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El sector que durante años sostuvo buena parte de las cuentas externas del país hoy produce menos, exporta menos y atrae menos inversión.
“El sector minero-energético fue un pilar macroeconómico de Colombia”, señala un informe de Corficolombiana. “Representó en promedio el 35 % de las exportaciones, concentró el 40 % de la inversión extranjera directa y generó COP 342 billones en ingresos fiscales entre 2013 y 2024”.
Los números recientes marcan la tendencia. La participación en el PIB pasó de 5,4 % en 2005 a 3,4 % en 2025. El valor agregado del sector está 20 % por debajo de 2019, mientras el resto de la economía ya superó ese nivel.
“El sector enfrenta hoy un deterioro estructural”, advierte el informe, que se refleja en una caída en variables concretas: la producción de petróleo ronda mínimos de más de una década, con 746.000 barriles diarios en 2025, y el gas cayó 17,2 % en ese mismo año. El país terminó importando más del 20 % del suministro interno.
La consecuencia es menos producción y menos exportaciones. Las ventas externas de petróleo cayeron 17 % y las de carbón 31 %. También se redujo la inversión extranjera en el sector (-8,7 %) y el recaudo por regalías (-22,7 %).
El conflicto en Oriente Medio y sus efectos en el sector
La tensión en Oriente Medio volvió a meter presión al mercado petrolero en cuestión de días. A comienzos de la semana pasada, el Brent superó los USD 100 tras anuncios de Estados Unidos sobre restricciones en el estrecho de Ormuz, por donde circula cerca del 20 % del crudo global.
Luego, tras un tira y afloja, y después un bloque de espera de negociaciones, el Brent cayó hasta USD 90,38. El panorama no pinta bien. Los cruces de fuego recientes volvieron a sembrar duda sobre la estabilidad del suministro.
En paralelo, la OPEP recortó su estimación de crecimiento de la demanda para el segundo trimestre en 500.000 barriles diarios, mientras la Agencia Internacional de Energía prevé una contracción anual de 80.000 barriles, en un entorno donde la geopolítica empieza a pesar tanto como los fundamentales del mercado.
Todo en la misma dirección
A nCorficolombiana descarta que el problema esté bajo tierra. “El deterioro no fue resultado del agotamiento de recursos, sino de un entorno de inversión que se degradó sistemáticamente”. Ahí entran varias capas: impuestos altos, cambios frecuentes en las reglas, freno a la exploración y problemas de seguridad en las zonas productivas.
La carga tributaria es uno de los puntos más sensibles. Colombia tiene una tarifa corporativa de 35 %, entre las más altas de la OCDE, y en este sector puede escalar hasta cerca del 50 % con sobretasas. A eso se suman trece reformas tributarias en tres décadas.
Demasiado ruido para inversiones que se planean a veinte o treinta años.
Contexto: Inversión extranjera arranca 2026 con repunte mensual pero pierde ritmo trimestral
En marzo de este año, entraron USD 831 millones de inversión extranjera directa, un salto de 19 % frente al mismo mes del año pasado, según el Banco de la República. El trimestre cerró en USD 2.129 millones.
Ese flujo es capital que se queda, financia proyectos y empleo. Cuando se desacelera, el impacto tarda en verse, pero llega. Al mismo tiempo, menos dólares entrando y más saliendo por portafolio ajustan el equilibrio cambiario.
El contraste aparece rápido. Entre enero y marzo de 2025 habían sido USD 2.343 millones. La caída es de 9,1 %. Es, además, el arranque de año más débil desde 2021.
Excesiva regulación
El informe también señala la proliferación normativa. Entre 2000 y 2025, minas y energía concentró el 9,4 % de la producción regulatoria del país, con un promedio de ocho disposiciones mensuales. “La frecuencia y la imprevisibilidad de los cambios (…) hace inviable la planeación de proyectos de largo plazo”.
El frente operativo tampoco ayuda. En 2024 se registraron 43 voladuras de oleoductos, con 4,1 millones de barriles que no se produjeron. A eso se suma la minería ilegal, presente en 26 departamentos y responsable del 74 % del oro que sale del país.
Competencia sin reglas
El resultado es visible afuera. Colombia cayó del puesto 28 al 66 en el ranking global de atracción de inversión minera del Instituto Fraser entre 2020 y 2024. Y varias multinacionales redujeron o cerraron operaciones: ExxonMobil, Shell, Repsol, Chevron, BP.
“La pérdida de confianza alimenta un círculo vicioso difícil de revertir”, afirma el documento.
En paralelo, el sector acumula ocho trimestres de contracción. En 2025 cerró con una caída de 6,2 %, la más fuerte desde 2009, excluyendo pandemia.
Menos minería y energía implican presión sobre la balanza comercial, sobre las finanzas públicas y sobre la seguridad energética.
El déficit comercial está detallado por el DANE. En febrero (el último registrado), la laguna fue de 1.235 millones FOB. Un año atrás había sido de USD 1.241 millones. La diferencia es mínima, de apenas 6 millones de dólares, que todavía mantiene al indicador en cifras rojas.
Las exportaciones crecieron de USD 3.780 millones a USD 4.211 millones. Las importaciones también, de USD 5.021 millones a USD 5.446 millones. Dos fuerzas avanzando al mismo tiempo.
La meta de Corficolombiana
Corficolombiana plantea una meta concreta: recuperar la producción hacia el millón de barriles diarios. El salto sería cercano al 34 % frente al nivel actual. El impacto, según sus cálculos, alcanzaría COP 13,3 billones en valor agregado adicional y más de USD 3.000 millones en exportaciones.
También ingresos fiscales entre 1,5 % y 4,5 % del PIB, dependiendo del precio del crudo.
No es inmediato. La producción de hoy depende de decisiones de exploración tomadas años atrás. Por eso el informe insiste en medidas de corto plazo para destrabar inversión: eliminar sobretasas, dar estabilidad tributaria y reactivar la exploración, incluidos los pilotos de yacimientos no convencionales.
En paralelo, aparecen los cuellos de botella de siempre. Licencias ambientales que pueden tardar más de 800 días y problemas de seguridad en los territorios donde se concentra la producción.
“Sin condiciones de certidumbre tributaria y regulatoria, las demás intervenciones tienen un alcance limitado”, advierte el análisis.
Hay otro ángulo menos cortoplacista, pero igual de relevante. La transición energética. La demanda global de minerales críticos va en aumento y Colombia tiene potencial geológico para participar en ese mercado. Ya hay señales: la inversión exploratoria en cobre se triplicó entre 2024 y 2025 y existen anuncios por USD 848 millones a veinte años.
“El país no enfrenta una restricción geológica, sino de política pública”, concluye.
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