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20 Jan 2022 - 12:12 a. m.

Conflicto colombiano, una materia que se raja en los libros escolares

Una investigación realizada por la Universidad Javeriana analizó el tratamiento que se da al conflicto armado en los textos escolares de los colegios. Poco contexto y presentación de hechos desarticulados, algunos de los hallazgos.

Pesquisa

Miguel Martínez

Exposición realizada en la Plaza de toros La Santamaría en el marco del día internacional de las víctimas de desaparición forzada.
Exposición realizada en la Plaza de toros La Santamaría en el marco del día internacional de las víctimas de desaparición forzada.
Foto: Carlos Rosas - Mauricio Alvarado Lozada

Si hay algo que ha atravesado todos los ámbitos de la historia reciente de Colombia, ha sido el conflicto armado. Múltiples actores, dinámicas, motivaciones, formas de violencia, políticas estatales, contextos locales, regionales y nacionales disímiles, lo hacen un fenómeno muy complejo de entender.

Al ser un tema tan cercano y determinante para las condiciones del país que tenemos hoy en día, surge la pregunta de cómo se enseña toda esta complejidad en los colegios. (Puede leer: Huérfanos por coronavirus: la dura situación de más de 30 mil niños en Colombia)

En el marco de un convenio establecido entre la Comisión de la Verdad y varias facultades de la Pontificia Universidad Javeriana, entre ellas la Facultad de Educación, varios investigadores indagaron sobre la información relacionada con el conflicto colombiano en textos escolares oficiales elaborados por el Ministerio de Educación y por editoriales comerciales.

El conflicto armado colombiano en textos escolares

Esta investigación analizó 14 textos escolares publicados desde 1994, año en que el Ministerio de Educación decretó los lineamientos curriculares para la enseñanza de las Ciencias Sociales.

El estudio reveló que solo en los libros publicados en los últimos años se reconoce la existencia del conflicto. “Fue una transformación que se reconociera que en Colombia hay un conflicto armado interno. Años atrás se hablaba de factores generadores de violencia, pero en ese tratamiento se hace una lista igual entre narcotráfico, guerrillas, paramilitares, delincuencia común y tráfico de armas, ubicándolo todo al mismo nivel”, explica Gloria Bernal Ramírez, docente de la Facultad de Educación.

Aun así, y según la investigación, es poco el tiempo de enseñanza que se le dedica a este tema, pues solo se aborda durante noveno grado y, cuando se trata, su estudio se inicia desde “El bogotazo” hasta el Acuerdo de paz con las Farc.

Sin embargo, parece ser que no se le dedica suficiente tiempo, pues a la par de su abordaje, se deben incluir temas de geografía e historia y, a consideración de los investigadores, parece un lapso muy limitado para reflexionar sobre las múltiples aristas de una problemática que se presenta desde varias décadas atrás.

El informe también alerta sobre la naturalización y banalización del conflicto y de fenómenos violentos tan sensibles como el desplazamiento. (También puede leer: Conozca cómo solicitar, presencialmente, cupo o traslado en colegios de Bogotá)

“Encontramos reiteradamente la idea de que Colombia es un país violento, lo dicen de forma natural. Hay un texto que lo menciona así: ‘cuando se habla del territorio, se habla de conflicto’. También se justifica el desplazamiento diciendo que siempre ha habido movilizaciones, gente que se mueve de un lado al otro, por ejemplo”, sostiene Clara Inés Cuervo, otra de las investigadoras.

Advierte el estudio que buena parte de los contenidos corren por cuenta de los estudiantes, en actividades individuales y en grupo con exposiciones, discusiones o investigaciones propias. Sin embargo, los mismos libros incluyen las páginas web que deben consultar, por lo que no hay libertad para la búsqueda autónoma. Por lo tanto, depende del profesor seguir o no la guía que imparte el libro.

Las investigadoras recuerdan que, antes de 2017, año en el que se expidió la Ley 1874 que restablece la enseñanza obligatoria de la historia de Colombia en la educación básica y media, se incluían en los libros temas correspondientes a la historia de Colombia, según lo indicado por los Lineamientos Curriculares expedidos en 1974.

Estos contenidos estaban relacionados, principalmente, con la historia política y económica del país, así como su geografía. Allí primaba, a consideración de las expertas, la información que podría considerarse oficial.

Los textos publicados luego de la Ley 1874 sí incluyen referencias al Acuerdo de Paz de La Habana e invitaciones a la convivencia pacífica. Pero el enfoque continúa siendo más informativo que analítico apuntan las investigadoras. Agregan que llama la atención que los textos elaborados por el Ministerio de Educación Nacional dentro de la política de Modelos Educativos Flexibles no fueron actualizados con respecto a esta norma y siguen vigentes los que se publicaron en 2010. (Le puede interesar: Estas son algunas universidades que también entrarán 100% a clase presencial)

Más allá del texto

Esta investigación utilizó una metodología que tiene en cuenta tanto al texto como otros elementos que lo complementan: el análisis multimodal del discurso. “Quisimos mirar cómo se narra el conflicto armado colombiano con los diferentes lenguajes que se encuentran en los libros escolares, es decir, no solo lo escrito sino las fotografías, las ilustraciones y las imágenes”, dice la docente Bernal.

“Encontramos que el uso de imágenes es, por lo menos, descuidado, por no atribuirle intenciones perversas a quienes hacen los libros. Pero sí quedan muchas dudas sobre el mensaje que se transmite, más ahora cuando la cultura visual es cada vez más fuerte y los apoyos gráficos utilizados están cargados de significados”, agrega la profesora.

Uno de estos ejemplos se da en el apartado de la Ley de Víctimas de uno de los libros: se ofrecen fotos de población civil y de militares y a ambos se les presenta como víctimas del conflicto. Esta comparación es errónea porque los militares, al ser parte del conflicto, como agentes del Estado, no son considerados víctimas por la ley 1448 de 2011.

Dicha norma reconoce como víctimas a civiles que sufrieron desplazamiento forzado, despojo o abandono forzado de tierras, homicidio, secuestro, tortura, desaparición forzada, reclutamiento de menores, minas antipersona y delitos contra la libertad sexual. (Puede interesarle: Ley de Transparencia busca fortalecer el Programa de Alimentación Escolar)

También sucede que en varios textos se exponen fotos de campesinos en las que se les muestra como sujetos pasivos, sin organización o iniciativas propias frente a las diferentes formas de violencia que han padecido, asegura el estudio.

“Al campesino es al que más se mira de lejos. La visión de la ruralidad es muy limitada, casi que se puede hacer la equivalencia de que ruralidad es igual a agricultura. En los libros escolares se olvidó a la gente que vive en el campo o aparecen como víctimas, cultivan la tierra o hacen fiestas, no se muestra nada más”, manifiesta Bernal.

Un conflicto de hechos y figuras

Alejandra Bolívar es egresada de la maestría en Educación de la Javeriana, asistente editorial de la Revista Magis y participó en este estudio. Para ella uno de los puntos problemáticos es la forma en que se cuenta el conflicto. Explica que se usa el narrador omnisciente, una forma de relato lineal en la que los hechos tienen un inicio y un final. Para ella resulta cuestionable porque desarticula todas las dinámicas históricas y evita que se entienda de forma integral.

“Se tiende a hablar del conflicto en pasado, no hay una línea narrativa que conecte los sucesos ni se relacionan algunos que son consecuencia de otros. Esto lleva a que sea una historia de hechos puntuales y separados y que no se problematice para entender su complejidad. Se entiende todo como una violencia general”, dice la investigadora.

Así entonces, las acciones de los gobiernos y de las fuerzas militares suelen presentarse como las soluciones adecuadas y definitivas para muchas situaciones en el marco del conflicto, lo que las deja por fuera del análisis de la responsabilidad que, tanto el Estado, como la fuerza pública, han tenido en el conflicto armado colombiano.

Por otro lado, pero con un tratamiento similar, los textos analizados se suelen enfocar en actores puntuales, generalmente jefes de grupos armados y presidentes. Si bien son importantes para el desarrollo de la historia, dejan por fuera muchas voces que han sido fundamentales, fundamentalmente, la de las víctimas.

Un reto pedagógico

Las investigadoras reconocen que no es sencillo enseñar el conflicto a jóvenes. Por un lado, como ya se ha mencionado, es un proceso social con muchas aristas que lo hacen difícil de entender. Por otro, implica temas sensibles abiertos a interpretación, lo que se convierte en un asunto de discusiones políticas.

“Estos textos son un terreno seguro para el profesor porque si los sigue como están estipulados, nadie le va a decir que está adoctrinando a los estudiantes, como ya se ha visto. Podríamos decir que es la historia oficial y uno diría que los textos son cada vez más políticamente correctos y no implican comprometer al docente”, afirma la profesora Bernal.

Frente al último punto, la investigación concluye que el tratamiento de los temas de forma tan ‘aséptica’ lleva a que los estudiantes lo analicen de forma impersonal, lo cual va a impactar en sus capacidades ciudadanas a futuro.

“En la pedagogía nos hacemos una gran pregunta: ¿Cómo involucramos a los estudiantes en las discusiones importantes de su contexto, de su vida? Aquí la decisión es que eso lo haga otro porque la postura es distante, es una sola versión de la historia”, señala Bernal.

“Los textos analizados evidencian un discurso monológico que acepta solo una mirada como válida, no incluye otras voces. Eso está muy en contradicción a todo lo que queremos, un lector que no recite los contenidos, sino que pueda analizar críticamente, evaluar la confiabilidad de las fuentes y construir posturas propias”, concluye la profesora Cuervo.

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