1 Jun 2021 - 2:00 a. m.

Una visión del desempleo más allá del paro nacional

Si bien el indicador mejoró en mayo, el mercado laboral aún no llega a los niveles prepandemia y sigue arrastrando problemas de género y asuntos estructurales del aparato productivo, dicen los analistas.

Cada reporte sobre la salud del mercado laboral que hace el Departamento Nacional de Estadística (DANE) se ha transformado en una suerte de acontecimiento en el mundillo económico. Si bien el dato siempre ha estado revestido de gran importancia, el peso central del desempleo en el contexto de la pandemia y la reactivación hace que esta variable sea observada, y diseccionada, con mayor profundidad cada mes.

A este nivel de análisis y anticipación habría que sumarle las expectativas por el impacto del paro nacional (más allá de la economía política alrededor del tema) y lo que se tiene para el reporte de mayo es una pequeña novela de misterio, como lo puso un usuario en redes sociales: “¿El paro disparó el desempleo? ¿El asesino es el mayordomo?”.

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Siguiendo un poco esta figura, la víctima quizá no fue asesinada, sino murió por una enfermedad crónica. Y para desentrañar el misterio del empleo primero habría que comenzar por ver las cifras.

Los datos del DANE dicen que, para mayo de 2021, el desempleo se ubicó en 15,6 %, lo que significa una reducción de 5,7 puntos porcentuales respecto al mismo mes un año atrás (21,4 %). La entidad destaco que, para el quinto mes de este año, disminuyó el número de desempleados en 900.000 personas.

Esta es la baja más sensible en el desempleo desde que empezó la pandemia. Pero antes de celebrar hay que tener en cuenta que “esta caída era de esperarse, dado que la tasa de mayo de 2020 fue la más alta observada en los últimos 20 años”, como lo dice María Claudia Llanes, economista de BBVA Research

En mayo, desde la perspectiva de los ocupados (categoría que llegó a 20,4 millones de personas) entraron 3,2 millones de ciudadanos a este grupo y la mitad de ellos estuvo concentrada en las principales ciudades del país. A su vez, la mitad de los ocupados regresó al empleo en el renglón de trabajador por cuenta propia. Unas 829.000 personas lo hicieron en empresas de menos de 10 empleados y unas 838.000 se incorporaron a empresas grandes, de más de 101 empleados.

Según Juan Daniel Oviedo, director del DANE, la reactivación se está dando en los extremos del mercado laboral. Lo que lleva a preguntarse por la salud de las empresas pequeñas, con entre 20 y 50 empleados, que en mayo o tuvieron ganancias muy modestas en incorporación de empleados o registraron las únicas pérdidas de todo el espectro empresarial.

Los datos de la entidad dejan ver que dos terceras partes de los ocupados (en total son 13,6 millones) trabajan en empresas de menos de 10 personas: “Estas empresas explican tres cuartas partes del crecimiento de la población ocupada”, destacó Oviedo.

Para el trimestre marzo-mayo de 2021 la tasa de desempleo se ubicó en 15 %, 2,8 puntos porcentuales menos respecto al trimestre móvil marzo-mayo de 2020 (17,8 %). En el trimestre de este año se evidenció que mientras la tasa fue del 12 % para los hombres, llegó al 19,1 % para las mujeres.

El mercado laboral continúa mostrando una brecha en contra de las mujeres, una dinámica que ya se veía antes de la pandemia, pero que ha crecido con prominencia en medio de la crisis económica desatada por el avance del COVID-19.

De acuerdo con Oviedo, por cada cuatro hombres que recuperan su puesto de trabajo, tres mujeres lo están haciendo. Y aunque esta es una leve corrección del desbalance, en otros renglones del mercado laboral el panorama sigue siendo preocupante.

Es el caso de la desocupación. Según Oviedo, frente a los datos registrados en mayo de 2019 (es decir, antes de la pandemia), aún hay cerca de 1,7 millones de personas que no han salido del desempleo: 511.000 hombres y 1’185.000 mujeres. De acuerdo con el funcionario, por cada tres hombres que pierden su puesto de trabajo, siete mujeres siguen el mismo camino.

“El desempleo de las mujeres, más de un año después del inicio del COVID-19, sigue siendo aterrador. La brecha mujeres-hombres se está cerrando, pero porque el desempleo de los hombres está aumentando. Urge un plan de choque que tenga en cuenta las labores de cuidado”, escribió Martha Elena Delgado, directora de análisis macroeconómico y sectorial de Fedesarrollo.

¿Y el paro?

Entonces, ¿el paro afectó al empleo en mayo? La respuesta rápida es que sí hubo afectaciones al panorama laboral en este mes derivadas de la coyuntura nacional, que no solo incluye las manifestaciones y los bloqueos, sino también las restricciones a la actividad económica propias de la pandemia.

Por ejemplo, entre abril y mayo, la única ciudad principal que registró un aumento en la tasa de desempleo fue Cali, que pasó del 19,9 al 24,3 %, un incremento estadísticamente significativo, según el DANE.

Y si bien la entidad no ofrece una respuesta cualitativa sobre el impacto del paro en el mercado laboral, algunos datos pueden ir en la línea de cuantificar las afectaciones, como el número de horas trabajadas.

Según Oviedo, en mayo de este año, 1,7 millones de las personas que estaban ocupadas reportaron haber trabajado menos horas, frente a casi 1,3 millones que declararon lo mismo en mayo de 2019, es decir, antes de la pandemia. De los 1,7 millones de 2021, 663.000 dijeron que la razón de su menor jornada laboral fue la reducción en la actividad económica de la empresa. En 2019, para esta categoría específica, la cifra llegó a 331.000 personas.

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Otro indicador que el DANE utiliza para arrojar luz sobre el misterio del paro es qué tanto el índice de población desocupada desestacionalizada, en comparación con enero de 2020: frente a ese mes, mayo de 2021 representó un incremento del 38,7 % en el indicador, el aumento más grande desde noviembre de 2020.

“Cuando vemos una recuperación gradual del año pasado a la fecha es normal, porque estamos en un proceso de reactivación”, explica Rosmery Quintero, cabeza de Acopi (gremio de las micro, pequeñas y medianas empresas). Y agrega: “Entre abril y mayo de este año se ve un desmejoramiento, y eso obedece a las manifestaciones que hemos visto por muchas semanas”.

Sin mayores sorpresas, esta certeza la comparte Fenalco, que a través de su presidente, Jaime Alberto Cabal, expresó que “la recuperación que se venía dando en marzo y abril en la tasa de desempleo volvió a caer en mayo gracias a la convocatoria del paro nacional”.

Estas visiones contrastan con la de algunos analistas. Para Sergio Olarte, economista principal de Scotiabank Colpatria, “las noticias son parcialmente positivas en tanto la gente esperaba que el desempleo se deteriorara aún más que en abril, por cuenta de la disminución de movilidad debido a los paros y bloqueos que tuvimos durante ese mes. Sin embargo, la tasa de desempleo estuvo en 15,6 % para el nivel nacional y venía de 15,1 %, con un deterioro marginal, mientras que la tasa de desempleo urbana mejoró, vino por 16,6 % en mayo cuando en abril estaba en 17,4 %. Recordemos que abril fue especialmente complicado por cuenta de la baja movilidad en términos de las restricciones por la tercera ola del COVID-19”.

Llanes, del BBVA, va en una línea similar al decir: “Entre abril y mayo, con datos ajustados por la estacionalidad, la tasa de desempleo se mantuvo estable y el empleo aumentó, en 281.000 puestos, revirtiendo parcialmente la fuerte caída observada en abril.

Cálculos de analistas independientes señalan que el ritmo de la ocupación habría caído en unos 79.000 puestos de trabajo, lo que quizás está por debajo de los poderes apocalípticos que se le atribuyeron al paro desde diversas esquinas del universo económico.

“El impacto del paro en el desempleo no fue tan grande, porque no es una situación de larga data en la que haya un cierre total, pero el empleo no se afecta inmediatamente. No es una dinámica que se quede en el tiempo, extendida. Lo que sí hay son problemas estructurales, de antes”, dice Diego Guevara, profesor de la Escuela de Economía de la U. Nacional y colaborador de este diario.

Los problemas de antes

Para todo el mundo parece resultar claro que la economía arrastraba problemas de empleo antes de la pandemia y, claro, antes del paro. Y esos asuntos siguen presentes en este momento.

“A mayo le quedaron faltando 1’697.000 ocupaciones adicionales, tan solo para regresar a los niveles de 2019, que ya tenía una tasa de desempleo muy mala. No hay dudas de que la reactivación sin ocupación no será posible y los sectores que son capaces de demandar más mano de obra no muestran una recuperación significativa capaz de absorber esos empleos. Por ejemplo, el sector comercio es muy dinámico y las reaperturas de manera natural incrementan la ocupación en este sector, pero es insuficiente para jalonar un crecimiento económico por su poca capacidad de crear riqueza. Las políticas públicas deben enfocarse en la defensa de sectores capaces de producir y transformar dentro de Colombia”, argumenta Mario Valencia, analista, consultor y columnista de este diario.

Algo similar dice Olarte: “Lo que sí estamos percibiendo es que definitivamente hay aproximadamente 1,5 millones de personas que estructuralmente perdieron el empleo y deben ser sujetos de políticas económicas de aquí al futuro, especialmente en los sectores de la educación, de la agricultura y de la manufactura”.

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Los datos del DANE señalan en esta misma dirección: hay 1,2 millones de personas desempleadas de más, al comparar mayo de 2019 y 2021. Esta es una cifra muy similar a la que registró al finalizar 2020, lo que indica que la posibilidad del mercado laboral para ajustarse y reducir la población desempleada no ha podido acelerar. Durante la presentación del reporte de mayo, Oviedo alertó que “en este escenario de reactivación el país sigue heredando problemas de su mercado laboral, como el incremento del desempleo en los pequeños municipios y las zonas rurales”.

Valencia, por su parte, explica que “el sector comercio es el que más ha aportado a generar ocupación desde 2019, pero aún así es insuficiente para generar una dinámica económica positiva y reducción del desempleo, no por falta de voluntad, sino por incapacidad transformadora: no es lo mismo vender lo que se fabrica dentro del país, que vender lo que fabrican en otros países con empleos generados allá”.

Y a esto Guevara agrega, para finalizar, que “hay problemas estructurales desde antes, no tenemos sectores intensivos en empleo y los que han impulsado la economía son el financiero y el minero. El problema sigue siendo estructural”.

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