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El precio del oro alcanzó un nuevo máximo histórico y superó los USD 5.500 por onza, en medio de un dólar más débil y una creciente salida de los inversionistas de los bonos soberanos y las monedas.
El activo, considerado de refugio, completó nueve jornadas consecutivas al alza, en un rally que se ha acelerado en las últimas sesiones.
Durante la jornada, el oro subió hasta 3,3 %, tras haber avanzado 4,6 % en la sesión previa, el mayor incremento diario desde marzo de 2020, en el punto más álgido de la pandemia de covid-19. En lo corrido del año, el metal precioso acumula un alza cercana a 30%.
Refugio en la incertidumbre
El repunte no se ha limitado al oro. La plata también alcanzó un máximo histórico y superó los US$120 por onza, con una ganancia acumulada de alrededor de dos tercios en lo que va de 2026, en una aceleración de mercados alcistas que ya se extendían desde años anteriores.
El oro es considerado un activo refugio porque suele ganar atractivo en momentos de incertidumbre financiera, cuando los inversionistas reducen su exposición a activos como bonos o monedas. Al no estar ligado directamente al desempeño de una economía específica ni ofrecer rendimiento, su valor tiende a verse favorecido cuando aumenta la volatilidad, se debilita el dólar o surgen dudas sobre la efectividad de la política monetaria, como ocurre en el actual contexto de mercado.
De acuerdo con Christopher Hamilton, responsable de soluciones para clientes de Asia-Pacífico ex-Japón en la gestora Invesco Ltd., el comportamiento reciente del oro responde a una combinación poco habitual de factores más que a un solo detonante.
Según señaló, la velocidad con la que el metal ha ido superando niveles históricos refleja un deterioro rápido de la confianza en las herramientas tradicionales de política económica.
El avance sostenido de los metales preciosos también está afectando el funcionamiento del mercado. Simon Biddle, responsable de metales preciosos en el bróker Tullet Prebon, explicó que la magnitud y la duración del alza han reducido gradualmente la capacidad de los bancos para tomar posiciones, lo que ha limitado la liquidez y elevado la volatilidad. Según indicó, las entidades financieras están asumiendo menos riesgo y los volúmenes de negociación han disminuido.
El último impulso alcista se produjo después de que los inversionistas miraran más allá de la decisión de la Reserva Federal de mantener sin cambios la tasa de interés y reforzaran sus apuestas a un giro más moderado de la política monetaria. Este escenario suele beneficiar a los metales preciosos, que no generan rendimiento. En ese contexto, Rick Rieder, ejecutivo de BlackRock Inc. y partidario de recortes de tasas más agresivos, ha surgido como uno de los posibles reemplazos de Jerome Powell al frente de la Fed más adelante este año.
La llamada “operación de depreciación” también ha respaldado al oro. La reciente venta masiva de bonos en Japón, asociada a preocupaciones por un elevado gasto fiscal, y la especulación sobre una eventual intervención de Estados Unidos para respaldar al yen han presionado al dólar, abaratando los metales preciosos para la mayoría de los compradores.
En este contexto, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó esta semana que no estaba preocupado por una caída del dólar, comentario que llevó a la divisa a su nivel más bajo en casi cuatro años. Posteriormente, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, señaló que la administración respalda una moneda más fuerte y descartó una intervención para vender dólares frente al yen.
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