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31 Jan 2022 - 2:00 a. m.

¿Qué hacer para bajar el costo de los alimentos?

Los alimentos son el gran motor detrás de la inflación en el país, que a su vez es una de las principales preocupaciones en la economía colombiana. Sin embargo, los precios de la comida están condicionados, entre otros, por factores globales como la crisis de los contenedores y los problemas para suplir una creciente demanda mundial. ¿Qué se está haciendo y qué se puede hacer en el país para solucionar este panorama?
Corabastos subida de presios en los alimentos
Corabastos subida de presios en los alimentos
Foto: GUSTAVO TORRIJOS

Los alimentos son un asunto central en la vida de todo el mundo por razones obvias. Pero más allá de esta verdad evidente, la comida ha cobrado una relevancia especial en Colombia en tiempos recientes.

Tan solo el viernes pasado, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) publicaron un informe que alerta sobre el riesgo de hambre aguda en veinte países para febrero y mayo de 2022. Uno de estos lugares, conocidos como puntos críticos de hambre, es Colombia.

De acuerdo con estos organismos, este año más de siete millones de colombianos necesitarán asistencia alimentaria. Según los datos más recientes de la encuesta Pulso Social del DANE, en diciembre de 2021, solo 69 % de los hogares colombianos consumían tres comidas al día (frente a 70,6 % en el mismo mes de 2020).

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Así mismo, los alimentos son el motor principal detrás de la inflación en Colombia, un indicador que cerró 2021 en 5,62 % y cuyo crecimiento es uno de los principales nubarrones en la economía nacional. Tanto así que el viernes pasado, la junta directiva del Banco de la República tomó una dura decisión al dejar sus tasas de interés en 4 %, cuando en diciembre las había elevado a 3 %. Este es el incremento más duro en, por lo menos, quince años.

Costos por las nubes

Los precios de los alimentos contribuyeron con 2,73 % del 5,62 % del total de la inflación al cierre de 2021. La carne de res, las aves, la papa y los aceites comestibles fueron los que más participaron en este aumento, según el DANE.

Las razones que explican el encarecimiento de la comida están relacionadas con factores del mercado global, tales como “el alto costo de los insumos del mundo agrícola, que han crecido casi 60 % en el último año. También ha subido el precio del dólar y buena parte de estos insumos son importados”, explica Ángela Penagos, directora del Centro de Investigación y Desarrollo en Sistemas Agroalimentarios de la Universidad de los Andes.

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La subida de los productos necesarios para el cuidado de los cultivos —herbicidas, plaguicidas y fertilizantes— está relacionada con el elevado precio en los fletes en el transporte marítimo, la poca disponibilidad de contenedores para transportar las mercancías y las dificultades de producción que tuvieron algunos países exportadores.

Este fenómeno, que bien puede englobarse bajo el rótulo de la crisis de los contenedores, se ha dado a escala mundial y ha ido de la mano con una reactivación económica que ha significado mayor demanda por parte de los consumidores, aunque también vale la pena aclarar que los alimentos y el sector agro, en general, fueron de los pocos que no registraron caídas históricas durante los momentos más críticos del primer año de la pandemia.

A este panorama internacional hay que sumarle, según Jorge Bedoya, presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), el impacto que tuvo el invierno en la productividad del país y los bloqueos durante el paro nacional, especialmente en mayo, cuando la inflación de los alimentos fue más alta.

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Desde diferentes sectores proyectan que las variables globales mantendrán su tendencia este año, lo que podría seguir incrementando los precios de la comida, aunque hay quienes esperan que la situación se estabilice. Si bien los factores que afectan los precios no dependen de dinámicas internas, se han implementado varias medidas para revertir o mitigar las causas que han encarecido la comida.

Acciones locales

La primera de ellas es la ley de insumos agropecuarios (Ley 2183 del 6 de enero de 2022), dicen desde el Ministerio de Agricultura. “Esta va a permitir que tengamos un arancel del 0 % para la importación de insumos agropecuarios y crea el Fondo de Apoyo a los Insumos Agropecuarios (FAIA), que nace con los recursos del 10 % de las utilidades de 2021 del Banco Agrario. Lo estaremos reglamentando en este primer trimestre para que funcione en el segundo trimestre del año”, asegura Rodolfo Zea Navarro, responsable de esta cartera.

El crédito y el seguro agropecuario son otras herramientas que se están usando, según Zea. “Normalmente, las líneas de crédito con tasa subsidiada comienzan a partir de marzo y abril. Este año estamos haciendo toda la gestión para comenzar en las primeras semanas de febrero, de tal manera que los pequeños y medianos productores tengan créditos con tasas subsidiadas y el seguro agropecuario”, añadió Zea.

Para Adriana Senior, experta en agronegocios y presidenta de la Corporación Colombia Internacional (CCI), la nueva ley ayuda a solucionar parte de la problemática, porque los costos de la producción se optimizan, generando mejores condiciones. “Sin embargo, esos menores costos deben ir de la mano con mejores condiciones de precios de oferta y demanda en la cadena de comercialización. Los precios del mercado hacia el consumidor, que miden en realidad la inflación de los alimentos, no se ven reflejados en el beneficio hacia el productor. Si atacamos la raíz de los costos de producción, podemos lograr precios competitivos y mayores controles en la especulación”, asegura.

Un punto importante para la reducción de los precios de producción tiene que ver con el maíz y la soya, porque estos son utilizados para la alimentación avícola y porcícola. Estos son los “cultivos que tienen mayor importación. Tenemos que mejorar la productividad, que estén cerca del 10 y 12 %, para poder competir con los precios internacionales. Estos productos, así como hoy están caros, mañana pueden bajar de precio en el mundo y si nosotros no tenemos esa productividad, vamos a tener áreas sembradas que no van a tener mercado”, aclara el ministro Zea.

Además, otros de los productos importados que más se encarecieron fueron los fertilizantes y herbicidas. Por eso, la ley apoya proyectos para que se produzcan fertilizantes y controladores biológicos e insumos verdes en el país, aunque es un proceso largo y costoso que dará resultados en el mediano y largo plazo.

Para compensar la alta tasa de cambio del dólar, según Cecilia López, presidenta del Centro de Investigación Social y Económica (CISOE), es necesario encontrar un balance comercial. “Nosotros estamos importando muchísimo más de lo que exportamos y ahí también el sector agropecuario juega un papel importante. No solamente son los alimentos, sino también lograr que este país sustituya importaciones y genere una actividad productiva que cree empleo y reduzca ese gran desbalance que tenemos entre exportaciones e importaciones”, dice.

Varios expertos consultados por este medio coinciden en que es fundamental que el país invierta en tecnología e innovación para reactivar el sector agropecuario y la agroindustria, y mejorar la producción para que los productos nacionales sean más competitivos en el mercado. Esta transformación sería clave para apoyar en Colombia una transición lejos de la dependencia minero-energética.

Por ejemplo, la producción de café y azúcar está muy conectada, porque tienen mucha investigación y desarrollo para tener variedades que se adapten a las condiciones colombianas. También son sistemas productivos conectados con la agricultura comercial, tienen unos sistemas de acompañamiento y asistencia técnica. “No todos los sectores en Colombia tienen la fortuna de contar con esa estructura institucional que favorece una agricultura altamente competitiva. El país tiene con qué desarrollar una agricultura de altísima calidad, pero requiere una reasignación del gasto en investigación, desarrollo y transferencia de tecnología para atender sus mercados y que realmente la agricultura sea una fuente de ingresos para nuestros campesinos”, sostiene Penagos.

Además de la tecnología, Bedoya dice que es necesaria la educación y el acceso a la información que les permita a los productores tomar decisiones en tiempo real de acuerdo con las dinámicas del mercado global. Junto a esas necesidades está la de que se apoye la asociatividad, con el objetivo de generar rentabilidad. Esto implica generar economías de escala; es decir, que varios productores en una misma cooperativa puedan negociar mejores precios para comprar o vender sus insumos.

Finalmente, Senior resume lo que se espera del sector para que sus productos sean competitivos. “El sueño es que podamos fortalecer la dinámica productiva acorde con la demanda del mercado, sembrar donde se debe, en las fechas que convienen y con la tecnología requerida. Que se mejore la cadena de frío y las vías terrestres para más conectividad. Que también se generen capacidades en mano de obra calificada, acorde al cultivo, y que haya valores agregados, que se demandan cada día más el mercado”, puntualiza.

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