¿Es buen negocio cubrir los riesgos en esta crisis?

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Aunque el coronavirus ha golpeado las finanzas de las aseguradoras y viene cayendo la demanda de estos servicios, el sector dice tener la liquidez suficiente para responder a sus clientes.

No se han hecho públicas las cifras que lo demuestran, pero todos los analistas, e incluso las compañías, saben que la volatilidad de los últimos meses por cuenta del coronavirus les pasó cuenta de cobro a los balances financieros de las aseguradoras en el segundo trimestre del año. Sin embargo, podrían ser de las industrias menos afectadas gracias a su capacidad de adaptarse al riesgo.

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Arturo Najera, director de estadísticas de la Federación de Aseguradores Colombianos (Fasecolda), reconoció que la economía mundial se ha visto afectada por la pandemia y, en Colombia, el sector asegurador no es ajeno a ello: “La industria empieza a sentir el impacto del COVID-19 y eso se refleja en una disminución en la adquisición de seguros y en los impactos del mercado financiero”, dijo. Sin embargo, destacó que en los últimos meses las personas han realizado reclamaciones en los diferentes ramos como autos, SOAT, salud, arrendamiento, vida e incendio, y las compañías han respondido a sus clientes.

Las cifras más recientes de la Superintendencia Financiera, con corte a marzo de este año, no reflejan aún una caída en la emisión de primas. De hecho, estas crecen 10,15 % (con un acumulado de $7,53 billones) respecto al mismo mes de 2019, así como las categorías más importantes (automóviles, ARL, vida grupo y SOAT), que tienen variaciones positivas (1,8, 10,3, 12 y 3 %, respectivamente). De hecho, las únicas primas que evidenciaban una pérdida frente al año anterior eran las de seguros educativos (-15,1 %), rentas voluntarias (-15,6 %) y pensiones voluntarias (-363 %).

Esto podría explicarse, de acuerdo con Juan Enrique Bustamante, presidente de Seguros Mundial, por el hecho de que el sector resiente la disminución de la actividad económica con un período de retraso, pero en definitiva cree que los resultados y los ingresos de las compañías de seguros se verán afectados en el futuro cercano. También cree que la recuperación será paulatina, “evidentemente larga”, porque la cuarentena pausó casi todas las actividades económicas y con ello afectó la intención de las personas y los negocios por tomar estos productos, “muchos postergaron la decisión porque no los necesitan y otros no lo pueden hacer porque vieron afectados sus ingresos”, dijo.

En las estadísticas de abril se verá si la cuarentena afectó o no la demanda de seguros respecto a las cifras que viene manejando la industria. En el caso de Seguros Mundial, Bustamante explicó que los productos más golpeados son los relacionados con movilidad, por la parálisis en el transporte público, y los de arrendamientos. “Eso hizo que el volumen de primas disminuyera de una manera sensible, ese fue de los primeros efectos”, aseguró, al tiempo que manifestó que trabajan para afrontar estos retos de la mejor manera.

Por su parte, el vicepresidente de Seguros, de Seguros Sura Colombia, Carlos González, resaltó que ven con optimismo que “se van dando mecanismos para que tanto las empresas como las personas se reincorporen a sus actividades”. Pero no desconoce que así como habrá unos sectores económicos afectados, el aseguramiento en algunas líneas de negocios recogerá mucho de lo que suceda en ese contexto. De hecho, cifras del grupo muestran que la expedición de pólizas para abril estuvo por debajo de lo esperado, pero en niveles similares a los del mismo mes del año anterior.

Específicamente, en el cuarto mes del año Sura identificó caídas en divisiones como automóvil y SOAT por la suspensión de la venta de vehículos y en los seguros ligados a los préstamos. En la división de empresas bajó la demanda de seguros de cumplimiento por el menor desarrollo de negocios, sin embargo, al mismo tiempo se mantuvo el nivel de aseguramiento en vida y salud, “la gente valora contar con esas coberturas en esta coyuntura”, señaló González.

Si bien en Colombia ninguna compañía ha lanzado una alerta, en el ámbito mundial empresas como la británica Lloyd’s of London advirtieron que el coronavirus se convertiría en uno de los siniestros más caros de la historia del sector, junto con el huracán Katrina o los atentados del 11 de septiembre, con pérdidas estimadas de US$203.000 millones este año, principalmente por indemnizaciones y por la volatilidad en sus inversiones.

Por un lado, la cancelación de eventos deportivos, culturales y de entretenimiento, el aplazamiento de viajes y el incumplimiento de compromisos cubiertos por aseguradoras les incrementarán los costos, y no son los únicos, hay cientos de pólizas relacionadas con el COVID-19. Por otro lado, el desplome de los mercados financieros y la recesión de las principales economías del mundo ya producen pérdidas en sus activos.

Sin embargo, Óscar Reyes, profesor de economía de la Universidad Central, piensa que el sector saldrá bien librado. Después de todo, ni la crisis financiera de 2008 quebró masivamente a las aseguradoras a pesar de representar un golpe directo a los activos y a las inversiones. “Que cambien las condiciones no las va a acabar, porque manejar esas eventualidades es la esencia de la industria, tienen gente experta en gestión de activos y pasivos, y en valoración de escenarios, y entienden mejor que nadie lo que significa que se materialice un riesgo y cómo cubrirlo”.

En ello coincide el presidente del Grupo Sura, Gonzalo Pérez, quien dijo que a pesar de que la volatilidad es mayor a lo esperado, “las compañías vimos cómo supuestos de riesgo de 1 en 100 años nos tocaron y aun así estamos preparados, tenemos la solvencia suficiente y la solidez patrimonial para superar esta crisis, como la calculamos, y peores escenarios porque nos preparamos durante décadas. Vale la pena trabajar con altos estándares de gestión de riesgos”.

Al respecto, el vicepresidente Carlos González destacó que el portafolio de inversiones venía cumpliendo el rendimiento financiero al 98 %, con corte al 11 de mayo, gracias a su posición conservadora. “Tiempo atrás, la compañía migró de colocación a acciones de otras compañías a títulos de renta fija, lo que nos ha permitido un muy buen resultado”.

En opinión de Reyes, las compañías con perfil conservador que visualizaron mejor lo que podía pasar tendrán mejor margen de respuesta, mientras que las que asumieron riegos muy altos en el pasado reciente probablemente tendrán problemas serios. “Las inversiones de las aseguradoras, con las que soportan esa futura materialización potencial de los riesgos, se hacen con una visión de largo plazo; por eso es importante la planificación de las compañías, los escenarios de estrés que modelaron”, dijo.

Además, las empresas destacaron sus políticas flexibles para superar la coyuntura. Al respecto, Bustamente dijo que las compañías de seguros “hemos dado alternativas para poder cobijar y reconocer la disminución de los riesgos y la situación de las personas en esta contingencia”. En su caso, se congelaron las coberturas y cobros de algunos seguros como los de transporte porque las empresas tienen su flota de buses parada. Además, se han hecho descuentos proporcionales a la disminución del riesgo o se ha acordado extender la vigencia del producto.

Sura, por su parte, dijo que adaptó su modelo operativo para ayudar a los clientes a que la contingencia sea más llevadera. Por un lado, permitió que las pólizas que las empresas pagaban de forma anualizada se fraccionaran en mensualidades a partir de julio y hasta diciembre, para darles un periodo de gracia y facilitarles el ponerse al día. Además, adaptó sus procesos de atención y suscepción a plataformas virtuales.

Sin embargo, la coyuntura también podría significar una oportunidad para la industria de expandirse, ahora que cambia la forma en que la gente percibe el sector asegurador y empieza a valorar la importancia de estar protegido ante las eventualidades a través de seguros de vida, salud, desempleo y empresariales, por mencionar algunos. Así, quedarían atrás las estadísticas que posicionan a Colombia como uno de los países en desarrollo con menor penetración de estos servicios, con una participación en el PIB de apenas 2,9 %, de acuerdo con Fasecolda.

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