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Una franja de mar de apenas 39 kilómetros de ancho puede alterar el precio que paga un conductor en una estación de servicio de Bogotá, Cali o Villavicencio. Se trata del Estrecho de Ormuz, una vía que se encuentra a 12.000 kilómetros de Colombia y por la cual transita cerca de un quinto del petróleo que utiliza el mundo entero.
Debido al conflicto actual entre Estados Unidos, Irán e Israel, los mercados energéticos están tensos y, poco después, también los consumidores sienten las consecuencias en su bolsillo.
Edwin Palma, el ministro de Minas y Energía, reconoció en una charla con Caracol Radio que la contienda en Medio Oriente podría obligar a cambiar el plan gubernamental para continuar reduciendo el precio de la gasolina en todo el país durante los próximos meses.
“Infortunadamente, tengo que decirlo, que sí es así”, respondió Palma.
La hoja de ruta oficial apuntaba a prolongar los recortes graduales en el valor del combustible (anuncios que el Gobierno esperaba extender, incluso, hasta mediados de año). Sin embargo, el deterioro del contexto internacional ha cambiado el cálculo.
El ministro explicó que la decisión no depende de un único elemento. La ecuación incluye la tasa de cambio entre el peso y el dólar, la conducta del petróleo en los mercados globales y las condiciones fiscales del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC), que es el sistema que atenúa las fluctuaciones del precio internacional del crudo en el país.
El Ministro, además, precisó que en las semanas subsiguientes el Ministerio evaluará la decisión a tomar para el ajuste del mes de abril junto con el Ministerio de Hacienda.
Un respiro breve para el bolsillo
Entre febrero y marzo de este año, el Gobierno redujo COP 1.000 el galón de gasolina en dos movimientos consecutivos de 500 pesos. Con esos ajustes, el precio promedio en las principales ciudades quedó alrededor de 15.057 pesos por galón.
El descenso fue moderado, pero sirvió. Desde 2022 hasta comienzos de 2026, el precio había subido COP 6.800, pasando de cerca de 9.300 pesos a más de 16.000 pesos por galón. Ese aumento respondió al intento del Gobierno por cerrar el enorme déficit acumulado en el FEPC, que durante años subsidió el combustible para evitar que los colombianos pagaran el precio internacional completo.
El sistema funciona como un colchón financiero, de modo que cuando el petróleo en el mundo se encarece, el fondo absorbe parte del golpe; cuando baja, el Estado recupera terreno.
Un mercado que se decide a miles de kilómetros
El nervio del problema está en Medio Oriente.
De acuerdo con la Administración de Información Energética estadounidense, cerca de 20 millones de barriles diarios de petróleo pasan por el Estrecho de Ormuz. Eso representa cerca del 20 % del crudo que consume el mundo.
Cualquier amenaza sobre esa ruta (desde tensiones militares hasta bloqueos logísticos) suele disparar la volatilidad en los mercados energéticos. Tanto así que Estados Unidos prevé activar una ley de la Guerra Fría que agilizará el suministro de combustibles durante el conflicto con Irán.
Y Colombia no es inmune a ese fenómeno.
David Jiménez Mejía, vocero gremial nacional de la red “Somos Uno”, que reúne a más de 6.400 estaciones de servicio en el país, enfatizó que una fracción importante del combustible vendido en el país depende del mercado global.
“Es importante señalar que cerca del 40 % de la gasolina motor corriente en el país es importada; luego, los precios internacionales del petróleo impactan en el precio interno de los combustibles”, dijo Jiménez.
Las estaciones de servicio, agrega, simplemente aplican el precio fijado por el gobierno a partir del denominado ingreso al productor, que es el componente que remunera la importación o refinación del combustible.
La inflación también está en juego
El precio de la gasolina no solo afecta a quienes conducen. También tiene efectos directos sobre la inflación.
Según ANIF, la inflación anual de febrero fue del 5,29 %, lo cual es un leve descenso con respecto al 5,35 % que se reportó en enero.
Una parte de ese resultado es exactamente porque el costo del combustible ha bajado.
El recorte de COP 500 por galón aplicado en febrero explicó cerca del 7 % de la inflación mensual de ese mes. Sin esa reducción, calcula el centro de estudios, la inflación anual habría alcanzado 5,38 %.
Sin embargo, cuando se excluyen de la medición los precios regulados, como combustibles y electricidad, la inflación subyacente muestra otra historia: 5,9 % anual, una cifra ligeramente superior a la del mes anterior.
De acuerdo con Analdex, en Colombia los costos logísticos son del 15,6 %, que es considerablemente más alto que el promedio de la OCDE (8 %) y el promedio global (11 % a 13 %), según lo estima el Banco Mundial.
En un país donde el transporte representa hasta el 44,5 % del costo logístico de un producto, cualquier reducción altera la competitividad de regiones enteras.
Las cuentas del petróleo en el presupuesto
El Gobierno también sigue de cerca el comportamiento del petróleo por otra razón: el presupuesto nacional.
En el plan financiero de 2026, el Ejecutivo proyectó un precio promedio del barril de USD 59,2, por debajo de los USD 68,2 registrados en 2025. Esa previsión sirve como base para estimar ingresos fiscales y costos energéticos.
Si el mercado internacional se mueve por encima de ese rango, algo que ocurrió hace una semana cuando las tensiones geopolíticas escalaron el precio hasta los USD 100, el equilibrio de esas cuentas puede cambiar. Hoy, de hecho, el precio del Brent se cotiza a USD 93.
Por ahora, las rebajas anunciadas a comienzos de año no están descartadas definitivamente, pero el panorama global obliga a recalcular.
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