Trump, que parece embarcarse en una suerte de guerra comercial contra China para privilegiar varios sectores de la economía de EE. UU. Trump se propone revivir las fábricas en Estados Unidos castigando lo que considera prácticas comerciales ilegales de otros países y reducir los déficits comerciales.

Para lograr esto, entre otras acciones, comenzó por castigar las importaciones de lavadoras y paneles solares hechos en Asia, especialmente en China y Corea del Sur.

En la cumbre, los líderes de Alemania, Francia e Italia se pronunciaron contra el proteccionismo y el aislacionismo, al tiempo que ofrecieron una Europa que puede llenar el hueco que dejan países que prefieren retirarse del liderazgo mundial, pero sólo si es “más activa”, “se refunda” y “actúa”.

En los discursos de la canciller alemana, Ángela Merkel, el primer ministro italiano, Paolo Gentiloni, y del presidente francés, Emmanuel Macron, no faltaron alusiones -directas en algunos casos y más indirectas y sutiles, en otros- hacia el proteccionismo y el aislacionismo que promueve Trump.

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Gentolini, por ejemplo, dijo que “es totalmente legítimo y comprensible el deseo de líderes de defender a sus ciudadanos, sus empresas y su economía. Obviamente hay un límite y ese es el marco en el que todos vivimos. Sí, se puede defender a los ciudadanos, a las empresas y a los trabajadores, pero vivimos en un sistema con acuerdos comerciales, el libre comercio, reglas internacionales y decisiones multilaterales y tenemos que mantenerlo en funcionamiento".

Al tiempo, la canciller Merkel aseguró que “si pensamos que las cosas no son justas, que los mecanismos no son recíprocos, entonces tenemos que encontrar soluciones multilaterales y no unilaterales”.

Esta visión la comparten ministros y funcionarios de casi todos los países de la Unión Europea, como Mario Centeno, responsable de las finanzas en Portugal, quien, en declaraciones para Bloomberg, dijo que “siempre nos preocupan las políticas proteccionistas, que realmente no creo que sean la manera de liderar nuestras economías. Pero tenemos que estar preparados para responder a eso con los mayores niveles de competitividad de nuestro lado. No creo que las guerras comerciales puedan ser rentables para nadie”.

Latinoamérica toma la palabra

Mientras los líderes europeos hablaban de unidad frente al nacionalismo, los líderes latinoamericanos se encargaron de proyecta una imagen de solidez y estabilidad, apoyada por las proyecciones del Fondo Monetario Internacional, que anclan en 2,6% el crecimiento económico de la región en 2019.

Estas previsiones están apoyadas, en buena parte, por la recuperación económica de Brasil. Durante su intervención en Davos, Michel Temer, presidente brasileño, aseguró que está naciendo un “nuevo Brasil” y agregó que “Cuando las cuentas públicas están en forma y ordenadas puede haber crecimiento y empleo. Hay un combate arduo, pesado contra la corrupción en el país (...) Pero en Brasil las instituciones están funcionando, tenemos una separación absoluta de poderes”. 

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Por cierto, sobre Temer pesan sospechas de hechos de corrupción. En agosto, el Congreso brasileño lo salvó de ser investigado, aunque en septiembre se conoció un informe de la Policía Federal en el que lo señalan de actos de corrupción.

Al evento asisten, además de Temer, el presidente Juan Manuel Santos; Juan Carlos Varela, mandatario de Panamá, Mercedes Aráoz, primera ministra de Perú y Mauricio Macri, presidente argentino, entre otros funcionarios oficiales y de alto nivel latinoamericanos.