Entrevista

“Lo urgente barrió con lo estructural”: Marcela Eslava

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Marcela Eslava es la economista más citada y consultada en Colombia (tiene 3.482 citas en el conteo de Google). Gracias a sus investigaciones en áreas como la productividad empresarial y la política fiscal, ha sido una de las principales fuentes de autoridad sobre el manejo de la crisis económica y social que ha provocado el COVID-19.

En medio de esta coyuntura sin precedentes, asumió este 1° de junio como la nueva decana de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes. En diálogo con El Espectador, habla sobre este nuevo reto en su carrera y su visión de los cambios y debates que ha provocado la pandemia.

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A raíz de la pandemia, ¿ha surgido algún cambio en la forma de ver y hacer economía?

En esta coyuntura lo urgente barrió con lo estructural. La circunstancia simplemente no nos deja pensar en cómo planeamos, cuál será la estructura de largo plazo. Esto obliga a los policy makers a volcarse por completo a lidiar con la crisis y buscarle la mejor salida posible. Y a los que estamos en la academia, a concentrar nuestras energías para tratar de proveer evidencia que les ayude a los primeros a respaldar esas decisiones. Entonces, creo que ha generado cambios muy importantes, y eso es indispensable. Sin embargo, no creo que esto vaya o deba convertirse en la nueva normalidad permanente.

¿Le ha gustado salir de la academia para darles recomendaciones a los mandatarios sobre cómo atender la emergencia? ¿Incluso si eso implica someterse a un escarnio público?

No es una actividad nueva para muchos de nosotros, pero es más intensa y con mayor frecuencia. Y mientras para muchos de nosotros la labor de entregar recomendaciones ocurría en las oficinas del Departamento Nacional de Planeación o en otras reuniones privadas, ahora, por la urgencia, y porque ya no están disponibles esos espacios estructurales, las contribuciones se hacen de forma más abierta. Lo que trae también sus ventajas, pues hace más accesible el debate, pero también sus desventajas, pues las recomendaciones pasan por la presión pública para lo malo y lo bueno. Y realmente no es algo de que si me gusta o no esta experiencia, pues es algo que se debe hacer en este momento.

¿Qué opina sobre el debate que surgió entre salvar la economía o preservar la salud?

Ha sido muy dañino plantear el debate en esos términos, pues trivializa la discusión. Al simplificar en solo dos aristas el debate facilita, de una forma indebida, la toma de decisiones. Por ejemplo, solo se piensa en qué sectores abrimos, pero bajo esta óptica parecería que no habría que pensar en qué libertades estamos coartando. Pero incluso en esta reducción, no tiene sentido el debate.

Quienes dicen defender la salud lo hacen como si la economía no fuera algo que nos toca a todos: como si todos no tuviéramos que comer o financiar un techo. Es una discusión mucho más compleja, pues el bienestar de las personas es tremendamente multidimensional. Esto incluye no solo la vida, sino la vida digna y no maltrecha, como lo mencionaba uno de mis colegas. Dentro de la academia, ¿cómo ha sido la discusión sobre la crisis del COVID-19?

Ha sido muy intensa, muy diversa, con muchas posiciones distintas sobre ese balance de todos los aspectos que esta crisis golpea. Y para mi gusto, la división eterna entre los economistas académicos ortodoxos y heterodoxos se diseminó al extremo en esta crisis, pues hay un gran consenso en que se debe ser proactivo y buscar minimizar el desestímulo en la economía, hay que proteger vía transferencias a las personas más vulnerables y que se debe proteger el empleo al ayudarles a las empresas.

¿Qué espera de un economista la sociedad actual?

No sé si haya una respuesta única, pues no hay solo un tipo de economista. No hay ningún economista que sea el paquete completo. No sé si la sociedad espera que sí, pero si lo hace sería un error. Le puedo decir lo que yo espero de cada persona en cualquiera que sea su profesión: espero que esté siempre guiada por llevar una vida que contribuya al progreso de la humanidad. Y para el caso de la economía, es válido que esto se logre de distintas maneras.

¿Y cuál sería el tipo de economista colombiano? ¿Es diferente al que se ve en otros países?

Tampoco creo que haya solo un tipo de economista colombiano. Pero si me pregunta por el economista de la academia en Colombia frente al de Estados Unidos y Europa (por ejemplo), creo que acá hay más oportunidad y más disposición (desde la academia) para hacer una contribución más directa al debate diario de su realidad inmediata. De hecho, quien decidió hacer academia en Colombia en buena parte estaba escogiendo tener esa cercanía (al debate diario).

Sobre esta nueva fase en su carrera, ¿cuál será su política como decana?, ¿llegará a cambiar cosas?

La Facultad de Economía es una construcción colectiva, por esto no siento que el decano sea quien determina el curso. Debe liderar el proceso, pero el rumbo se determina de manera colegiada a partir de las decisiones conjuntas de los profesores con el apoyo de los estudiantes y del personal administrativo. La Facultad es una institución que está en permanente autoevaluación e innovación. Aunque es cierto que este momento en particular, no por mi nombramiento, sino por la pandemia, nos obliga a considerar una innovación más disruptiva por los nuevos retos como virtualidad. Yo soy una decana que viene del interior de la Facultad, como ha sido el caso en las últimas cuatro decanaturas, y lo que planeo es seguir apoyando estos procesos de cambio.

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Como decana, ¿aplicará alguna política o programa para impulsar el rol de la mujer en la economía?

En economía hay mucha menor participación de la mujer en distintas etapas: en pregrado, por ejemplo, y la brecha se vuelve más grande en el posgrado y lo mismo en la carrera académica. Sin embargo, lo importante no es la igualdad en lo que llamamos resultados, sino que haya igualdad de oportunidad de acceso dentro de la carrera y el mundo profesional. Por esto, yo sí creo que es muy importante tomar todas las acciones posibles para que haya igualdad de oportunidades, y para que las mujeres que estudien economía así lo sientan.

¿Será una decana abierta al debate público?, ¿una líder de opinión?

Siempre ha habido una apertura al debate público, yo creo que es sano y debe seguir. Hay muchas formas de hacerlo: existe un permanente debate con los estudiantes y con el resto de la universidad. Y también hay una constante discusión sobre la política pública y la evolución de la economía colombiana. La investigación y la academia son, por naturaleza, interactivas.

¿Qué cambios educativos destaca dentro de la Facultad?

Los cursos integradores que hemos impulsado en los últimos cambios de pénsum, que buscan reunir en una sola actividad la aplicación de lo que han aprendido a lo largo de la carrera. Uno de estos cursos son los que llamamos “haciendo economía”, que los estudiantes toman a la mitad y al final de la carrera: se concentran en proyectos en los que alrededor de sus propios intereses aplican lo que han visto en las clases. Lo cual contribuye a una formación holística.

¿Qué recomendación les daría a los estudiantes de economía?, ¿cómo deben prepararse ante esta nueva realidad?

Sabemos que en este contexto muchos se preguntan si tiene sentido estudiar el próximo semestre en una modalidad que podría seguir teniendo virtualidad. Yo les respondería que sí tiene sentido estudiar: en un momento en el que no hay muchas cosas por hacer, es particularmente importante que concentren esfuerzos en su formación. De hecho, para los estudiantes de economía es una oportunidad para que aprendan de una forma iluminada y enriquecida por lo que está pasando y los debates que han surgido.

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