Un 60 % de este mercado está en China

La guerra comercial, vista desde la perspectiva de la producción de soya

Además de la tecnología, el otro frente de las tensiones comerciales entre China y Estados Unidos se encuentra en este cereal. Los cambios en el escenario bien pueden redefinir las dinámicas comerciales de estos países, la Unión Europea y Brasil, por ejemplo.

Cosecha de soya en EE.UU., el mayor productor mundial. / Bloomberg

La guerra comercial que empezó el gobierno del presidente Donald Trump a principios de este año hoy ha escalado a un conflicto que incluye por lo menos seis bandos y cobija 10.000 referencias de productos, que abarcan desde tecnología y metales, pasando por whisky y motocicletas, hasta productos agrícolas, particularmente la soya.

Este es un producto especialmente sensible, pues expone los lados flacos (tanto políticos como económicos) de los dos principales contendores en esta guerra, China y Estados Unidos.

Lea también: Así va la guerra comercial en el mundo

El mercado chino es el principal destino de exportación del cereal estadounidense, por un lado: sólo el año pasado, este intercambio registró operaciones por US$14.000 millones. Y, por el otro, Estados Unidos es el mayor productor del mundo, con un estimado de producción de más de 116 millones de toneladas para 2018 (seguido muy de cerca por Brasil).

Además, los estados en donde se concentra la producción del cereal en EE. UU. forman una porción importante de la base política de Trump. El presidente estadounidense visitó este fin de semana Iowa (el mayor productor de soya en ese país) y obtuvo aplausos y vitoreos, en cámara. Fuera del aire, gremios y productores han dicho que las medidas de su administración les han costado unos US$13.000 millones.

Poco antes de esta visita, el gobierno de Trump anunció un paquete de ayuda por US$12.000 millones para los agricultores que han resultado afectados por la guerra comercial con China. “Estas acciones son una declaración firme de que otras naciones no pueden maltratar a nuestros productores agrícolas para que el país ceda”, dijo Sonny Purdue, secretario de Agricultura de EE. UU. en declaraciones a medios durante el anuncio de los subsidios.

Los críticos de la medida aseguraron que el paquete de ayuda busca salvar a los productores de las ideas de Trump, no del déficit comercial con China. Entre éstos se cuenta a gremios de agricultores de estados como Iowa, precisamente.

En el lado chino las cosas tampoco son muy buenas, pues la imposición de aranceles a las importaciones de EE. UU. (25 % para el caso de la soya) significa tener que diversificar su oferta de productores, algo que no sucede de la noche a la mañana: China representa cerca del 60 % del comercio mundial de este cereal. Las autoridades chinas se encuentran analizando cómo lograr esta tarea, que incluye bajar los aranceles para algunos países asiáticos.

En medio de este escenario hay un ganador claro y otro que, hasta el momento, termina sacando provecho de rebote.

El primero es Brasil, el productor de soya más grande a escala global, después de EE. UU. De hecho, este país es desde hace media década el mayor proveedor de China de este cereal. Las tensiones comerciales entre las dos superpotencias dejan a los brasileños con el camino despejado para consolidar aún más su dominancia en el mayor mercado de este producto en el mundo. Sólo el año pasado, las importaciones chinas de soya brasileña subieron 33 %, hasta los 51 millones de toneladas (frente a un descenso de 3,8 % en las estadounidenses, que quedaron en 33 millones de toneladas).

En este escenario, el ganador por rebote es la Unión Europea (UE), que aceptó comprar más soya de Estados Unidos, a cambio de que Trump no impusiera aranceles extras a los carros europeos, lo que podría lesionar seriamente los negocios de marcas como BMW, Mercedes-Benz, Volkswagen, Renault o Fiat (parte de un grupo en el que también está Chrysler y Jeep).

De acuerdo con un análisis de Goldman Sachs, lo que Trump diga o no sobre una variedad de sectores no tiene mayor repercusión en los mercados, a menos de que se meta con la soya: “Prácticamente todas las semanas los mercados tienen que digerir más retórica comercial de línea dura de los funcionarios de la administración de EE. UU. y la cuenta de Twitter del presidente. Encontramos evidencia de que los tweets del presidente Trump sobre el comercio tienen bastante poca importancia para los principales mercados”. Y agregaron: “El único activo para el cual los tuits de Trump relacionados con el comercio parecen tener alguna importancia es la soya”.

Ahora, este documento fue escrito antes del acuerdo logrado entre la administración Trump y la UE, pero resalta la importancia del producto en la guerra comercial, aún más cuando se tiene en cuenta que las diferencias entre las compras del cereal estadounidense entre los chinos y los europeos son bastante grandes.

Para 2017, los chinos compraron US$12.300 millones en soya de EE. UU., mientras que la UE llegó a US$1.600 millones. Un análisis de la firma Rabobank International, citado por Bloomberg, asegura que incluso si los europeos compraran su demanda de este cereal exclusivamente a Estados Unidos, esto compensaría menos del 40 % de las exportaciones estadounidenses que no entrarían a China por cuenta de los aranceles a este producto.

En el final de su documento, los analistas de Goldman Sachs escribieron: “Esto no quiere decir que los mercados no estén valorando el riesgo comercial o que las tensiones comerciales no sean una preocupación. Dicho esto, nuestros hallazgos sugieren que es improbable que los mercados globales incorporen el creciente riesgo de una guerra comercial revisando Twitter”.