Los retos de los nuevos líderes

“Invertir en las personas para triunfar en la era de los robots”

Carolina González es una de las invitadas al encuentro de Jóvenes de la Alianza del Pacífico para hablar de cómo serán los trabajos del futuro y el peso que deben tener los oficios enfocados en las humanidades.

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¿Quién es Carolina González?

Soy mamá, esposa. He dedicado gran parte de mi vida a ser economista. Estudié en la universidad de Los Andes, luego hice un doctorado en la Universidad de Maryland y ahora trabajo en el BID, en el tema de mercados laborales y seguridad social.

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¿Qué están haciendo en el BID sobre mercados laborales?

El BID le presta recursos para política pública a los gobiernos de América Latina, y en el área de mercados laborales miramos temas para mejorar la política laboral, pensional, para mejorar la seguridad social, financiamos proyectos, reformas de política, damos apoyo técnico para el mejor funcionamiento de política laboral.

¿Cuáles y cómo son los trabajos que tienen los jóvenes de hoy?

La mayoría de los jóvenes y de los trabajadores en Colombia están en el sector de servicios y en el de comercio. Y en el caso de los jóvenes hay mucha incidencia de empleo informal, entonces un joven típico colombiano trabaja en el Éxito con un contrato de corto plazo, con alta rotación, y desafortunadamente tiene una alta probabilidad de ir a un empleo informal donde no aporta a seguridad social, a cotizaciones de salud o pensiones. Eso es lo más común.

Son infelices con esos trabajos, ¿por qué cambian tan rápido?

No sé. La respuesta más técnica que le puedo dar a esa pregunta es no sabemos, porque no tenemos encuestas de satisfacción de empleo en jóvenes en Colombia, lo que pasa con frecuencia es que en el caso de empleo juvenil hay mucha rotación. Las tasas de desempleo son más altas para ellos que para la población en general. Pero eso no necesariamente es una mala noticia. En países como Alemania, los jóvenes rotan más porque no tienen dependientes, se pueden dar el lujo de cambiar de opinión, están descubriéndose.

Pero también es peligroso si una persona ingresa al mercado laboral y no lo hace de la mejor manera, pues eso tiene efectos a largo plazo. De hecho hay algo que estudiaron los economistas laborales que se llama efecto cicatriz y es el hecho que a veces el resultado que tienes en el mercado laboral, cuando eres muy joven, tiene efectos de largo plazo, entonces si entras mal al mercado de trabajo, a un empleo de mala calidad, eso tiene incidencia por mucho tiempo. Por eso hay que proteger a los jóvenes, para que cuando entren al mercado lo hagan en empleos productivos y puedan tener una buena transición entre el estudio y su primer empleo.

¿Y qué pasa con aquellos que están en la formalidad pero cambian mucho de trabajo?

Eso está sucediendo mucho y es que hay muchos empleos temporales dentro de la formalidad. Puede ser buena o mala noticia. Es que la gente se está descubriendo, que tiene opciones de mejorar, que cambia para progresar. Pero no siempre es así. Muchas transiciones son para empleos de peor calidad. Pero no es exclusivo de los jóvenes, es de toda la población laboral de América Latina. Eso es más difícil para la población adulta para quienes es más difícil reencaucharse.

En Colombia, la verdad, las trayectorias laborales no siempre son de éxito, no siempre son para mejorar, y por eso en el BID tratamos de trabajar para que haya apoyo en la búsqueda de empleo, la gente progrese y llegue a lugares donde puede ser más feliz.

¿Cuál es su opinión de los NiNi?

Es un fenómeno muy preocupante. Son los jóvenes que ni trabajan ni estudian; y me preocupan dos cosas allí. Pueden ser personas desmotivadas, que ya no tienen fe, energía para trabajar, o puede ser consecuencia del embarazo adolescente. De hecho, las cifras son altas en Colombia porque el 20 % de las mujeres colombianas han tenido un hijo antes de los 19 años. Entonces eso puede conducir a un ciclo de pobreza del que es muy difícil salir.

¿Cuáles serán los trabajos del futuro?

Hay mucha discusión sobre los empleos del futuro. Muchas cifras nos dicen que el 50 % de las ocupaciones van a desaparecer. La verdad es que si uno hace un análisis cuidadoso de los estudios al respecto, la incertidumbre es enorme. No sabemos qué va a ser del futuro; y eso es buena noticia porque eso confirma algo que creemos intuitivo y es que el futuro lo escribimos nosotros. No tenemos por qué adaptarnos a una revolución tecnológica con los brazos cruzados, esperando que decida lo que va a suceder con nuestra sociedad. ¿Qué sabemos de verdad? Que van a pasar tres cosas: la primera, que vamos a tener una población más envejecida, y eso quiere decir que vamos a trabajar por más años, que vamos a tener que estudiar más para actualizarnos más y acabar con ese modelo de educación que acaba a los 23 años. Lo segundo que va a pasar es que vamos a vivir en un mundo más globalizado, ser capaces de competir con el resto del mundo de una forma más intensa. Y lo tercero es el cambio tecnológico que será muy acelerado. Lo que suceda con eso dependerá de nosotros. En la historia ha habido grandes cambios estructurales que han revolucionado como la luz eléctrica, como la industrialización, y en ningún caso hemos tenido un ejército de desempleados como resultado. La razón por la que eso ha sucedido es porque hemos invertido en las personas, tratando de mejorar el capital humano para adaptarnos al cambio y ese es el llamado que yo creo nos están haciendo estos cambios tecnológicos: invertir en las personas para triunfar en la era de los robots.

Si Internet creó la posibilidad del teletrabajo, ¿cuál es el futuro de la migración laboral?

El mercado laboral será cada vez más integrado con el resto del mundo. Vamos a tener una profundización de cosas que suceden de alguna manera a escala más masiva, vamos a tener jóvenes en Colombia que desarrollan videojuegos que se venden en Singapur, y eso, para mí, es bueno. Yo dediqué muchos años de mi vida a estudiar el tema de la migración, de la globalización del mercado de trabajo, y soy una convencida de que la migración trae beneficios económicos importantísimos y culturales, porque entre más nos integremos al mundo, más crecemos culturalmente y más ganamos como sociedad. Entonces, cualquier cosa que nos involucre como humanidad es una buena noticia, y si la tecnología y el mercado laboral lo facilita, pues bienvenida sea.

Estamos en una generación de emprendedores. ¿Si todos quieren ser empresarios y jefes, quién será el empleado – subalterno?

En Colombia ya existe un nivel muy grande de emprendimiento, y es el cuentapropismo. En este momento, si nosotros miramos el mercado laboral colombiano la mitad de las personas son asalariadas, que tienen un patrón; la otra mitad son por cuenta propia y puede ser un emprendedor con muy buenos recursos que hace cosas interesantes, como freelancer, pero también puede ser el señor que vende arepas en la esquina. No creo que ese fenómeno se vaya a profundizar, lo que creo que va a pasar con el futuro es que habrá un cambio en las habilidades que necesitan estas personas para surgir, y algo que muy probablemente va a pasar con la automatización es que las personas van a depender más de sus habilidades socioemocionales, más de aquellas cosas que no son rutinarias y, sobre todo, aquello que los seres humanos tenemos ventajas sobre los robots. Eso es lo que creo que va a pasar.

¿Una economía puede ser más productiva si se enfoca en educación técnica? ¿Debería enfocarse en las necesidades de la industria por encima de los programas tradicionales en educación superior?

No creo. La educación universitaria es importante y lo seguirá siendo por dos razones: una es económica, y es que en la educación universitaria avanzada se mueve la frontera de la ciencia, y eso va a ser cada vez más importante, si tenemos que afrontar los retos del cambio climático, o los retos de una sociedad envejecida, para eso vamos a necesitar científicos con ideas, y eso se da en el ámbito universitario.

Además porque yo creo que la educación es un fin en sí mismo y las humanidades, la filosofía, la literatura, van a tener siempre un lugar increíblemente importante para construir una sociedad como la que queremos construir.

Habiendo dicho eso creo que la educación técnica debe tener un rol cada vez más importante y no puede seguir siendo vista como la alternativa de segunda categoría. En Colombia y en América Latina nos hemos equivocado pensando en que esa educación es de segundo nivel. Tiene dos virtudes: la posibilidad de mejorar la productividad. En países como Corea lo han hecho, porque si hay un señor que es experto en política portuaria y reduce los tiempos del puerto de Buenaventura puede tener un valor para la productividad mucho más grande que un abogado, y la segunda razón es por las posibilidades de movilidad social. La educación técnica ha sido la alternativa para las personas de menos recursos y en ese sentido nosotros deberíamos invertir muchísimo en su calidad, en aumentar su prestigio, y la tarea que tiene Colombia está por hacerse, hemos avanzado bastante pero no creo que lo suficiente y eso es algo en lo que el BID ha tratado de lanzar mensajes claros.

Pensando en trabajos como los que ofrece Rappi y Uber, donde el empleado está en condiciones laborales distintas, ¿cómo debe actuar la regulación laboral? ¿Hacia dónde debe repensarse?

Esa es una muy buena pregunta. El modelo de seguridad social que nosotros tenemos es del siglo XIX, es de Alemania, de una época de país industrial, donde hay un patrón y un montón de empleados, que además tienen empleos estables para toda la vida y así es que se vinculan a la seguridad social. Eso no se parece en nada a la realidad colombiana, donde la mitad de los trabajadores son cuentapropia. Y ese fenómeno se va a profundizar, como sugieres, con el cambio tecnológico. El BID dice: tenemos que repensarlo, cómo tenemos nuestro contrato social para que, si cotizamos a la salud o a la pensión, que eso no dependa del vínculo laboral. Hay una propuesta: que dependa la pensión de qué consumo. Hay muchas maneras de innovar, pensado en una seguridad social que se pague por impuestos y no por los aportes de los trabajadores, eso permitiría incluir mucho más a las personas. En este momento ahí si que tenemos una tarea pendiente, la mayoría de nuestros trabajadores, los que trabajan muy duro, están por fuera de la seguridad social, y eso en una situación de envejecimiento es una deuda social muy grande.

¿Cuál es el compromiso de una persona como usted a la hora de lograr cambios, tenues o grandes, en un país como Colombia?

Trato de aportar desde mi trabajo, y en ese sentido soy una privilegiada, no solo por la educación que recibí, sino porque ahora tengo un trabajo que me permite pensar al respecto, y tratar de contribuir, formando política pública. En el banco lo que tratamos de hacer es dialogar con el gobierno de Colombia, yo también trabajo en otros países de América Latina también con problemas severos, y lo que tratamos de hacer es informar a los gobiernos en asistencia técnica y recursos financieros para que hagan los cambios que son tan complejos. Me preguntas que si con cambios estructurales o cambios tenues. Yo, a veces siento, que los cambios sociales y en el sector laboral en especial, son muy difíciles, porque son difíciles de comunicar, y porque pueden ser muy disruptivos y que quizás lo que uno debe hacer es ser muy perseverante, para seguir con la esperanza y ver si de alguna manera poco a poco se va cambiando el curso de las cosas. Hemos progresado en Colombia, pero la deuda con los jóvenes es muy grande, con los pensionados es muy grande y dado que es un país tan desigual en el mercado laboral hay mucho por hacer, porque allí es donde la gente gana sus ingresos, es allí donde están las oportunidades y la gente se asegura para la vejez, para la salud. Ahí hay mucho que se puede hacer para reducir la desigualdad y la pobreza.