La manifestación lleva 10 días

La voz de los comerciantes sobre el paro

Conversamos con los pequeños empresarios del centro de Bogotá, los más afectados por las marchas. Hablan de pérdidas, pero también de la necesidad de dialogar.

Comerciantes en Bucaramanga durante las jornadas de marchas derivadas del paro nacional del 21 de noviembre. / Liliana Rincón
Comerciantes en Bucaramanga durante las jornadas de marchas derivadas del paro nacional del 21 de noviembre. Liliana Rincón

Uno de los efectos colaterales de un paro nacional es, inexorablemente, el cese de actividades económicas y la pérdida de dinero. El mismo llamado a paro, que en este caso emanó primero de centrales obreras, busca justamente detener las actividades diarias para concentrar la atención en demandas sociales y, en este caso, también en varias económicas.

El sector económico que más pierde siempre es el comercio, pues su funcionamiento normal, su naturaleza, se nutre del normal flujo de ciudadanos, el ir y venir constante de compradores potenciales o efectivos. Un paro altera esta dinámica y por eso golpea primero, y principalmente, a los comerciantes.

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Gremios como la Federación Nacional de Comerciantes (Fenalco), la Asociación Colombiana de las micro, medianas y pequeñas empresas (Acopi) y la Asociación Hotelera y Turística de Colombia (Cotelco) tienen bien diagnosticado este panorama y han hecho un llamado al Gobierno y a la sociedad para que se solucione la coyuntura actual.

Primero, las cifras.

Jaime Alberto Cabal, presidente de Fenalco, menciona pérdidas “de una magnitud muy complicadas para la estabilidad del comercio. Hay una afectación del 60 % por inactividad, es decir, por no abrir, por tener que cerrar, por el temor al saqueo, el vandalismo o porque no hay ánimo de comprar. Esto genera unas pérdidas calculadas de $150.000 millones diarios en todo el país”.

Acopi, en cabeza de Rosmery Quintero, dijo que la marcha del 21 de noviembre dejó pérdidas por $424.000 millones a nivel nacional. Por su parte, Cotelco manifestó su preocupación por la cancelación de reservas hoteleras, que en la capital del país está alrededor del 14 %. En cuanto a eventos que fueron cancelados en establecimientos hoteleros se han generado pérdidas por $1.000 millones en la capital y $200.000 para destinos intermedios.

Las afectaciones al comercio pueden ser preocupantes en el nivel macro, si se tiene en cuenta que este es uno de los sectores que más está impulsando la expansión de la economía colombiana, con un crecimiento de 5,9 % para el último trimestre, según datos del Dane. La cifra sólo es superada por el desempeño de las actividades financieras y de seguros.

Y aunque este panorama puede alertar a muchos, a quienes de verdad aterroriza es a los pequeños comerciantes, quienes no tienen la capacidad de maniobra de un gran conglomerado para sortear estas crisis.

En muchos casos, los pequeños comerciantes esperan la temporada de diciembre como el gran impulso en el año para sus negocios y de sus familias (así como las de sus empleados). Algunos invierten todo lo que tienen para ponerlo en mercancía en la estantería.

Aunque han tenido un año positivo, al menos desde las cifras oficiales, Yansen Estupiñán, representante de los comercios populares de Colombia, asegura que el paro les ha afectado significativamente la temporada navideña, pues no “hemos podido comercializar nuestra mercancía. En este momento deberían estar asistiendo a San Victorino alrededor de 10.000 personas y hoy tenemos entre 3.000 y 4.000”.

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En cuanto a empleo, Estupiñán menciona que en los madrugones trabajan 12.000 microempresarios, que generan entre 10 y 100 empleos directos cada uno. En estos eventos se venden entre 15.000 y 20.000 prendas de vestir al mes. También dice que más de 3.800.000 empresarios del sector cuentan con cámara de Comercio y que existen alrededor de 2.000.000 en el sector informal.

“Nos reunimos con los comerciantes del sector para sacar adelante la situación. Los empresarios tienen las bodegas llenas. Se dedicaron a producir para vender en esta temporada. Están endeudados. Calculamos que en estos días hemos tenido pérdidas por $24.000 millones en el Gran San”, asegura Estupiñán.

El comerciante, más allá de mencionar la poca asistencia de compradores, hace énfasis en que el paro va a impactar a personas de lugares como Altos de Cazucá, del 20 de Julio, de Fontibón y de San Cristóbal, proveen las prendas que se venden en el sector.

“Ellos consiguen el cubrimiento de sus sustentos básicos: alimentación, educación, vivienda, salud con ese empleo: si no comercializamos no les mandamos trabajo. Estamos afectados en materia de bienestar y responsabilidad que tenemos con esas familias, no sólo de Bogotá, sino también en el resto del país como en Cúcuta, Nariño, Bucaramanga, Cauca”, afirma Estupiñán.

Cristian Arango, dueño de la marca de jeans Zoe, menciona que “se trata de un efecto dominó. Aquí lo estamos sintiendo nosotros, pero si sigue así va a empezar a afectar otros sectores. Estuvimos reunidos con textileros y proveedores de insumos y es preocupante porque si no tenemos ventas, con qué le vamos a pagar a ellos las facturas o con qué vamos a pagar impuestos”.

“La gente piensa que nos queremos hacer oír sólo porque estamos perdiendo dinero, pero es todo lo que esto desencadena. Los que manifiestan no entienden que al Estado no le va a pasar nada y realmente nos estamos afectando entre todos”, agrega Arango.

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Javier Corredor, comerciante del Pasaje Rivas, afirma que sus ventas se han reducido en un 80 %. “La causa es que nadie quiere venir al centro porque en cualquier momento se quedan sin transporte. También nos ha tocado cerrar temprano”.

Ahora bien, aunque estas personas son comerciantes, y se están viendo afectadas por las manifestaciones, también son ciudadanos con opiniones políticas. Por ejemplo, Wilson Peña, vocero de la Federación de Sanandresitos de Colombia (Fesacol), piensa que trabajar es una salida al problema. “Las marchas no producen dinero, producen problemas. Podemos manifestarnos con plantones, concentraciones, donde no afectemos a los otros”.

Luis Rodríguez, vendedor de la zona desde hace más de 40 años, concuerda con Peña al decir que “hagan su marcha, pero no afecten a los demás. Se pueden apoyar las marchas, desde que lo hagan pacíficamente. El primer día para mí no fueron protestas, fue vandalismo. Y eso nos toca pagarlo a nosotros”.

Otros opinan diferente. Alcira Forero, vendedora de un almacén de artesanías en el Pasaje Rivas, asegura que las soluciones no están en las manos de los comerciantes, pero que apoya algunos puntos del paro. “Están peleando por los niños que están estudiando, por los derechos, pero hay gente que no entiende. Obvio nos afecta, pero qué hacemos”.

Mientras llegan a acuerdos, los minoristas empezaron a buscar soluciones, como el “Plan Navidad San Victorino”. A partir del domingo 1 de diciembre van a peatonalizar el centro. “Se trata de una estrategia en conjunto con la Alcaldía de Santa Fe, la Policía Metropolitana, las instituciones y los comerciantes para peatonalizar San Victorino, que abarca 17 manzanas (desde la calle 13 hasta la calle 9 y desde la carrera 10 hasta la Avenida Caracas), 5.000 establecimientos y más de 12.000 comerciantes. Queremos ofrecerles a esos 400.000 compradores un parte de seguridad, tranquilidad y organización”, dijo Angélica Leguizamón, directora de la asociación de comerciantes de San Victorino.

Los comerciantes ven con buenos ojos la propuesta del presidente Iván Duque de los tres días sin IVA, pues creen que va a dinamizar las ventas. También le piden tanto al Comité Nacional del Paro como al Gobierno que se sienten a dialogar y concreten soluciones al paro.

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Lucety Carreño - @LucetyC

Economía

La voz de los comerciantes sobre el paro

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