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Aldous Huxley y las sociedades distópicas (Plumas transgresoras)

A través de sus escritos, el escritor británico modernista planteó que las sociedades modernas se devoraban a los individuos que las componían. El eje temático de toda su obra se centró en la exploración de la condición humana y el futuro de las sociedades.

Mónica Acebedo

25 de marzo de 2025 - 05:42 p. m.
Fue en 1932 que Aldous Huxley publicó el libro que lo incluyó en el canon de la literatura: “Un mundo feliz”.
Foto: AP
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Aldous Huxley fue, sin duda, una pluma transgresora que previó las nefastas consecuencias del totalitarismo, las guerras, la necesidad de los seres humanos de imponer su voluntad, rechazar la otredad y la ambición de poder que regía el comportamiento social, junto con el progreso y los riesgos de la ciencia. Afirmó el académico Eberhard Kreutzer: “Huxley nos advierte de los peligros que acechan a las sociedades industriales de masas y de concentración de poderes, pero nos advierte también sobre todo de la inconsciente aplicación de los conocimientos científicos” (Historia de la literatura, Akal, v. 6 p. 200).

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Aldous Huxley nació el 26 de julio de 1894 en Godalming, Inglaterra, en el seno de una familia de intelectuales. Su abuelo fue Thomas Henry Huxley, un biólogo famoso por defender las teorías de Darwin sobre la evolución. Quedó parcialmente ciego siendo muy joven, lo que no le impidió estudiar Literatura Inglesa en Oxford. Trabajó como crítico literario para la revista Athenaeum y como crítico de teatro para la revista Westminster Gazzette. Ya desde sus épocas de estudiante en Oxford empezó a publicar. Su primera colección de poemas, The burning Wheel (La rueda ardiente), apareció en 1916. Luego, en 1921 publicó su primera novela: Crome Yellow (Amarillo cromado), en la que satirizó la vida y vanidad de los intelectuales británicos. Vinieron luego Antic Hay (Danza de sátiros, 1923), Those Barren Leaves (publicada como Esas hojas caídas o Arte, amor y todo lo demás, 1925) y Point Counter Point (Contrapunto, 1928), entre muchas otras. Su vasta obra incluyó novelas, ensayos, poemas y obras de teatro. Casi todos sus escritos destacaron una aguda observación de la sociedad y la hipocresía del comportamiento social. En 1932 publicó su gran obra, que le aseguró un lugar en el canon universal: A Brave New World, traducida como Un mundo feliz. Luego, viajó a la India y se acercó a la literatura mística. Otros libros destacados fueron El tiempo debe detenerse (1944), inspirado en El libro tibetano de los muertos, y Mono y esencia (1948), que abordó las consecuencias de una guerra nuclear. En una etapa final se dedicó a explorar la psicodelia. Murió en Los Ángeles, California, el 22 de noviembre de 1963.

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Un mundo feliz fue una obra fundamental entre las distopías del siglo XX. Seguramente, afectado por los nefastos efectos de la Primera Guerra Mundial, presentó esta novela futurista sobre un mundo dominado por un gobierno totalitarista y autoritario que controló a la sociedad a partir de la tecnología. El autor inició su novela en Londres en un año contado a partir de Henry Ford (fundador de Ford Motor Company), con un grupo de estudiantes que recorrían los laboratorios en los cuales se reproducían de manera artificial todos los miembros de la sociedad. Los bebés se clonaban y nacían en los centros de acondicionamiento; se criaban de acuerdo con el papel que debían desarrollar y se educaban con la idea primordial de mantener la estabilidad y generar producción. La libertad sexual y el consumo de una droga específica que aseguraba la felicidad eran los pilares del esquema de gobierno que garantizaba esa sociedad progresista y estable. Por otro lado, existía una reserva en Nuevo México donde los miembros de la comunidad mantenían las prácticas de tener hijos, familia, el individuo y unos códigos éticos que equivalían a la barbarie.

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Los temas que satirizó y recalcó el autor a partir de una narración entretenida y dinámica fueron la tecnología como instrumento de control de la sociedad; la inexistencia del individuo, ya que todos servían a la sociedad y la sociedad era un todo; la sociedad de consumo y la necesidad de un sistema masivo de producción; la felicidad a partir del apetito sexual y las drogas, ya que los miembros de la comunidad vivían en un mundo perfecto; el tema político del riesgo de los gobiernos totalitaristas y la ciencia: “Todo descubrimiento de las ciencias puras es potencialmente subversivo; incluso hasta a la ciencia debemos tratar a veces como un enemigo. Sí, hasta a la ciencia”, escribió en su novela. Los personajes presentaban los clásicos problemas de la civilización contra la barbarie que expuso la literatura decimonónica de una manera moderna y adaptada a la problemática social del siglo XX. El diálogo con algunas de las obras de Shakespeare le sirvió a John (el personaje que proviene de “lo salvaje”) para comprender el mundo y sus pasiones.

Huxley fue un referente necesario para entender los problemas sociales del siglo XX. Fue un maestro en la distopía y sus obras se siguen estudiando y analizando desde diferentes perspectivas políticas, filosóficas y literarias. Alejandro Gaviria, por ejemplo, en su obra Otro fin del mundo es posible (Planeta, 2020) utilizó los escritos de Huxley (en especial los de los últimos años de su vida) para reflexionar sobre temas ambientales, tecnológicos, las trampas de los nacionalismos, la medicina, la política y muchos otros aspectos contemporáneos.

Por Mónica Acebedo

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