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Este ha sido un año muy difícil de analizar en su desempeño económico, ya que hay variables que tienen un buen comportamiento, otras un muy mal desempeño y unas de muy difícil lectura, más aún en un entorno político y electoral, en el que las personas creen que el Gobierno se mide fácilmente por los resultados económicos. Un buen ejemplo de esto es el “dólar” (o la cantidad de pesos que pagamos por uno), donde muchas “mamás” creen que, si el dólar sube, la economía va mal, y si baja, va bien.
Por varios años, Raddar ha definido y presentado en estas páginas la variable económica del año, considerando premisas simples, como el sector económico que más ha hecho crecer la economía, lo que más redujo la pobreza o incluso lo que más frenó la inflación, sabiendo que falta un mes de datos por conocer.
Este año hay varias candidatas en el listado que compitieron con mucha fuerza:
1. El gasto público, que ha sido un fuerte estímulo de corto plazo a diversos sectores de la economía.
2. El café (la producción cafetera): el precio internacional del grano y el enorme cambio de consumo de café en los colombianos.
3. La dinámica del gasto de hogares y el comercio, que mueven muchas cosas en la economía.
Todos tienen sus pros y contras: el gasto público causa un enorme déficit fiscal y el precio del café para los hogares creció 56 % en los últimos 12 meses. Esto deja al gasto de hogares como la mejor candidata, porque resume casi todas las variables positivas y negativas: al parecer los hogares han comprado mucho, y eso es posible gracias a muchas cosas de la economía, no solo a las acciones del Gobierno.
Sin embargo, detrás de muchas variables económicas hay una que se esconde sigilosamente haciendo posible los buenos desempeños de muchos sectores y políticas: el crédito.
Para ningún lector es un secreto el fuerte endeudamiento que ha tenido el Gobierno en 2025, llegando a una deuda de COP 1.180 billones, aumentando la deuda en los últimos 12 meses en COP 188 billones, siendo esto casi la mitad de lo que se recauda en impuestos.
Quizá para muchos sí sea desconocido que los hogares han aumentado la cartera en solo COP 22,5 billones, llegando a ser de COP 344 billones (casi una tercera parte de la deuda pública). Esto explica el 64 % del crecimiento del gasto de hogares, mientras que el aumento de salarios o las remesas solo justifican 26 y 9 % de esta dinámica, respectivamente.
Así, el crédito que le dan al Gobierno Nacional a nivel local e internacional, sumado al crédito que les dan los bancos a algunos hogares colombianos, en adición al que les dan los mercados y los bancos a las empresas, es el gran motor de la economía colombiana, explicando cerca del 155 % del crecimiento del PIB de 2025, aproximadamente.
“Vivir al debe” es vivir del futuro y es una estrategia válida, porque permite tener recursos hoy para mejorar las condiciones del presente, apoyándose en mejores resultados en el futuro. Claro, el riesgo no es menor, y por eso las calificadoras de riesgo y el mercado nacional e internacional cobran más intereses al Gobierno Nacional, porque la apuesta es alta. Particularmente, porque al parecer este mayor endeudamiento se va en gasto corriente y pago de otros créditos, en vez de irse a la formación de mejores capacidades productivas para el mercado.
Financiarse con el mañana es normal, porque se piensa en hacer cosas hoy para mejorar el futuro, como sí lo están haciendo los hogares, que aumentan su endeudamiento para comprar carro, moto, electrodomésticos, educación y vivienda, aunque también para pagar viajes o conciertos, lo cual no necesariamente tiene que ver con mejorar su patrimonio o capacidades para producir.
La palabra “crédito” resume bien el fenómeno: el mercado financiero y los bancos le dan crédito, le creen, confían, apoyan al Gobierno, al sector privado y los hogares porque consideran que con este nuevo préstamo van a mejorar sus condiciones y aseguran, en lo posible, el pago del dinero entregado.
Por eso, según el nivel de riesgo de cada préstamo adicional, se define si se da o no y a qué tasa. Esta situación se ve claramente en la deuda pública, con la que el Gobierno consigue recursos y cada vez tiene que pagar más por conseguir más dinero en el mercado, gracias a que siempre ha pagado los préstamos y servicios de deuda que ha pedido. Algunos hogares no son tan juiciosos, bien sea porque se endeudan mal o pierden su capacidad de pago.
Afortunadamente para los hogares las tasas de interés de crédito de consumo e hipotecario han bajado mucho, en línea con una menor inflación y con los cambios en la tasa de usura. Mientras, desafortunadamente, para el Gobierno las tasas de interés han subido por el exceso de gasto público que se ha presentado y el incremento de riesgo percibido por el mercado.
Si se suman los COP 188,8 billones adicionales en crédito del Gobierno con los COP 22,5 billones adicionales de la cartera de los hogares, más los COP 39,6 billones de las empresas, la cartera total en 2025 puede ser superior al 121 % del valor nominal del PIB, lo que demuestra, nuevamente, que vivimos al debe y deberemos pagar esto en el futuro.
* Raddar Consumer Knowledge Group.
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