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14 Feb 2022 - 2:00 a. m.

Tenemos que hablar de la brecha de género en las pensiones

La mayoría de los trabajadores no pueden cumplir con los requisitos para pensionarse en ninguno de los dos sistemas del país. Las mujeres enfrentan más obstáculos en el mercado laboral, pero poco se aborda este tema.
El 81,5 % de las mujeres pensionadas reciben menos de dos salarios mínimos, frente al 73,1 % de hombres.
El 81,5 % de las mujeres pensionadas reciben menos de dos salarios mínimos, frente al 73,1 % de hombres.
Foto: Getty Images

Los males del sistema pensional colombiano suelen estar sobrediagnosticados. Por lo general, la discusión se concentra en cuáles son los problemas y virtudes del Régimen de Prima Media (RPM), a cargo de Colpensiones, y del Régimen de Ahorro Individual Solidario (RAIS), a cargo de las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP). Pero, como lo señaló la Misión de Empleo, el problema principal es la cobertura.

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El análisis de este grupo de expertos muestra que, por un lado, en el mercado laboral hay un tránsito constante entre la formalidad y la informalidad, incluso los datos revelan que un trabajador promedio cotiza menos de la mitad del tiempo que trabaja. Por el otro, se exige un mínimo de semanas (1.300 en Colpensiones y 1.150 en las AFP). De ahí que la mayoría de los trabajadores no pueden cumplir con los requisitos y ambos sistemas excluyen a un gran porcentaje de la población.

Así las cosas, la Misión encontró que el trabajador promedio, bajo esas consideraciones, tendría que laborar 58 años para jubilarse en Colpensiones y 52 años en el caso de las administradoras de fondos privados. También se estima que alrededor de dos de cada tres cotizantes no alcanzará la pensión. A esto se le suma otra perla: el 70 % de los 1,5 puntos del PIB de gasto público que se destinan para subsidiar las pensiones en Colpensiones van a parar a familias que están en los dos deciles más altos de la distribución del ingreso, o sea, quienes menos necesitan subsidios en sus pensiones.

En otras palabras, para muchos colombianos pensionarse con el sistema actual es un sueño que nunca se va cumplir y, además, los recursos públicos están llegando a las familias que tienen más dinero y no a los más pobres. Ahora bien, si dentro de este sistema el afiliado es mujer, se suman otros obstáculos.

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¿Cómo les va a las mujeres en las pensiones?

El dato de cuántas mujeres que cumplen el requisito de edad logran pensionarse, en comparación con los hombres en las mismas condiciones, no lo tiene ni la Asociación Colombiana de Administradoras de Fondos de Pensiones y de Cesantías (Asofondos) ni Colpensiones. De hecho, a la pregunta sobre brecha de género esta última entidad respondió que es del 14 %, teniendo en cuenta que en el número de pensionados la mayoría son mujeres respecto a los hombres (es decir, lo calcularon partiendo de que el 57 % del total son hombres y el 43 % mujeres).

La cifra de Colpensiones indica que del total de pensionados en el régimen de prima media, 850.607 son mujeres. Al consultar de dónde sale esa cifra, encontramos que un buen número (308.141 mujeres que representan el 87 % del total de ese tipo de pensiones) tienen una pensión por supervivencia y un pequeño porcentaje corresponde a la pensión por invalidez (29.134, un 38 % del total de ese tipo de pensión). Evaluando solo la cifra de pensión por vejez, en este régimen las mujeres representan en realidad el 48 %.

Todo esto para destacar que ninguna de las dos entidades pareciera haber estudiado a fondo la brecha de género que hay entre sus afiliados.

Expertos consultados por este diario citaron algunos estudios que pueden dar una idea más clara acerca de la brecha. La Mesa Intersectorial de Economía del Cuidado y Fescol realizaron un informe basado en datos obtenidos por derechos de petición. El documento revela que en 2020, en ambos sistemas, del total de mujeres en edad de pensionarse, solo lo hicieron el 19 %, frente a un 29 % de hombres, registrando así una brecha del 10 %. Ese documento también dice que el 81,5 % de las mujeres pensionadas reciben menos de dos salarios mínimos, frente a un 73,1 % de hombres.

Una investigación de la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes, de 2019, realizada por Andrea López, también aborda el tema. La autora calcula que la probabilidad de pensionarse siendo mujer es del 15,12 %, mientras que la de los hombres es del 26,56 % en área urbana. En área rural para las mujeres es del 4,18 % y del 9,07 % para los hombres.

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Otro análisis tiene el Índice Global de Pensiones, un estudio del estado de los sistemas pensionales de 43 países publicado en octubre de 2021. En este índice la brecha de género en las pensiones en Colombia es del 20 %, un porcentaje que deja al país mejor que el promedio, pero que sigue siendo alto. Para llegar a esta cifra se evaluaron problemas del sistema y factores del mercado laboral que afectan la mesada.

“La desigualdad de género es abrumadora y se evidencia también en las pensiones”, asegura Alejandra Trujillo, abogada y coordinadora de proyectos en Fescol. La experta dice que como en Colombia la protección social está atada a un estatus laboral, en últimas las mujeres para pensionarse chocan con todos esos obstáculos del mercado de trabajo. Lo explica como una cadena de efectos que se inicia con el desempleo (que en 2021, por ejemplo, fue del 18,1 % para las mujeres, y del 10,6 % para los hombres), la informalidad (en el trimestre octubre-diciembre 2021, la proporción de hombres ocupados informales fue de 45,8 % y de mujeres 48,5 %), una sobrecarga de las labores de cuidado, sesgos de género en la contratación y brecha salarial, entre otros factores.

Según Trujillo, organismos como la Organización Internacional del Trabajo han mencionado la “penalización profesional de la maternidad”, con datos que revelan que las mujeres con hijos menores de seis años tienen menos probabilidades de estar empleadas que aquellas que no tienen hijos. Tampoco se puede perder de vista que el covid-19 agravó el panorama: hace varios meses la CEPAL dijo que con la pandemia en América Latina se perdieron cerca de diez años de avances en participación laboral femenina. La sobrecarga de labores de cuidado aumentó, el cuidado de niños que dejaron de ir al colegio, de familiares enfermos, el trabajo doméstico, etc.

David Cuervo, director de Bienestar Financiero y Patrimonial para Mercer Andina, Centroamérica y el Caribe, afirma que hay asuntos que se deben corregir desde el mercado laboral (como la diferencia en los salarios), pero que también hay otros que son netamente del sistema pensional. A grandes rasgos, dice que en el índice mencionado a Colombia le suma puntos la garantía de pensión mínima, teniendo en cuenta que el 50 % de los afiliados se pensionan con el salario mínimo y ahí no hay diferencia entre la mesada de hombres y mujeres. También ayuda que no hay diferencia al calcular la pensión de supervivencia e invalidez y que durante la licencia de maternidad se cotiza al sistema.

Pero también hay cosas que restan y resultan en esa brecha. Entre ellas que las mujeres, en general, entran más tarde a la vida laboral, tienen ausencias por desempleo y por dedicarse a labores de cuidado y se retiran cinco años antes (en Colombia la edad mínima es 57 años para las mujeres y 62 años para los hombres). De ahí que tienen menos probabilidades de cumplir con los mínimos requeridos para una pensión.

Cuervo agrega que tanto Colpensiones como las administradoras de fondos de pensiones (AFP) tienen sus particularidades. Por un lado, es más fácil llegar a las 1.150 semanas en el régimen de ahorro individual que a las 1.300 del régimen de prima media. Pero en este último el riesgo de longevidad lo asume el Estado, mientras que en las AFP se tienen en cuenta las tablas de mortalidad; es decir, la pensión se calcula en función del ahorro y del promedio de tiempo que puede vivir el afiliado: como las mujeres viven más, la mesada pensional es menor, salvo en los casos de garantía de pensión mínima.

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En un análisis realizado por Mercer, la brecha pensional en Colombia entre hombres y mujeres (sin incluir las variables del mercado laboral) es del 7 %, producto de la diferencia en la edad de retiro de cinco años y las tablas de mortalidad; si se igualara, la edad la diferencia sería del 4 %. Otro dato importante que agrega el director es que dicha brecha sería mucho mayor si las tablas de mortalidad se actualizaran, pues las que se manejan hoy están desde hace más de diez años.

Ante este panorama, para Cuervo, algunas de las opciones tienen que ver con usar tablas unisex e igualar la edad de retiro, que en la práctica no está beneficiando a las mujeres. En ese último punto coincide Marcela Meléndez, economista jefa para América Latina del PNUD y líder del capítulo de mercados laborales fragmentados y sistema de protección social de la Misión de Empleo. Durante un evento reciente, aseguró que la idea de que las mujeres se pueden pensionar antes que los hombres existe solo en el papel. Además, dijo que la regla por la cual una empresa no puede despedir a una persona a tres años de la edad de pensión dificulta la contratación de mujeres a los 54 años.

Frente a la idea de igualar la edad, Trujillo sostiene que esos cinco años de diferencia se sustentan “en las casi ocho horas diarias que dedican las mujeres a las labores del trabajo no remunerado” y agrega que la constitucionalidad de dicha diferencia fue incluso “defendida por la Corte Constitucional”, que argumentó, entre otras cosas, las dificultades que enfrentan las mujeres para vincularse al mercado laboral.

En ese sentido, opina que se deberían exigir menos semanas de cotización a las mujeres, ya que los requisitos actuales no son realistas. Y asegura que es fundamental que se eliminen obstáculos en la contratación, ampliando, por ejemplo, la licencia de paternidad. “Lo que se ha hecho por ahora es insuficiente, debemos ir hacia una pensión universal, un sistema diseñado con enfoque de género”. Para ella la otra opción sería contemplar el reconocimiento de semanas por hijos nacidos, aunque la medida deja por fuera el reconocimiento de otras labores de cuidado que recaen sobre las mujeres.

Meléndez opina que la respuesta es una pensión universal que incluya a toda la población y no solo a quienes trabajan a cambio de una remuneración. “Una pensión ciudadana significa que la mujer que no llama trabajo a su actividad, porque no recibe un sueldo directo, pero que ha estado históricamente trabajando en el negocio de su familia o que gasta largas horas de su vida en el trabajo doméstico de su hogar, cuidando a sus hijos, quede protegida en la vejez y reciba unos recursos. Esa es la mejor cosa que podemos hacer por las mujeres, atacando también la otra brecha, que es la de participación laboral”, afirmó.

Queda mucho por decir sobre el tema, incluso analizar la propuesta detallada de la Misión de Empleo. Por ahora, tenemos que hablar de la brecha de género en las pensiones, pues esa será una puerta para llamar la atención sobre la importancia del enfoque de género en la esperada reforma pensional que quedó debiendo este Gobierno.

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