12 Sep 2021 - 2:00 a. m.

Las promesas rotas con los estudiantes de Vaupés: el departamento con más inasistencia escolar

Las cifras publicadas por el DANE sitúan a la Amazonia como la región con mayor porcentaje de inasistencia escolar, a pesar de que sus colegios fueron de los primeros en volver a la presencialidad. ¿Qué está pasando en el sur del país?

Paula Casas Mogollón

Redactor Vivir

Helena Calle

Periodista

Las cifras de inasistencia escolar publicadas la semana pasada por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) pusieron en alerta a algunos. El total nacional pasó de 2,7 % en 2019 a 16,4 % en 2020, lo que parece indicar que la pandemia y la falta de conectividad generaron una gran pérdida en la educación de los niños y niñas del país, especialmente para los bachilleres. Pero lo que más llamó la atención fueron las cifras regionales: en Vaupés, el porcentaje de inasistencia escolar pasó del 9,8 % en 2019 al 56,6 %. En Amazonas, pasó del 5,6 % en 2019 al 41 % en 2020.

El departamento amazónico de Vaupés es un caso particular, porque apenas el 3,1 % de su población tiene acceso al servicio de internet, más del 90 % de su territorio son áreas no municipalizadas y el 81 % de los 30.787 habitantes del departamento se identifica como indígena.

Sobre sus estudiantes hay pocos datos. Se calcula que tiene cerca de 10.300 menores de 18 años que están estudiando (según el último diagnóstico de la Secretaría de Educación del Vaupés, de 2019) y están habilitadas 118 instituciones educativas, de las cuales 109 están en zona rural. Como contamos en El Espectador, para este año las cifras del DANE incluyeron la conectividad a internet como un criterio, dado que miles de estudiantes colombianos recibieron clases de manera virtual o semipresencial (con guías que sus profesores enviaban y recogían cada quince días).

Pero ¿por qué Vaupés es el departamento que tiene mayor porcentaje de inasistencia escolar? Por un lado, en 2019 los estudiantes ya reportaban que desertaban por dificultades económicas en el hogar, pero sobre todo porque los establecimientos educativos estaban lejos de sus comunidades. Por el otro, la conexión a internet, que estaba planeada para el departamento desde 2013, está quedada.

“Culebras” con Vaupés

El internet en Vaupés es una vieja deuda. Hace tres años, un periódico local de Mitú dirigido por el periodista Emerson Castro publicó una entrevista con Camilo Jiménez Santofimio, entonces viceministro de infraestructura del Mintic (que renunció en julio por el escándalo de la licitación de la unión temporal de Centros Poblados). Castro le hace una sola pregunta: ¿y el internet en Vaupés para cuándo?

El exfuncionario explica que la opción para las regiones como Vaupés es la de ondas electromagnéticas; es decir, las ondas que viajan por medio de las frecuencias llamadas “microondas”. Para esto el Mintic debía construir al menos cien torres repetidoras de diez metros en la selva, y al menos diez eran para Vaupés.

La promesa era construir setenta quioscos Vive Digital —que son los puntos de acceso comunitario a internet en zonas rurales—, internet banda ancha en treinta instituciones públicas, seis puntos Vive Digital —que es un espacio que garantiza el acceso a tecnologías e internet—, 985 accesos a internet en hogares y siete zonas gratuitas de wifi, y las antenas instaladas en Guaviare mejoraron la conexión en zonas como Carurú (Vaupés), pero en el departamento se quedaron esperando. (El retorno a clases presenciales no debe posponerse: Procuraduría)

“El Ministerio y el operador nos encontramos en un tribunal de arbitramento, revisando cómo corregir el desempeño del contrato y hacer los ajustes pertinentes (…) Vamos a mantener la conectividad y a mejorarla, no nos hemos olvidado de Vaupés, lo que pasa es que el tema judicial toma tiempo”, dijo Jiménez. Ya han pasado siete años desde el comienzo de esa promesa y la situación se repite en 27 municipios y veinte corregimientos de Amazonas, Guainía, Chocó, Putumayo, Vichada, Arauca y otros departamentos incluidos en el contrato. Justamente, los tres primeros en esta lista puntean junto a Vaupés como los departamentos con mayor porcentaje de deserción escolar.

Por otro lado, la infraestructura de internet está siendo disputada por actores armados en Vaupés, y como exigen la relativa cercanía física para “agarrar señal”, los estudiantes que dependen de WhatsApp para enviar sus tareas o necesitan llamar a sus docentes en Mitú o Taraira quedan desconectados.

En un documento de la Defensoría del Pueblo sobre la comunidad indígena de Buenos Aires (ubicada sobre el río Apaporis), publicado en junio de 2020, se describe cómo el Ejército Nacional realizó jornadas de apoyo al desarrollo en las instituciones educativas de este municipio, contribuyendo a la “militarización de la vida civil, tendiendo en cuenta que no es función principal de la fuerza pública proporcionar asistencia social a las comunidades, siendo las autoridades civiles quienes se encuentran en la obligación de garantizar y, si es preciso, canalizar los aportes que quieran realizar el cuerpo castrense en cualquier zona en conflicto”. (Error 404: en el corazón de los Centros Digitales del Mintic)

El informe también indica que los soldados se ubican cerca del Quiosco Vive Digital que está cerca del colegio, lo que pone en riesgo a los estudiantes porque “se ha reportado el posible interés del frente Primero de destruir la antena del quiosco Vive Digital, con el fin de dejar completamente incomunicada a la población civil y evitar, de este modo, que se tenga conocimiento en tiempo real de las graves vulneraciones e infracciones al derecho internacional humanitario que estarían propiciando en contra de los pobladores indígenas”.

Y para terminar de ajustar, en 2019 los contratos de quioscos Vive Digital terminaron su operación a la espera de “un proceso de estructuración técnica y financiera que permita precisar las metas y los detalles de la oferta institucional en las regiones, con el objetivo de satisfacer las necesidades de acceso al servicio en las zonas rurales, bajo condiciones de mayor eficiencia y sostenibilidad”, pero nunca se tuvo noticia del avance en infraestructura ni de consultas con las comunidades para instalación de antenas después de ese año.

Tampoco fue posible comunicarse con personas de la comunidad de Buenos Aires para esta nota. Fue evidente que esta promesa no se cumplió. Cuando tratamos de comunicarnos con Vaupés durante esta semana, la mitad de las llamadas se caían irremediablemente.

“En Vaupés sucede que la mayoría de colegios son internados porque la población es tan dispersa, acá todo es por río. Entonces con la pandemia los internados solo podían recibir 50 estudiantes de 200 que quedan desatendidos. Por el otro lado, aquí los únicos trabajos son los de la alcaldía y la gobernación. La gente vive de lo que siembra o pesca entonces no hay dinero, pero si usted vendiera tres kilos de pescado, la mitad de lo ganado se le va en gasolina para llevar al niño al colegio y se gasta seis horas solo la ida. Además hay ue comprar los materiales que le piden y la gente opta por mejor no mandar a los niños al colegio. Desde el año pasado mucho niño está sin estudiar”, dice Diego Londoño es miembro de la Asociación de AutoridadesTradicionales Indígenas de las comunidades del Área de influencia directa de la Microcentral hidroelectrica de Mitú (AATICAM). (La Gobernación de Vaupés le devolvió la educación indígena a la curia)

A pesar de esta situación, las autoridades educativas del centro del país no la han tenido en cuenta. En 2020, las Pruebas Saber se hicieron de manera virtual, a pesar de que a duras penas entra una llamada cuando llueve (casi todos los días). En Vaupés la situación es particular porque, debido a la dispersión geográfica, son comunes los internados para que los niños vayan al colegio todos los días sin tener que recorrer distancias de horas, incluso días, río abajo hacia las cabeceras. “Los internados prácticamente no están prestando servicio y eso implica que hay inasistencia. En Vaupés hay 10.300 estudiantes, pero no está claro cuántos están yendo a estudiar”, asegura Rafael Lozano, de la Defensoría del Pueblo. (¿De quién fue la culpa?: la garantía en duda en un proceso del Mintic)

La verdad sea dicha, la Amazonia colombiana ha sido una de las regiones que más ha empleado estrategias para volver a la presencialidad. De hecho, el primer colegio que abrió durante la pandemia en el país fue el colegio de Puerto Arica (Amazonas), pero a pesar de los esfuerzos por reabrir, los colegios siguen cerrando mas no por falta de bioseguridad. Hace quince días, la Secretaría de Salud del Vaupés selló el internado de Bocas del Yi (una comunidad a media hora de Mitú), que abrió sus puertas de nuevo este año, porque la infraestructura está en “amenaza de ruina” y no es apta para recibir a los 230 niños, mayoritariamente indígenas, que asistían a esta escuela rural. Los estudiantes están en proceso de reubicación. “Ni siquiera podemos hablar entre nosotros. No hay teléfonos y medianamente hay quioscos digitales. Alrededor de 50 o 60 comunidades de las 200 que hay en este departamento tienen radioteléfonos, pero eso es para notificar temas de salud urgentes. Muchas no están teniendo la posibilidad de comunicarse y mucho menos de recibir clases. Nos estamos comunicando aquí de milagro”, dice Lozano, quien añade que la virtualidad en este departamento no es una posibilidad ni lo será pronto. Para este texto contactamos a la secretaria de Educación del Vaupés, Betsy Munar, pero no respondió.

“Nosotros como líderes querríamos pero no tenemos como ayudar a esos niños, que son muchísimos los que no están estudiando. Si es difícil tratar de enseñarle en español a un niño indígena, imaginese por guías, o por whatsapp o por celular. Esto agrava mucho nuestra situación. Es sobre todo muy grave e la frontera con el Guaviare, al norte, porque ahí es el avance de la frontera agropecuaria y porque allá es lo más disperso. Hay como 10.000 hectáreas pero solo tres comunidades, y ahí hay milicias porque es muy aislado. Nos preocupan esas comunidades”, dice Londoño.

Efectos profundos y duraderos

La gravedad de estas cifras apenas los comenzamos a entender. En 2015, un estudio publicado por la Universidad de los Andes tomó los datos de la misma encuesta que publicó el DANE hace dos semanas (pero hace cinco años) y realizó un Índice de Vulnerabilidad Educativa con información sobre la educación de los últimos diez años. Concluye que la movilidad social de los individuos provenientes de contextos más vulnerables es significativamente menor que la del resto de la población.

“El nivel de pobreza municipal, la proporción de población afro, las tasas de desplazamiento y prevalencia del conflicto armado son características municipales que están fuertemente asociadas a una menor movilidad social. En contraste, la proporción de docentes de planta y la proporción de docentes con nivel de formación profesional están asociados a una mejor movilidad social”, concluyeron las investigadoras del Centro de Estudios de Desarrollo Económico. Dejusticia publicó otro estudio llamado “Educación y clases sociales: un estudio sobre apartheid educativo” unos días después de que fueran reveladas las cifras del DANE, en donde se explora la relación entre la cuna y el desempeño de los estudiantes.

“A medida que se avanza en las etapas educativas, la desigualdad, heredada de las primeras etapas, se mantiene hasta la educación superior, en parte debido a la deserción del sistema de aquellos que no alcanzan el puntaje necesario en el examen (muy selectivo) para ingresar a una universidad pública y que no tienen recursos para estudiar en una universidad privada de calidad”, dice el estudio.

Pero esta “inmovilidad” sucede desde la primera infancia. Por ejemplo, desde los 36 meses, los niños de hogares en el tercio más rico entre los encuestados tienen un mejor desempeño que los del tercio más pobre, y la distancia no se acorta cuando aumenta su edad. Mientras que en los hogares del cuartil más pobre en la Encuesta Longitudinal Colombiana de la Universidad de los Andes (ELCA) de 2013, apenas algo más que la tercera parte de los niños de cinco años o menos asiste a instituciones de educación superior acreditadas con alta calidad, y el acceso crece con el nivel de riqueza.

Para Santiago Tobón, director del Centro de Investigaciones Económicas y Financieras de la Universidad EAFIT, “estas diferencias se pueden corregir parcialmente con un buen sistema público de educación. Si uno tiene un programa de primera infancia, que es muy urgente, el ICBF, que atiende a los niños, puede empezar a corregir estas desigualdades que digamos vienen en la cuna. Pero en medio de la pandemia, las familias de más bajos ingresos son las que menos acceso terminan teniendo a este tipo de cosas, entonces vamos a tener consecuencias dentro de 35 años, por ejemplo”.

Las conclusiones del estudio de Dejusticia están muy cerca de las cifras que presentó el DANE. Aún persisten brechas importantes no solo entre distintos grupos socioeconómicos, sino también entre regiones del país, reflejando del apartheid institucional que complementa a la segregación educativa. Mientras las tres regiones con índices más altos en este indicador para primaria en 2019 (Bogotá, Bolívar y Tolima) superan el 96 %, las tres peores son Vaupés (55 %), Vichada (59 %) y Guainía (67 %). En secundaria puntean Boyacá (90,11 %), Quindío (87,85 %) y Bogotá (87,52 %), frente a (nuevamente) Vichada (25 %), Vaupés (29,99 %) y Guainía (31,45 %).

Mauricio García Villegas, investigador en educación y uno de los autores del estudio, explica que es probable que las cifras de deserción escolar por pandemia tarden en consolidarse, porque se considera que un niño deserta del colegio cuando dura dos años sin ir, pero no pinta bien: “Solo la mitad de los que desisten en primaria vuelven al siguiente año, y en bachillerato, la cifra es del 20 % más o menos”.

Lentamente, nos hacemos una idea de la magnitud de las desigualdades que se están profundizando día a día, y están determinando el futuro de miles, los que hoy son niños.

* Infoamazonia es una alianza periodística entre Amazon Conservation Team y El Espectador.

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