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Los puntos claves para entender cómo le fue a la economía en 2024

El crecimiento económico estuvo levemente por debajo de las expectativas de los analistas. Aunque el PIB repuntó frente a los resultados de 2023, preocupan varios temas, incluyendo el desempeño de los sectores minero-energético y de la industria.

Santiago La Rotta y Karen Vanessa Quintero Martínez

17 de febrero de 2025 - 07:03 p. m.
El DANE reportó que la economía creció 1,7 % para 2024, levemente por debajo de la mayoría de expectativas de expertos, analistas y de entidades como el Ministerio de Hacienda y el Banco de la República. Imagen de referencia.
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La publicación de los datos del Producto Interno Bruto suele ser un asunto que, dependiendo del momento, puede variar en su carga de estrés y tensión, pero siempre lleva una porción de anticipación, sorpresa y hasta drama. Por ejemplo, la rueda de prensa de 2020 (en la cima de la pandemia) alcanzó tres dígitos en su audiencia en línea (algo que no suele ser común) y la cifra del año justificó ampliamente el interés, lo que equivale a un varillazo en el cráneo en términos económicos en forma del -7,2 % para el crecimiento del año.

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Para 2024, cuando estábamos conociendo las cifras de 2023, el interés público fue mucho menor, pero la cifra se encargó de proveer angustia y resecar la garganta de más de uno. Esto cortesía del 0,6 % (revisado al 0,7 %) que reportó el DANE como crecimiento de aquel año, por debajo de todas las proyecciones del momento, incluso de las más pesimistas.

La sensación de este lunes, con los datos para el total de 2024, no es tanto de presión en la boca del estómago, sino de cierta serenidad ante un panorama que cayó dentro de lo esperado: la mediana tranquilidad de que las cosas parecieran ciertamente en línea con lo anticipado.

El DANE reportó que la economía creció 1,7 % para 2024, levemente por debajo de la mayoría de expectativas de expertos, analistas y de entidades como el Ministerio de Hacienda y el Banco de la República. El comportamiento en el último trimestre del año pasado, asimismo, estuvo apenas por debajo de la proyección mayoritaria, que lo ubicaba en 2,4 %, y fue del 2,3 %.

Lo primero que hay que decir aquí es que un crecimiento del 1,7 % es un resultado que contrasta enormemente con la realidad de hace un año, del 0,7 %, como ya dijimos. Y esto, de entrada, es una buena noticia.

No suficiente como para ir por el paquete de voladores que sobró de fin de año, en todo caso, pues al final de cuentas el potencial de la economía nacional se estima orbitando 3 %. Visto desde la lejanía del anémico resultado de 2023, la cifra de 2024 pareciera poderosa, pero al compararla con el nivel de normalidad que debería habitar, la perspectiva pasa con rapidez de superioridad a falencia.

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Ahora bien, el resultado permite ver, en brochazos muy generales, un asunto que es importante: luego del choque de 2023, que fue un año de ajuste frente a los desmadres de gasto, inflación y actividad económica que sobrevinieron a los días más aciagos de la pandemia, el PIB de 2024 parece mostrar una economía en una trayectoria de recuperación.

El adjetivo que se le pueda sumar a la palabra recuperación dependerá mucho de lo que venga en 2025: sostenida y, acaso, robusta podrían ser dos opciones o interrumpida y fugaz, otras.

El panorama de 2025, por cierto, pinta más positivo y optimista en este momento, con un PIB que superaría la marca del 2,5 % según el Gobierno y el Banco de la República, y una inflación que continuaría descendiendo en su camino hacia el rango meta del 3 % trazado por el Banco Central (aunque las proyecciones sobre el camino de los precios para el final de año difieren entre ambas entidades, vale aclarar).

Pero como pocas cosas existen en el vacío, sin interactuar o ser perturbadas por otras fuerzas, las tensiones positivas de 2025 coexistirán con incertidumbres de gran calado en el panorama comercial del mundo, cortesía de las decisiones y retractaciones constantes de Donald Trump sobre la política arancelaria de Estados Unidos. Asimismo, el panorama más inmediato está enmarcado bajo la sombra de los problemas fiscales, que llevaron a dos recortes presupuestales en 2024 para ajustar el gasto del Gobierno; en 2025 ya vamos uno más por $12 billones y es posible que veamos ajustes extras en el cinturón de las cuentas públicas, que podrían superar los $40 billones, según dijo este lunes el Comité Autónomo de la Regla Fiscal (CARF).

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Con este escenario, vale la pena ver qué pasó con la economía el año pasado para tratar de dilucidar qué podría traer 2025 en este terreno.

Puntos positivos de los datos del PIB

Cuando se analizan los datos del año por sectores se ven dos grandes motores, al menos en términos nominales: el agro y las actividades artísticas (en donde también se agrupan los juegos de azar).

Por el lado de la agricultura, esta creció 8,1 % en el año, una cifra muy destacable por derecho propio y más aún si se tiene en cuenta que en 2023 este dato se ubicó en 1,7 %.

En el espectro de las actividades artísticas y de entretenimiento también se ve una expansión del 8,1 % para el año pasado, pero el dato contrasta con el 10,5 % que registró el sector en 2023. La cifra de 2024 no es mala, en lo absoluto, pero sí deja ver una cierta desaceleración (o un ajuste, quizá) con la dinámica que este renglón había mostrado desde la pandemia.

Ahora bien, cuando el asunto se mira desde las contribuciones al PIB del año, es decir, qué tanto pesó cada renglón en el crecimiento del 1,7 %, se tiene que el agro prácticamente explica la mitad de esa expansión, con una contribución del 0,8 %, pero las actividades artísticas apenas pusieron 0,3 % de esta canasta.

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Desde la perspectiva de las contribuciones, el segundo jugador más importante fue el renglón de la administración pública (en donde también se agrupan cosas como la educación y la salud), que puso 0,7 % del total del 1,7 % del PIB para el año. El sector, sin embargo, mostró una desaceleración en sus resultados generales frente a 2023, pasando de una expansión del 5 % en ese entonces a una del 4,2 % en 2024; esto, claro, en medio de ajuste de gasto por parte del Gobierno por cuenta de las urgencias fiscales (principalmente, caída en el recaudo tributario).

En el agro, según el DANE, las buenas cifras se explican, entre otros factores, por el crecimiento en los cultivos de café, que ha estado acompañado de precios internacionales históricamente altos; la expansión de estos cultivos se dio a un ritmo anual del 22,5 %, según la entidad.

Además de esto, una constante que ayudó en 2024 fue la caída y normalización de los costos de los insumos agrícolas para 2024, después de dos años de aumentos e inestabilidad del mercado internacional, fenómeno anclado a la invasión de Rusia a Ucrania en febrero de 2022.

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Esto se dio tanto para los fertilizantes de los cultivos como para el maíz y la soya, que son los principales costos de los productores pecuarios nacionales.

A futuro, los buenos resultados del agro estarán amarrados a temas como la financiación del Gobierno al sector (en veremos en un año de apretones fiscales), así como el desempeño de otros renglones conexos, como el comercio y la industria manufacturera, que son grandes compradores de alimentos.

El vaso medio vacío

Mauricio Hernández, economista de BBVA Research, explicó que 10 de los 12 sectores que analiza el DANE ya superan los niveles de actividad de 2019, pero hay dos que siguen rezagados: la minería y la construcción. “En el año completo, estos sectores representaron solo 77 y 84 %, respectivamente, del valor que tenían en 2019, reflejando una contracción estructural en ambas actividades”.

El resultado de la construcción fue agridulce: se registró un crecimiento del 1,9 %, pero mientras la ejecución de carreteras, vías de ferrocarril y otras obras de ingeniería creció 11,7 % y las actividades especializadas para la construcción de edificaciones y obras de ingeniería crecieron 1,5 %, la construcción de edificaciones residenciales y no residenciales cayó 2,5 %.

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Camacol, el gremio de los constructores, destacó que la producción residencial cayó 5,8 % en el cuarto trimestre de 2024, completando así siete trimestres de números rojos, y que, según las cifras del sistema de información Coordenada Urbana, el inicio de 2025 no fue el mejor: frente a enero del año pasado, las iniciaciones cayeron 55,2 % y los lanzamientos, 30,5 %.

El desempeño de explotación de minas y canteras es preocupante: pasó de crecer 2,6 % en 2023 a una contracción del 5,2 % en 2024. Este sector le restó al crecimiento del año 0,3 puntos porcentuales. Piedad Urdinola, directora del DANE, explicó que la caída se debe, principalmente, al desempeño de la extracción de carbón de piedra y lignito, que cayó 13,3 %.

Estos datos toman mayor relevancia si tenemos en cuenta que el papel que tiene el sector minero-energético en la economía, lo que implica en términos de ingresos fiscales, divisas y exportaciones. La semana pasada, analistas advirtieron que los nuevos impuestos que creó el Gobierno para atender la crisis en el Catatumbo (incluyendo un tributo del 1 % a la exportación y la primera venta dentro o desde el territorio nacional de hidrocarburos y carbón) pueden afectar todavía más el comportamiento de esta actividad.

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Carlos Cante, presidente de la Fenalcarbon, dijo que el impuesto grava tanto a los carbones térmicos como metalúrgicos, sin importar la escala de producción, por lo que se verá afectada la gran minería de carbón, pero también la mediana y pequeña minería del interior del país. Julio César Vera, experto en el sector y presidente de XUA Energy, dijo que los impuestos terminarán afectando la competitividad del país y la inversión. “Puede traducirse no solo en menores divisas, sino en un deterioro de la actividad, menor producción y menores reservas e ingresos a corto y mediano plazo en cuanto a regalías e impuestos”.

En la industria tampoco escampa: el sector no abandonó el espectro negativo y apenas mostró una ínfima corrección entre los resultados de 2023 y 2024: -2,7 y -2,1 %, respectivamente. El presidente de la Andi, Bruce Mac Master, señaló que este renglón lleva dos años en números rojos en producción y ventas, lo que evidencia un “estancamiento que se ve reflejado también en la imposibilidad de abrir nuevos puestos de trabajo”.

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Por su parte, el comercio mostró un repunte anual, llegando al 1,4 %, que dista mucho de ser un resultado perfecto, aunque tiene algo de deseable si se mira contra el espejo de 2023, cuando la cifra se ubicó en terreno contractivo: -3,6 %. Jaime Alberto Cabal, presidente de Fenalco, dijo que el sector “pasó el año raspando” y que ante la ausencia de “planes de reactivación realmente efectivos y concertados” las estrategias del sector privado, como los descuentos en la temporada de fin de año, permitieron una “reanimación” que estimuló el crecimiento.

Desde el lado de la demanda en la ecuación del PIB, Camilo Herrera, fundador de Raddar, destacó que el gasto de los hogares, que aumentó 1,6 %, creció menos que el PIB por segundo año consecutivo: “Está siendo un motor menos relevante en la dinámica de crecimiento. Para 2024, el gasto de los hogares aportó 69 % de crecimiento del PIB. Parece que la formación bruta de capital, es decir, la inversión, impulsó el crecimiento, mientras que las importaciones y el gasto público lo frenaron”.

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Ahora bien, para Jackeline Piraján, economista principal de Scotiabank Colpatria, aunque la inversión como porcentaje del PIB se ubicó cerca del 17 %, sigue por debajo del nivel registrado hace cinco años.

Luis Fernando Mejía, director de Fedesarrollo, lo resume así: pese al notable desempeño del agro, las actividades artísticas y de entretenimiento, hubo malas noticias: “La contracción de la industria, que acumula seis trimestres consecutivos en rojo, algo inédito en la historia reciente del país; la caída del sector minero-energético, afectado por la política sectorial del Gobierno y, especialmente, que el país cerró nuevamente con una tasa de inversión del 16,5 %, la más baja en 20 años de historia”.

El vaso medio lleno de la inversión, señala Mejía, es que parece haber tocado fondo, “aunque su crecimiento sigue siendo insuficiente para retomar tasas de inversión del 21-22 %, que son necesarias para que el país crezca por encima del 3,5 %”. Para el experto, es necesario resolver la incertidumbre fiscal que afecta las tasas de interés y, por ende, el costo de endeudamiento para hogares y empresas y eliminar la incertidumbre sectorial en ámbitos como el minero-energético, los servicios públicos y la infraestructura.

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Estos y otros retos enfrentará la economía en 2025. Este año debería consolidarse la senda reactivación, con un crecimiento del 2,6 %, según proyecciones del Ministerio de Hacienda, en las que coinciden analistas encuestados por Fedesarrollo y el Banrep. En estas cifras no están incluidas otras piedras con las que podría tropezar el PIB, como los aranceles de Trump.

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