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Tal como lo habíamos adelantado hace unos días, uno de los escenarios que se contemplaban para la Universidad de Antioquia acaba de volverse una realidad: el rector John Jairo Arboleda Céspedes presentó este viernes su renuncia a la institución. El problema es que esto abre toda una discusión legal.
En su carta de renuncia, Arboleda hace un recuento de su trayectoria en la Universidad de Antioquia y de los desafíos que enfrentó durante sus tres periodos como rector. Sobre su gestión, señala que, pese a movilizaciones, amenazas, la pandemia de covid-19 y la crisis financiera, la Universidad logró, en su perspectiva, “mantener el prestigio investigativo institucional” y avanzar en el Plan de Desarrollo, lo que, según escribe, se reflejó en la “Acreditación Institucional de Alta Calidad, en modalidad Multicampus y con vigencia de diez años”.
Puede ver: Los detalles y discusiones del informe que sacudió a la Universidad de Antioquia
Arboleda reconoce, sin embargo, que tras su tercera designación como rector se instaló un ambiente de “polarización de fuerzas ideológicas, económicas y políticas” que, a su juicio, ha afectado la autonomía y la reputación de la institución.
En ese contexto, afirma haber optado por la prudencia y el silencio como forma de liderazgo, aun cuando ello implicó “enfrentar individualmente señalamientos y juzgamientos”. En relación con la inspección del Ministerio de Educación, el rector rechaza las afirmaciones sobre “nóminas paralelas, presupuestos falsos y manejos inadecuados de los recursos públicos”, y asegura que estas se difundieron “sin que se citen o registren con precisión las evidencias que soportan tales afirmaciones”.
Finalmente, explica que su renuncia no implica aceptar los señalamientos en su contra y califica la decisión de reemplazarlo como “ilegal, arbitraria e injusta”, al considerar que vulnera la autonomía universitaria y desconoce que la crisis financiera es “estructural y sistémica”. Este era uno de los escenarios que se estaban barajando en Antioquia hace unas semanas. La renuncia de Arboleda, que debe ser aceptada por el Consejo Superior Universitario, abre una discusión jurídica compleja y sensible. De acuerdo con el Estatuto General de la Universidad, cuando la falta del rector es definitiva, corresponde al presidente del CSU designar un rector encargado, función que actualmente ejerce el gobernador de Antioquia.
Este escenario deja a la institución más importante de Antioquia en una situación de incertidumbre y en medio de una pelea política, pues semanas atrás el Ministerio de Educación ordenó el relevo de Arboleda y designó en su reemplazo a Héctor Iván García García. Con la renuncia del rector, es previsible que el gobernador Andrés Julián Rendón opte por nombrar un rector encargado. De ocurrir así, la Universidad quedaría atrapada entre dos decisiones: un rector designado por el Ministerio y otro por la Gobernación, lo que parecer ser un reflejo del choque abierto entre el Gobierno nacional y el departamental por el alcance de la autonomía universitaria.
Hay posturas encontradas: mientras algunos sostienen que debe primar la medida de vigilancia especial impuesta por el Ministerio de Educación Nacional, otros argumentan que, en virtud de la autonomía universitaria, la decisión le corresponde al Consejo Superior Universitaria, como máxima instancia universitaria.
Puede ver: Los escenarios que le esperan a la U. de Antioquia, en medio de una pelea política
Paralelo a esto, se sabe que personas como el diputado antioqueño Luis Peláez presentaron acciones de nulidad contra las decisiones adoptadas por el Ministerio de Educación en relación con la inspección y su informe, que explicamos hace unos días en detalle acá. Esas demandas, que ahora empiezan a avanzar en los estrados judiciales, añaden otra capa de complejidad al escenario, pues podrían suspender o revertir las medidas mientras se resuelve de fondo el pulso jurídico.
Y de fondo, una crisis financiera que no da espera: la institución cerró 2025 con un pasivo acumulado de COP 134.556 millones en obligaciones de nómina, prestaciones y proveedores, y enfrenta para 2026 un déficit que, según la inspección del Ministerio de Educación, no sería de COP 63.367 millones, como sostiene la Universidad tras su plan de austeridad, sino de COP 197.923 millones.
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