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La historia no es nueva, pero se repite en Asia. Con la amenaza latente de nuevos aranceles por parte del presidente Donald Trump, el comercio entre Asia y Estados Unidos está experimentando un inusual repunte a mitad de año.
Empresas exportadoras están acelerando sus despachos antes de la fecha límite arancelaria prevista para principios de julio, lo que ha disparado las exportaciones desde países como Vietnam, Taiwán y Tailandia.
Según datos recientes publicados por Bloomberg, las exportaciones de Vietnam y Tailandia a EE. UU. aumentaron un 35 % en mayo frente al mismo mes de 2024, mientras que Taiwán registró un salto cercano al 90 %. Corea del Sur también reportó cifras elevadas, cercanas a sus niveles récord, con indicios de que los envíos volvieron a crecer en la primera quincena de junio.
Esta aceleración comercial va en contra de la estacionalidad habitual, ya que normalmente los picos de exportación se concentran en el segundo semestre del año, de cara a la temporada navideña. Ahora, con la política comercial estadounidense en plena transformación, las compañías están optando por “ganarle al reloj”.
El déficit de EE. UU. aumenta
La consecuencia directa ha sido un aumento del déficit comercial de EE. UU., que en mayo se estima alcanzó los US$91.000 millones, llevando la cifra acumulada del año a cerca de US$643.000 millones, un nivel sin precedentes para esta altura del calendario.
Buena parte de esa brecha está siendo impulsada por el aumento de las importaciones desde Asia, aunque también han influido compras récord de productos farmacéuticos desde Europa.
El panorama podría cambiar drásticamente en pocas semanas si Trump concreta su amenaza de imponer aranceles “recíprocos” y de amplio alcance a las economías asiáticas. En ese caso, el auge de exportaciones sería solo un pico momentáneo antes de una caída brusca que afectaría tanto a EE. UU. como a sus socios comerciales.
Las proyecciones no son alentadoras. El Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) recortó su estimación de crecimiento regional de 3,3 % a 2,6 % para 2025, citando las tensiones comerciales. El impacto ya es visible en países como China, cuyas exportaciones a EE. UU. cayeron en mayo, pese a una breve tregua arancelaria acordada en Ginebra.
Pero incluso esa tregua no ha frenado las consecuencias. Muchos exportadores están utilizando terceros países para evadir parcialmente los impuestos mediante el llamado “lavado de origen”, mientras otros optan por redirigir sus ventas a mercados distintos o fortalecer el consumo interno.
Si no se alcanza un nuevo acuerdo comercial, otras economías asiáticas también podrían ver afectado su crecimiento, especialmente aquellas con fuerte dependencia de las exportaciones a Estados Unidos.
En definitiva, la cuenta regresiva ya está en marcha. El plazo fijado por Trump no solo está alterando los flujos comerciales, sino que podría reconfigurar el mapa del comercio global en cuestión de semanas.
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