La inteligencia artificial se está usando desde los gobiernos y podría empezar a utilizarse más según investigadores del Banco Mundial, que publicaron un informe donde evalúan la manera en la que los gobiernos utilizan esta herramienta, las barreras presentes y las posibilidades de sumarse a esta tecnología, aún reciente para los países con menores ingresos.
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Es un hecho que los gobiernos ya están implementando la inteligencia artificial (IA) en sus funciones del día a día. El informe del Banco Mundial afirma que los funcionarios públicos la utilizan para resumir documentos o buscar información relevante, pero también los gobiernos están generando dos cosas: chatbots para responder a las preguntas que plantean ciudadanos y sistemas que les permiten, según ellos, optimizar la administración pública.
“El 44 % del uso interno de IA por parte de los gobiernos consiste en funcionarios públicos que la utilizan para tareas puntuales (…) Si la adopción se mantiene a nivel individual, muchos de estos beneficios pueden recaer en los usuarios individuales en lugar de en la institución”, afirman.
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Según los resultados, dos tercios de los gobiernos le brindan a sus funcionarios públicos licencias a herramientas de inteligencia artificial generativa pero dentro de esos sólo el 39 % cuenta con reglas o normativas oficiales y formales que regulen el uso de esta IA. El 28 % está desarrollando estas regulaciones.
Ahí la línea es delgada porque entonces el uso correcto y ético de la inteligencia artificial empieza a depender de las decisiones de cada funcionario cuando el uso no es regulado o supervisado, especialmente en cargos públicos a nivel gubernamental.
Ahora bien, los investigadores del Banco Mundial sustentan que la experimentación con la IA puede ser positiva siempre y cuando impulse el aprendizaje organizacional en los gobiernos. A pesar de esto, también dicen que “los gobiernos necesitan mecanismos para determinar qué datos se pueden introducir en los sistemas de IA, cuándo es necesaria la revisión humana, cómo se deben validar los resultados y quién es responsable cuando la IA influye en una decisión gubernamental”.
Una de sus preguntas es: “¿Cómo puede la IA ayudar a los gobiernos a tomar mejores decisiones y, en última instancia, a lograr mejores resultados para los ciudadanos?”
¿Qué se necesitaría para que las funciones públicas realmente mejoren con el uso de la IA?
Si la IA se implementa en los gobiernos sería para fortalecer las capacidades institucionales y tomar decisiones de manera más informada, según sostienen los investigadores. Sin embargo, no es solo invertir en la generación de IAs específicas para cada gobierno, sino también en la capacitación de los funcionarios públicos y las instituciones gubernamentales para que estos sigan realizando su trabajo pero con este complemento tecnológico.
Para que la IA mejore la administración pública, argumenta el Banco Mundial, los gobiernos necesitan que los datos sean fiables, que haya capacitaciones adecuadas para el uso de la IA pero también “estructuras organizativas que apoyen la experimentación y el aprendizaje, y mecanismos de gobernanza que gestionen los riesgos”.
Ahora bien, la barrera generalizada en todos los países estudiados es la falta de información o la corta posibilidad de acceder a datos precisos y certeros.
Sin embargo, los países con ingresos altos o bajos se enfrentan a barreras distintas. En el primer caso, son barreras más de índole ético pues el 65 % de los países con economías de altos ingresos afirman que la privacidad y las preocupaciones éticas son una barrera fuerte.
El 58 % de los gobiernos en países con bajos ingresos económicos “identifican la falta de políticas, directrices, marcos o estándares de IA como una de sus tres mayores barreras para la adopción. Ninguna de las economías de altos ingresos de nuestra muestra identifica esto como una barrera importante”, afirma el informe.
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A pesar de estas barreras, los países con menores ingresos podrían no quedarse atrás
El Banco Mundial hala la pita desde una nueva perspectiva: las economías en desarrollo pueden sacar mejor provecho de la IA que las economías más avanzadas. ¿Por qué? Porque identificaron que en países con bajos o medianos recursos, menos de una décima parte de los empleos son propensos a ser automatizados por la IA, en comparación con más de un tercio en las economías de ingresos altos.
“Uno de cada seis empleos en las economías en desarrollo se vería mejorado en lugar de ser reemplazado” dicen y agregan “la IA, por ejemplo, podría permitir que el poder judicial reduzca radicalmente el volumen de casos, ayudar a los maestros a preparar mejores clases, asistir a las enfermeras en la interpretación de un examen médico u orientar a un agricultor sobre cuándo sembrar y qué pesticidas evitar”.
Según ellos, además, para estas funciones más específicas que no automatizan por completo un empleo sino que lo agilizan para la persona que lo lleva a cabo, no se necesitan de inversiones monumentales para modelos de lenguaje o para centros de datos (que además tienen varios impactos negativos en el ecosistema y territorio).
Entonces según el informe, la IA puede resolver problemas puntuales así haya una capacidad de computación local limitada o aún si el suministro de electricidad y el internet son inestables.
“Se pueden crear modelos pequeños de IA que funcionen sin conexión en prácticamente cualquier tipo de hardware. Para la mayoría de las economías en desarrollo, el primer paso en la adopción de la IA implica precisamente este tipo de modelos: es muy probable que los beneficios inmediatos provengan de herramientas de IA ya disponibles en el mercado”, aseguran.
En los gobiernos el uso de la IA es superficial pero por razones del estudio el Banco Mundial investigó el impacto de su uso en servicios públicos en países con economías bajas o medias. “Si se utiliza con destreza (en países con ingresos bajos o medios), la IA podría ayudar a extender servicios médicos, legales, educativos y agrícolas -que de otra manera serían costosos- a miles de millones de personas desatendidas, logrando en una década lo que de otra manera podría tomar un siglo”.
Por ejemplo en la India, en el estado de Telangana, los pronósticos meteorológicos basados en IA generaron ahorros de hasta USD 560 por cada agricultor. En Tailandia se emplea la inteligencia artificial para detectar tuberculosis y cáncer de pulmón a partir de radiografías de tórax, en La República Democrática del Congo se utiliza un sistema de IA para corregir exámenes estatales o en Burkina Faso implementaron herramientas para ayudar a los ciudadanos a entender asuntos legales.
Cada país, cada gobierno y cada población es un mundo distinto incluso para las herramientas de IA
“La inteligencia artificial es sensible al contexto” sostiene el informe. “Una herramienta que funciona en un país puede fallar en otro a menos que se adapte a los idiomas, las instituciones y las formas de trabajo locales”.
No se puede entonces pretender que una IA implementada en un país con ingresos altos funcione igual en un país con ingresos bajos o medios, las características de la población, sus necesidades, los modos de empleo, el uso de los recursos y hasta la concepción ética de la IA es distinta.
Las y los investigadores ponen el ejemplo de Nigeria donde se empezó a implementar una IA médica que había sido instalada con datos de países con mayores recursos económicos y sus respuestas sugerían más exámenes de laboratorio de las que se justificaban bajo las condiciones locales.
Afirman que no se trata solo de “importar y adoptar”, se trata de un proceso de adaptación que considere las especificidades contextuales. Es decir, no puede haber, según ellos, una desconexión entre el contexto en el que se ha generado la herramienta de inteligencia artificial y el contexto en el que se utiliza esta herramienta.
“Hay una ausencia de complementos de personalización, que adaptan los modelos y aplicaciones de IA al contexto en el que se implementan e incluyen datos relevantes, adecuados y actualizados, así como capacidad técnica a nivel local”. Y con “capacidad técnica” también se refieren a las normas regulatorias, a la disponibilidad en electricidad y conectividad, a las posibilidad de empleabilidad y capacidades de las y los trabajadores o hasta de las organizaciones para una implementación realmente útil.
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