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Buenos días distinguidos conferencistas, invitados especiales, señores y señoras:
La encrucijada que viven hoy los medios de comunicación no nos tomó por sorpresa.
Hace casi un cuarto de siglo, Nicholas Negroponte, en su famoso libro Ser Digital, previó buena parte del presente de los medios de comunicación. Desde entonces estábamos advertidos: las superautopistas digitales multiplicarían infinitamente las posibilidades de distribuir contenidos y los bits atravesarían las fronteras dentro de las cuales los átomos limitaban el acceso a la información y al entretenimiento.
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Internet le daría al ser humano un poder que nunca tuvo para acceder a los contenidos en cualquier momento y en cualquier lugar. La televisión dejaría de ser esa caja tonta y se convertiría en un terminal inteligente.
Sí, casi todo lo que Negroponte dijo que iba a suceder, sucedió. Pero, como lo anotaba él, la tecnología tiene también un lado oscuro. Hay realidades que era imposible prever en los orígenes de la era digital y que hoy causan un daño inmenso a los medios de comunicación.
En primer lugar, las redes sociales, a veces de manera deliberada, a veces por negligencia, se convirtieron en cómplices de la desinformación, la manipulación y en amplificadores de mensajes de odio y discriminación.
En segundo lugar, muchos usuarios, a pesar de la posibilidad de decantar y depurar esos contenidos, de manera facilista encontraron en ellos su fuente de información y de opinión.
En tercer lugar, a muchos anunciantes les tiene sin cuidado el daño que las redes sociales causan con esos contenidos y siguen pautando su publicidad en esas plataformas sin ningún pudor.
Esas tres realidades están erosionando el esfuerzo que muchos de los medios tradicionales han hecho para enfrentar la nueva era de la información.
David McCraw vicepresidente jurídico del New York Times, quien ha librado arduas batallas en defensa de la libertad de expresión, en su reciente libro Truth in Our Times observa acertadamente que, como, en ningún otro momento de la historia, es indispensable que los ciudadanos cuestionen, duden y reflexionen. Para el logro de ese objetivo los medios de comunicación tienen el deber de ofrecer los elementos de análisis con toda transparencia, aún cuando frente a algunos temas tomen su propia posición.
¿Qué hace que buenos ciudadanos terminen atrapados, primero en la desinformación y después en el fanatismo?
Como comenta McCraw, infortunadamente muchos políticos con sus mensajes alientan a las masas a creer y a ignorar. Para lograrlo se han dedicado a desacreditar a los medios de comunicación y a convertirlos en enemigos de la sociedad. Infortunadamente, esos mensajes han calado en la mente de muchas personas.
Los gobiernos democráticos, la academia y los agentes económicos tienen la enorme responsabilidad de evitar que la información quede en manos del partidismo, la discriminación y el fanatismo.
Antes de terminar permítanme expresar el compromiso de Caracol Televisión con el futuro de la industria audiovisual colombiana. Somos conscientes de que está en juego la identidad y la cultura nacional y nos seguiremos trasformando para afrontar las nuevas realidades de esta industria.
Para ese fin es necesario igualar hasta donde sea posible las condiciones de competencia frente a los gigantes tecnológicos y la efectiva protección de los derechos de autor sobre nuestras señales y creaciones.
En fin, como parte de la celebración de los 50 años de Caracol Televisión este evento es una invitación a reflexionar, pero, también, a actuar frente a los retos que enfrentan hoy los medios de comunicación que, en últimas, son los mismos que amenazan a la democracia.
Muchas gracias y bienvenidos.