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3 Jun 2021 - 2:00 a. m.

La vida tras perder el grado de inversión

Los créditos de vivienda ya no serán históricamente baratos, el costo de vida subiría por el encarecimiento de los bienes importados y el Gobierno tendrá menos libertad fiscal para ayudar a los millones de colombianos golpeados por la pandemia.
La última vez a Colombia le tomó 12 años recuperar el grado de inversión (entre 1999 y 2011).
La última vez a Colombia le tomó 12 años recuperar el grado de inversión (entre 1999 y 2011).
Foto: Getty Images

El pasado 19 de mayo Colombia perdió uno de los principales orgullos de la economía colombiana: el grado de inversión. El estatus se fue luego que Standard & Poor’s (S&P) rebajara nuestra calificación de BBB- a BB+ con perspectiva estable, lo que significa que la deuda colombiana en dólares se encuentra en terreno de bonos basura (término financiero que define bonos calificados por debajo del grado de inversión). Si bien se trata de una noticia macro, del mundo de las finanzas globales, también tendrá repercusiones en el ciudadano de a pie: en el día a día.

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Para la mayoría de analistas Standard & Poor’s tan solo oficializó lo que ya todo el mercado sabía: de hecho, un informe de Bloomberg reveló que la deuda colombiana en dólares ya se comportaba como bonos basura, similar a la de Guatemala y Uzbekistán, naciones que están tres calificaciones por debajo del grado de inversión. Es decir, más allá de la postura de las calificadoras, para los inversionistas Colombia ya había perdido este estatus.

De esta manera, los colombianos llevan viviendo sin grado de inversión desde hace varios meses. Ya estaba descontado. Por esto es que el anuncio de la rebaja generó relativamente poco ruido en los mercados. De hecho el dólar subió más cuando se conoció el retiro de la reforma tributaria (subió más de $60) que cuando la deuda bajó a terreno de bonos basura ($30).

Si bien los efectos de corto plazo están en gran parte descontados, no se debe sentir alivio ni cantar victoria de que la economía salió bien librada de la rebaja de calificación. La última vez a Colombia le tomó doce años recuperar el grado de inversión (de 1999 a 2011), y los pronósticos más optimistas indican que en esta oportunidad nos llevaría al menos dos o tres años volver a tener calificación BBB-. Es decir, los colombianos todavía deben enfrentar las consecuencias de mediano plazo de que la deuda se encuentre en terreno de bonos basura en los próximos años ¿Qué pasará?

Sergio Olarte, economista principal de Scotiabank Colpatria, explica que “perder el grado de inversión puede provocar que buena parte de las empresas que tenían planeado aumentar su inversión en el país ahora lo piensen dos veces, lo que podría impactar el empleo. Además, se podrían reducir los dólares que entran a la economía, lo cual puede mantener la tasa de cambio alta o incluso subirla más. Lo que aumentaría el precio de los bienes importados de la canasta familiar y, en consecuencia, elevaría la inflación o el costo de vida del ciudadano de a pie”.

En efecto, uno de los temores de perder el grado de inversión, sumado a las tensiones políticas y sociales que enfrenta el país, es que empeore el clima de negocios en Colombia. Por ende, se desacelere la inversión, perjudicando la recuperación del mercado laboral. Y cabe recordar que en 2020 el país perdió 2,44 millones empleos por causa de la pandemia.

El dólar también puede encarecer el costo de vida de los colombianos, pues según la firma Raddar el 15 % de la canasta familiar son bienes importados. Lo que contribuye a las presiones inflacionarias sobre las que los analistas ya venían alertando. No se trata de un efecto cualquiera, pues tiene el potencial de impactar la vida e incluso los sueños de miles de colombianos.

Felipe Campos, gerente de investigaciones económicas de Alianza Valores, explicó que “es probable que dentro de algunos meses dejemos de ver las tasas de interés históricamente bajas para comprar vivienda. Y no sabemos cuándo volverán, puede que pase mucho tiempo antes de ver de nuevo estos niveles. Debido a las presiones de inflación, el Banco de la República podría elevar su tasa de interés antes de lo que teníamos pensado. De hecho, no es un fenómeno solo de Colombia, pues la inflación global también está subiendo”.

Nadie tiene claro cuándo el Banco de la República moverá sus tasas de interés para ajustarse a los cambios de inflación, pero todo indica que en el mediano plazo el financiamiento de vivienda ya no será tan barato.

Por esto, Olarte recomienda: “Este es el momento para comprar vivienda, pues se espera que haya alzas en las tasas de interés. Y hay que procurar pedir préstamos en tasas fijas, pues la tasa de los créditos en UVR serán los que más rápidamente sentirán los efectos de la inflación. Sin embargo, todavía hay tiempo para aprovechar esta oportunidad única de comprar vivienda”.

Todos estos efectos en el ciudadano de a pie se combinarán con las consecuencias de tener un Gobierno con un nuevo panorama de financiamiento. Si bien hay consenso de que a Colombia se le seguirá prestando, y que las tasas ya estaban en niveles de bonos basura desde hace meses, sí habrá un golpe en las finanzas públicas. Lo que puede traducirse en menor libertad fiscal para ayudar a los millones de colombianos golpeados por la pandemia.

Precisamente por esto es que la nueva reforma tributaria que está construyendo el Gobierno por medio de consensos también será un tema de interés para los colombianos. Su aprobación, y el recaudo que logre, no solo establecerá qué tan rápido volveremos al grado de inversión, sino que también determinará qué tan limitados serán los subsidios del Estado.

De hecho, ya el ministro de Hacienda, José Manuel Restrepo, dijo que por ahora solo hay presupuesto hasta junio para el programa Ingreso Solidario, que beneficia con $160.000 mensuales a tres millones de los hogares más pobres del país.

Así, los colombianos deberán prepararse para vivir por al menos un par de años en un país sin grado de inversión; es decir, en una economía en la que ya no habría una oportunidad única para comprar vivienda por tasas de interés históricamente bajas, en la que el costo de vida subirá por los bienes importados, y con ayudas estatales y subsidios más limitados.

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