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Algunas pintoras cuyas obras fueron atribuidas a hombres y la historia detrás de cada caso

La historia del arte también ha sido escrita por mujeres, aunque, en ocasiones, sus obras han sido atribuidas erróneamente a hombres. Estas han sido algunas de ellas.

Andrea Jaramillo Caro

15 de abril de 2026 - 08:14 a. m.
"El triunfo de Baco" (de Michaelina Wautier), "Retrato de Felipe II" (de Sofonisba Anguissola), "Retrato de Charlotte du Val d'Ognes" (de Marie-Denise Villers) y "La pareja feliz" (de Judith Leyster), fueron obras hechas por mujeres atribuidas a hombres.
Foto: Wikimedia Commons
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La participación de las mujeres en el arte se ha dado durante siglos. Sin embargo, muchas de sus obras e incluso sus historias se han perdido en el tiempo. Durante años, las obras de algunas mujeres que vivieron y trabajaron al mismo tiempo que artistas considerados “maestros” han sido atribuidas a estos o, en ocasiones, se les ha dado el crédito del trabajo de ellas a sus esposos.

Históricamente, las mujeres fueron excluidas del estudio de la anatomía y, además, en muchos casos, las obras no fueron firmadas o tenían el nombre de sus esposos. Por estas y otras razones, sus piezas han sido atribuidas a hombres. Exploramos algunos casos en los que esto sucedió y, más adelante, los nombres de las credoras originales resurgieron.

Michaelina Wautier

"El triunfo de Baco" de Michaelina Wautier (1659).
Foto: Kunsthistorisches Museum, Vienna - Wikimedia Commons

La artista holandesa creó la obra “El triunfo de Baco” entre 1655 y 1659. La pieza perteneció al archiduque Leopoldo Guillermo de Austria y, a principios del siglo XX, el curador de pintura flamenca del Museo Kunsthistorisches declaró que era demasiado grande y ambiciosa para haber sido creada por una mujer.

En esta obra, Wautier representó la procesión del dios del vino con este en el centro rodeado de humanos y criaturas mitológicas. La pintura fue atribuida a su hermano, Charles Wautier, aunque en los registros de 1659 de la colección del archiduque se registró como creador a un “von N. Wautier”.

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Sin embargo, la artista tomó la decisión de autorretratarse en la pintura como parte de la procesión en el papel de una guerrera con parte de su pecho desnudo. Esta pintura fue definitivamente atribuida a la artista en 1967, cuando el curador Günther Heinz confirmó que se trataba de la misma técnica que las otras tres obras de Wautier que estaban en la colección del Museo Kunsthistorisches.

Durante siglos, varias de las obras de Wautier fueron atribuidas a otros artistas como Anthony van Dyck y, en 2020, continuaron apareciendo obras de su autoría que habían sido catalogadas como anónimas o con atribución a otro artista.

Sofonisba Anguissola

"Retrato de Felipe II" de Sofonisba Anguissola (1559).
Foto: Wikimedia Commons

La pintora italiana del Renacimiento impresionó a la corte del rey Felipe II y llegó a ser asesorada por Miguel Ángel. Su talento fue reconocido en vida y ha sido catalogada como la primera mujer artista profesional del Renacimiento, pues llegó a vivir de su oficio.

Fue invitada a la corte del rey español para fungir como la dama de compañía de la reina Isabel de Valois, aunque también fue su tutora en artes, y también como retratista no oficial de la corte. Este cargo lo ocupaba oficialmente el artista Alonso Sánchez Coello y algunas de las obras de Anguissola fueron durante siglos atribuidas a él. Debido a la posición de la artista en la corte, no podía ser la retratista oficial y, teniendo en cuenta que, además, un incendio en la corte destruyó gran parte de su obra, el nombre de Sofonisba Anguissola quedó enterrado durante tres siglos y sus pinturas y retratos reales quedaron marcados con el nombre del hombre que se cree que fue su asistente.

En 1565, Anguissola retrató al rey Felipe II y se creía que “una mano femenina” no habría podido ejecutar esa obra. No fue sino hasta 1910 que el cuadro volvió a ser atribuido a su creadora original. Algunas de sus pinturas también fueron atribuidas a Tiziano y Zurbarán.

Judith Leyster

"La pareja feliz" de Judith Leyster (1630).
Foto: Wikimedia Commons

Las obras de la pintora holandesa usualmente han sido atribuidas a Frans Hals, quien se cree que fue su tutor, o a su esposo Jan Miense Molenaer. Aunque la artista gozó de fama en vida, tras su muerte a los 50 años, en 1660, su nombre en sus obras fue intercambiado por el de los hombres de su círculo.

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Aunque tuvo una carrera prolífica al inicio y fue de las primeras mujeres en pertenecer al Gremio de San Lucas de Haarlem, tras su matrimonio su producción decayó.

De las 35 pinturas de su cuerpo de obra, la gran mayoría fueron atribuidas a Hals por su estilo similar; las que no llevaron el nombre de él o su esposo quedaron sin atribución durante décadas. Fue hasta el siglo XIX que el nombre de Judith Leyster volvió a resurgir.

La pintura “La pareja feliz” (1630) fue la que hizo que la identidad de esta artista fuera redescubierta. En 1893, hubo un conflicto entre dos comerciantes de arte ingleses alrededor de esta obra. Uno de ellos se lo compró al otro para un cliente, quien notó que había una firma que fue cubierta con la de Frans Hals. Sospechando fraude, el nuevo dueño de la pieza llevó el caso a la corte.

“El resultado de la investigación sacó a la luz mucho más de lo que nadie podría haber imaginado. El historiador de arte neerlandés Cornelis Hofstede de Groot testificó ante el tribunal como perito, confirmando de forma concluyente que la firma encontrada en La feliz pareja no pertenecía a Frans Hals, sino a una pintora neerlandesa llamada Judith Leyster”, reportó Daily Art Magazine. Este descubrimiento llevó a que se hallaran siete obras más de la artista.

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Por esta razón se sospecha que, para cubrir la firma de Leyster, los comerciantes que obtenían sus piezas debían cubrir manualmente la firma de la artista y reemplazarla por la de Hals. Esto, según la revista, evolucionó de una confusión genuina a una acción que pudo ser malintencionada.

Marie-Denise Villers

"Retrato de Charlotte du Val d'Ognes" de Marie-Denise Villers (1801).
Foto: Wikimedia Commons

Esta pintora francesa, especialista en el neoclasicismo y los retratos, fue alumna de Jacques-Louis David. Tanto ella como sus hermanas se entrenaron para dominar el arte del retrato. Cuando contrajo matrimonio en 1794, su esposo continuó apoyándola en su carrera artística, cosa que rara vez sucedía en la sociedad del momento.

Exhibió por primera vez en el Salón de París en 1799. Su obra más conocida, “Retrato de Charlotte du Val d’Ognes”, fue creada en 1801. Sin embargo, esta pintura también ha sido su pieza más polémica, pues ha sido atribuida a múltiples artistas y nombrada de diferentes maneras a lo largo de la historia.

Al principio, la obra estuvo en la casa de la familia Val d’Ognes durante generaciones, donde fue atribuida a Jacques-Louis David. “La atribución errónea probablemente ocurrió después de que la familia Du Val d’Ognes adquiriera el retrato. Se desconoce si fue intencional. Quizás la familia quería presumir de poseer una obra del famoso artista. O tal vez fue la suposición de alguien que había estudiado a David lo suficiente como para notar las similitudes, pero no las diferencias”, reportó Daily Art Magazine.

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El misterio continuó sin ser resuelto hasta que el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York adquirió la pintura en 1917. Para 1951, el curador Charles Stirling arrojó la teoría de que la obra no podía ser de David, ya que fue exhibida por primera vez en 1801 en el Salón de París, evento que el artista boicoteó ese año. Además, afirmó que la obra pudo haber sido creada por una mujer. Esta hipótesis fue confirmada en 1995 por Margaret Oppenheimer, quien investigó registros de los estudiantes de David y determinó a Villers como la verdadera creadora de la pieza.

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Por Andrea Jaramillo Caro

Periodista y gestora editorial de la Pontificia Universidad Javeriana, con énfasis en temas de artes visuales e historia del arte. Se vinculó como practicante en septiembre de 2021 y en enero de 2022 fue contratada como periodista de la sección de Cultura.@Andreajc1406ajaramillo@elespectador.com
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