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7 Jan 2022 - 2:06 a. m.

¿Cuáles son los costos de la subida de precios de los alimentos?

Algunos analistas pronostican que la inflación superará el 6 % el primer trimestre, algo que podría seguir impulsando hacia arriba los precios de los alimentos, con variadas consecuencias sociales y económicas. ¿Cuál es la perspectiva del costo de la comida para 2022?

Santiago La Rotta

Editor Economía - Tecnología
En 2021 la comida y las bebidas alcohólicas subieron 17,23 %.
En 2021 la comida y las bebidas alcohólicas subieron 17,23 %.
Foto: Getty Images

Como era de esperarse, la inflación terminó el año 2021 por todo lo alto: una variación anual para diciembre del 5,62 % (es decir, frente al mismo mes de 2020, cuando registró un crecimiento del 1,6 %) y un incremento mensual (entre noviembre y diciembre de 2021) del 0,73 %.

También como era de esperarse, el gran motor detrás de los incrementos en los precios en Colombia siguen siendo los alimentos, tanto los que se consumen en el hogar como por fuera de él: en 2021, la comida (y las bebidas alcohólicas) subieron 17,23 %.

En palabras de Juan Daniel Oviedo, director del DANE, el alza en la comida explica casi la mitad del comportamiento general de la inflación (2,73 % del 5,62 % total). A su vez, productos como las carnes de res y aves, así como los aceites comestibles, cargan con la mitad del crecimiento en el rubro de alimentos.

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Según Oviedo, “los componentes asociados con la cadena logística internacional, algunas consecuencias del paro nacional y los efectos de la tasa de cambio han encarecido la producción de estos cuatro productos agropecuarios, que son muy importantes dentro de la canasta de consumo de los hogares colombianos”.

Para Ángela Penagos, directora del Centro de Investigación y Desarrollo en Sistemas Agroalimentarios de la Universidad de los Andes, entre las variables globales que contribuyen a la subida en los alimentos están “el alto costo de los insumos del mundo agrícola, que han crecido casi 60 % en el último año. También ha subido el precio del dólar, y buena parte de estos insumos son importados”.

El encarecimiento de algunos productos para el cuidado de los cultivos está relacionado con el elevado precio en los fletes en el transporte marítimo y la poca disponibilidad de contenedores para transportar las mercancías, además de los problemas en la producción que tuvieron algunos países exportadores. Los herbicidas, plaguicidas y fertilizantes fueron los productos más afectados en este escenario, lo que a su vez estos impactan los costos de producción de los alimentos.

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El alza que está impulsando poderosamente la inflación no es un asunto exclusivo de Colombia, pues es un capítulo que está relacionado con problemas logísticos a escala global, como lo menciona Oviedo. Puntualmente, hablamos acá de asuntos como la escasez de contenedores para el transporte marítimo, así como las mayores demandas en prácticamente todo lado, por aquello de la reactivación de las economías.

La escasez es, de cierta forma, el santo patrón de un año encargado a la reactivación económica. En otras palabras, el enorme apetito de los compradores fue el gran impulso de la recuperación en el segundo año de la pandemia (tanto en Colombia como afuera), y este mismo consumo es una de las mayores presiones que no permite una solución pronta para la crisis de los contenedores.

Respecto a los factores nacionales, el de mayor impacto fue el de los efectos del invierno del año pasado, que afectó los cultivos y, por ende, la productividad y los rendimientos agrícolas. Otro que incidió en el aumento de los precios fueron los bloqueos en el marco del paro nacional. Esta es la razón por la que en mayo la inflación de los alimentos fue mayor, según el presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), Jorge Enrique Bedoya.

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Estas variables, en especial las derivadas del mercado internacional, mantendrán su tendencia para 2022, aunque sus impactos y consecuencias varían dependiendo de quién haga el análisis.

Felipe Fonseca, director de la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (UPRA), del Ministerio de Agricultura, proyecta una normalización de los precios: “Se espera un patrón regular de lluvias y de períodos de verano con los que los agricultores tendrán condiciones habituales para siembras y cosechas que permitirán retornar a precios con niveles que corresponden a una situación de mercado relativamente mejor a la de 2021. Además, luego del período de altos precios hay una recuperación de la oferta y con ello una corrección de esas alzas, sumado al aumento del salario mínimo que mejora el poder adquisitivo y la economía agropecuaria se verá favorecida”, dice el funcionario.

Por otro lado, Bedoya prefiere ser cauteloso con las proyecciones, debido a que el comportamiento de los precios en el país depende de lo que ocurra en el exterior, porque “el mercado cambia. Las perspectivas no son las más alentadoras, en particular del mercado internacional, pero hay que ver cómo evoluciona todo”. Asimismo, Penagos asegura que “las variables indican que los precios de los alimentos van a seguir subiendo”.

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Ahora bien, todos estos datos son claves, entre otras razones, porque tienen un impacto en desigualdad, pues se sabe que los hogares pobres o vulnerables invierten más de sus ingresos en rubros como comida y transporte. Entonces, una inflación impulsada por alzas en los alimentos termina golpeando más a quienes menos tienen.

“La población que está por debajo de la línea de pobreza va a ser la más afectada”, indica Penagos. En tal caso que los alimentos sigan subiendo, algunas personas tendrán que sustituir productos para suplir las necesidades de los hogares, aunque esto puede tener impactos en el crecimiento de los niños y, en general, la salud de las personas.

De acuerdo con el DANE, la inflación de las poblaciones clasificadas como pobres y vulnerables llegó al 6,85 % en el año, mientras que la medición para clase media fue del 5,78 % y del 4,39 % para el renglón de ingresos altos en el mismo período.

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Otro de los riesgos de que la comida siga subiendo de precio es que aumenten las importaciones de productos. “En la medida en que nosotros no mejoremos los rendimientos, y producir alimentos en Colombia sea muy costoso, la decisión de importar está latente, entonces el enfoque de política debe estar en mejorar la productividad para que tengamos un buen balance comercial de alimentos. Importar no es malo, lo malo es tener una mala agricultura que no pueda competir sanamente en esos mercados. Si nosotros cerramos fronteras podemos también estar en una situación de inseguridad alimentaria”, expone Penagos.

Precios y revoluciones

Además de tener un impacto en asuntos como nutrición y desigualdad (por solo mencionar dos aspectos obvios), los precios de los alimentos pueden tener un componente extra de análisis por su rol en crisis y revoluciones sociales.

Hay una amplia gama de miradas que señalan hacia el elevado costo del trigo y el pan como parte del combustible detrás de las primaveras árabes, los movimientos de revueltas que se dieron principalmente en 2011, que terminaron tumbando presidentes y cambiando poderes regionales en países como Egipto, Túnez o Libia.

Aunque el veredicto histórico alrededor de estos movimientos suele ser más gris que blanco y negro, lo que sí resulta claro para académicos como Rami Zurayk, catedrático de la American University de Beirut (Líbano), es que los altos precios de la comida sí fue un factor de movilización para la gente.

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Esto cobra más relevancia si se tiene en cuenta que, según estadísticas del Banco Mundial, en las últimas dos décadas más del 50 % de la comida que se consume en Oriente Medio y el norte de África es importada. En 2021, un estudio de Greenpeace aseguró que el 30 % de los alimentos que se consumen en Colombia son importados.

Según cifras de la UPRA, en Colombia es necesario importar 14,1 millones de toneladas. Esto representa un 28 % de la comida que consume el país. La producción agropecuaria nacional provee el restante 72 %, es decir, 36,2 millones de toneladas.

En general, una inflación elevada suele ser una mala noticia para todo el mundo. Pero este panorama gana mayor relevancia cuando se insertan en la ecuación factores como un menor crecimiento económico proyectado para 2022 y un previsible agotamiento de los ahorros personales, acompañado de un crecimiento en las carteras de deuda de las instituciones financieras. Esto, además de las incertidumbres y los ruidos que introduce el año electoral, con sus distorsiones de realidad propulsadas por todo tipo de candidatos.

En este escenario, un aumento sostenido de la inflación, y con ella de los alimentos, resulta un elemento que no solo se antoja inquietante desde el punto de vista económico, sino también desde el social.

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