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La deuda interna del Gobierno acaba de entrar en territorio histórico. En apenas cinco meses de 2026, la Nación aumentó la oferta de TES de largo plazo en más de COP 60 billones, el mayor incremento registrado hasta ahora, según un reciente informe del Banco de Bogotá.
El mercado absorbió buena parte de esa avalancha de deuda. Pero el tamaño de las emisiones ya empieza a revelar hasta qué punto las finanzas públicas dependen hoy del endeudamiento local para sostener caja, gasto y vencimientos.
“En lo corrido del año a mayo, la Nación aumentó la oferta de TES en COP 31 billones por subastas, máximo de 11 años”, señaló el reporte de Investigaciones Económicas del banco. A eso se suman COP 20 billones en operaciones convenidas con entidades públicas y otros COP 12 billones mediante canjes de TCO por TES.
Ese último mecanismo se volvió particularmente relevante para Hacienda porque permite aumentar deuda interna sin consumir formalmente el cupo de endeudamiento aprobado.
El informe calcula que, descontando recompras y cierres de operaciones financieras, la oferta neta de TES aumentó COP 49 billones entre enero y mayo, un máximo de 15 años.
Una megasubasta
La presión se aceleró después de la megasubasta del 13 de mayo. Ese día, el Gobierno colocó COP 11,8 billones en TES entre la opción competitiva y la no competitiva, uno de los movimientos más agresivos recientes en el mercado de deuda local.
“El mayor apetito por deuda interna previo a las elecciones a la presidencia permitió que el mercado absorbiera el elevado incremento de la oferta de TES”, indicó Banco de Bogotá.
El problema es que el espacio para seguir financiándose empieza a reducirse rápido. Del cupo total previsto en el Plan Financiero para emisiones internas en 2026, el Gobierno ya utilizó alrededor de COP 51 billones. Si las cuentas oficiales se cumplieran, solo faltarían COP 16 billones por emitir durante el resto del año.
Banco de Bogotá cree que ese escenario difícilmente ocurrirá.
“Cálculos de IE sugieren unas potenciales necesidades adicionales de financiación de COP 25 billones en el año, como mínimo”, advirtió el informe. La cifra podría aumentar si se reducen los ingresos tributarios tras la suspensión parcial del Decreto 572 de 2025, con el que el Gobierno buscaba elevar el recaudo mediante ajustes en autorretenciones.
Una presión avisada
La presión fiscal viene creciendo desde hace varios años y ya está alterando el equilibrio completo del sistema financiero colombiano. Según cifras del Ministerio de Hacienda, la deuda pública total llegó a COP 1.215 billones en marzo de 2026. De ese total, COP 865 billones corresponden a deuda interna.
Hace un año, la deuda bruta era de COP 1.054 billones. En marzo de 2024 rondaba COP 887 billones. En 2023 estaba cerca de COP 879 billones.
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La velocidad del deterioro empezó a preocupar incluso dentro del sector financiero tradicional.
José Ignacio López, presidente de ANIF, resumió la dimensión del problema con una comparación incómoda: “La deuda interna del Gobierno ya supera en 125 billones la deuda de TODOS los colombianos con el sistema financiero en todas las modalidades”.
Según ANIF, desde agosto de 2022 la cartera total de crédito de hogares y empresas aumentó COP 142 billones. La deuda interna de la Nación creció COP 386 billones en el mismo periodo.
El mercado ya empezó a cobrar esa presión. Varias referencias de TES en pesos llegaron a negociarse por encima del 15 %, niveles que no aparecían desde hace más de veinte años.
Corficolombiana advirtió recientemente que el país está refinanciando deuda cada vez más cara para aliviar tensiones inmediatas.
“En 2026, el cupón promedio de las nuevas emisiones de TES ronda el 10,4 %, evidenciando una transición hacia deuda concentrada en tasas de dos dígitos”, señaló la entidad.
Ese cambio ya impactó el costo estructural del endeudamiento. El cupón promedio de la deuda interna pasó de 8,43 % a 9,78 % en apenas un año. Cada punto adicional termina convertido en más gasto de intereses durante la próxima década.
El deterioro también se siente en liquidez. La caja de la Nación cerró abril en COP 7,5 billones, uno de los niveles más bajos de la última década. Un año atrás ascendía a COP 13,8 billones.
En marzo, ANIF calculaba que el Gobierno apenas tenía recursos equivalentes a cinco días de funcionamiento, en un contexto donde las necesidades diarias rondan COP 1,4 billones entre gasto operativo, transferencias y servicio de deuda.
Banco de Bogotá ya había advertido en marzo que el déficit fiscal podría superar 6 % del PIB en 2026. Su escenario central contempla un faltante cercano a 6,1 %, aunque la cifra podría subir hasta 6,6 % dependiendo del comportamiento del gasto y la ejecución presupuestal.
El reporte sostiene que el próximo gobierno heredará una combinación particularmente delicada: tasas altas, menor espacio fiscal, presión política por gasto y un mercado cada vez más sensible frente al riesgo colombiano.
Aun así, Colombia conserva un activo que sigue pesando ante inversionistas: nunca ha incumplido el pago de su deuda soberana, ni siquiera durante la crisis latinoamericana de los años ochenta.
La confianza, por ahora, sigue vigente, pero erosionada. Y las tasas altas son un ejemplo.
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